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Barclays cierra su oficina en la Argentina
El Barclays abrió su oficina en Buenos Aires en 2006. Antes prácticamente no se le conocieron operaciones directas, salvo alguna aproximación en mayo y junio de 2002 (en plena poscrisis), ante el Banco Galicia sobre una posible compra o sociedad. Las negociaciones resultaron luego fallidas. Comenzó en 2006 a operar en una oficina en Leandro N. Alem 855, piso 8, en el edificio Alem Plaza. Su mercado siempre fueron personas físicas de alto nivel de ahorro para administración de carteras de inversión.
La principal vinculación con el Gobierno argentino vino en 2009, cuando junto con el Citibank y el Deustche Bank fue elegido como el coordinador global de la reapertura de las negociaciones para regularizar la deuda en default. El Barclays incluso fue una de las entidades que le llevó el plan de reestructuración al Ministerio de Economía, asegurando que contaba con un largo listado de tenedores de bonos argentinos aún en default dispuestos a aceptar la oferta de reapertura. Desde el Palacio de Hacienda se avaló la operación y la participación del banco inglés. Luego un dato aparecido en la prensa inglesa complicó la relación. El Barclays participaba desde un año antes de la sociedad formada para crear la empresa Desiree Petroleum, con el objetivo de explorar petróleo en las islas Malvinas. El banco forma parte con el 4,48% de la compañía. Aún mantiene ese status. Entonces se decidió mantener al Barclays como uno de los tres coordinadores de la reestructuración de deuda, ya que tenía una larga cartera de bonistas dispuestos a ingresar al llamado y no era momento de alterar la operación. Una vez realizada, el Barclays siempre estuvo en la mira del Gobierno. En uno de los últimos informes a sus clientes, de septiembre de 2011, Barclays que existían «razones fundamentales» detrás de las medidas sobre el mercado de divisas, donde «la presión política para retrasar la depreciación de la moneda estaría generando una creciente demanda por dólares». Anticipaba que si luego de las elecciones, subiera la demanda de dólares podrían introducirse «medidas administrativas» para frenar la salida de capitales. La entidad pronosticaba un valor del dólar de 5,5 pesos para fines de 2012. Para 2011, estimó una inflación del 23,5%. Tampoco cayó bien en la entidad la sanción de la nueva ley de control al lavado de dinero que el Congreso sancionó en diciembre. Los artículos donde la Unidad de Información Financiera (UIF) a cargo de José Sbatella tiene permitido exigir información de los clientes de las entidades que manejan banca privada ante la posibilidad de «operaciones sospechosas», habría sido finalmente, junto con la mala relación con el Gobierno, lo que también decidió al Barclays a poner punto final con sus operaciones en Buenos Aires.


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