| El mito Alfonsina Storni (la que peleó por los derechos de la mujer en una sociedad machista y pacata; la desafiante madre soltera; la desdichada en amores; la loba melancólica que vencida por la enfermedad se entregó al mar rodeada de "sirenitas" y "caballos marinos", como dice la canción) ha contribuido a que su valiosa obra poética sea sólo frecuentada por los habitués del género. |
Afortunadamente, este espectáculo de Mariano Moro (también autor del encantador retrato de Lope de Vega, "Quien lo probó lo sabe") viene a saldar esa injusta omisión con un original enfoque sobre la obra de esta excepcional autora que amalgamó vida y poesía como caras de la misma moneda.
"Alfonsina y los hombres" bien podría haberse titulado "Divagaciones de Alfonsina", ya que este entretejido de poemas por el que circulan experiencias, emociones y pensamientos no se limita a exponer su conflictiva relación con los hombres (su gran debilidad).
Alfonsina plasmó otros poemas -además de "Tú me quieres blanca" y "Hombre pequeñito"-; quizás menos conocidos, pero que aún hoy suenan como látigos o se internan en preocupaciones metafísicas mucho más complejas y universales que sus mentadas desventuras de mujer (sin olvidar, claro está, su gran compenetración con la naturaleza).
Algunas breves y sutiles anécdotas de infancia y juventud que ella misma narró, ilustran varios hitos de su vida. La obra concluye con su muerte, anticipada en el conmovedor poema "Voy a dormir". Tal vez este final resulte demasiado contundente en una obra más sensorial que narrativa y con una estructura tan abierta que prescinde de toda progresión dramática. No obstante, el espectador dispuesto se perderá gustoso en el mundo subjetivo de la autora. Le será muy difícil sustraerse a la gracia y al embrujo de Victoria Moréteau. Sus grandes dotes de actriz, cantante y bailarina convierten a esta especie de ritual poético en una experiencia inigualable. Encarna cada poema como si naciera de ella y su actuación marca la diferencia entre el recuerdo de una "poetisa" (como se decía antes) reducida al mármol y la voz revivida de una poeta absoluta.


Dejá tu comentario