8 de enero 2013 - 00:00

Bellas Artes refundado con cambios en todas sus áreas

Además de la renovación arquitectónica del Museo, también las obras lucen de otro modo; esta pintura de Del Prete, puesta a la par de un Picasso, adquiere otro sentido que cuando estaba encapsulada en el sector dedicado al arte argentino.
Además de la renovación arquitectónica del Museo, también las obras lucen de otro modo; esta pintura de Del Prete, puesta a la par de un Picasso, adquiere otro sentido que cuando estaba encapsulada en el sector dedicado al arte argentino.
En la escena del arte argentino los museos acaparan toda la atención, fenómeno que se acentuó el año pasado y que, por los más variados motivos, cobrará sin duda mayor relevancia en el transcurso de 2013. El Museo Nacional de Bellas Artes, después de atravesar períodos de franca decadencia, pasó a desempeñar un papel estelar, recupera así el predominio que nunca debió resignar. La significativa renovación comenzó con las remodelaciones de las salas de la planta baja, el Pabellón de Exhibiciones Temporarias y el nuevo salón de relax. Reformas a las que se sumaron a los nuevos guiones y diseños de montaje, la vivacidad del color en las paredes y los largos corredores despejados que agradece la mirada.

Luego, la renovación de la arquitectura no sólo ayudó a conquistar patrocinantes, sino que atrajo además aun arte de excelencia. Así llegó una pintura de El Greco, «San Juan Evangelista» y, entre otras grandes muestras, la del genio de Caravaggio que acaba de partir. Por su parte, la colección del MNBA se incrementó con varias adquisiciones. Al finalizar el año 2012 la institución compró «La siesta» de Antonio Berni, una pintura con «calidad museo», al igual que «El obrero encadenado» y «Cristo en el departamento», dos obras donadas por Lily, hija del artista. Los legados se incrementaron el último año con la valiosa Colección de Fotografías del Rabobank y la serie «Estampas, Independencia y Revolución», donada por el gobierno de México. Entretanto, parte del patrimonio del MNBA sale a la luz luego de permanecer oculto, como los dibujos de «Papeles modernos. De Toulouse Lautrec a Picasso», muestra que se inauguró ayer curada por Ángel Navarro.

Finalmente, faltan apenas unos días para poder apreciar la reforma de la extensa superficie del primer piso, los más de 2.300 metros recién restaurados. Allí, los expertos trabajan en el montaje de las colecciones del siglo XX.

La apariencia de los espacios es otra y, las obras lucen también de otro modo. Una pintura de Del Prete, el primer artista argentino que tuvo la abstracción, está colgada junto a una pintura de Picasso. La obra de Del Prete, puesta a la par de la vanguardia internacional, adquiere un sentido diferente al que tenía cuando estaba encapsulada en el sector dedicado al arte de la Argentina.

El criterio de exhibición y montaje es otro, sustancialmente distinto del que hasta ahora estuvo vigente. Hoy, el arte argentino pasó a integrar la narrativa del arte moderno internacional con resultados sorprendentes. La pintura de Del Prete, más que sostenerse junto a la de Picasso, rivaliza con ella.

Hace ya cinco años, cuando asumió el cargo de director del MNBA, Guillermo Alonso, formuló ante este diario el deseo que ahora se concreta: presentar la colección de arte argentino junto a la internacional, para que «el Museo no ofrezca una clase de geografía, sino de arte». Con el fin de llevar adelante esta estrategia y el proyecto de investigación de los catálogos ya publicados, convocó al historiador del arte Roberto Amigo.

Contexto

El flamante contexto del primer piso ejerce su influencia a la hora de apreciar las obras. El espacio que alberga el arte, el modo en que se lo presenta ante el público, las lecturas posibles de los recorridos, además de las afinidades, diferencias o paralelismos que se establecen entre las obras, determinan en gran medida su comprensión y valoración.

Desde su origen, en el siglo XVIII cuando las puertas del palacio del Louvre se abrieron al público y el esplendor de las colecciones reales se exhibió ante el mundo, los museos, atesoraban botines gloriosos, como los Napoleónicos. Y las piezas se acumulaban sin límite. Hasta que llegaron los especialistas y catalogaron las posesiones según su territorio de origen, su técnica o escuela particular, entre otras cualidades.

Con el paso del tiempo, los museos sacudieron el polvo de sus vejeces y, más allá de resguardar sus tesoros, se convirtieron en lugares de culto que cuentan historias y aspiran a deparar experiencias transformadoras. Es decir, la mayor ambición de los museos es que sus visitantes no sean las mismas personas que eran cuando ingresaron, que sean otros al salir, diferentes. El arte es un aguijón punzante, toca la sensibilidad y moviliza las ideas. Este es el verdadero poder de los museos; poder que se acrecienta porque allí suelen dictarse las normas y se escribe la historia y, sobre todo, porque convalidan con su prestigio la gloria de los artistas y las posiciones en el mercado.

Heroína

En una sala cercana a la que domina una figura yacente de bronce de Henry Moore, se divisan las formas rotundas de un cuerpo femenino, moreno y desnudo. Es «La Venus criolla» pintada en 1934 por Emilio Centurión, un icono de nuestra tierra que en este contexto ostenta el carácter de una heroína. Una vista del Río, «La vuelta de Rocha» del artistas de La Boca, Victor Cúnsolo, comparte con las pinturas de Carrá, Sironi, De Chirico, una misma pared, pero más que nada, también comparte la misma quietud metafísica. Los teóricos italianos expertos en la materia se negaron a percibir estas afinidades, la filiación que a partir de ahora tendrán ante sus ojos. Ésta y otras historias que se encuentran replegadas dentro de cada obra, son las que el nuevo relato del MNBA ha decidido poner en evidencia, gracias a la riqueza de sus colecciones.

La gestión de Guillermo Alonso, funcionario que ganó el cargo a través de un concurso, acaba de terminar. Hace cinco años, cuando llegó, lo primero que hizo fue preguntar: «Teniendo en cuenta que la colección del museo vale 100 millones de dólares [la cifra es aproximada], y hoy sería imposible reunirla, ¿no puede la Argentina construir un edificio de 30 millones para albergarla?». De este modo, Alonso llevó adelante cuatro intensas reformas edilicias, sin cerrar el Museo.

Por otra parte, resolvió cuestiones judiciales de larga data, con las colecciones Girondo y Guerrico (alrededor de 630 piezas que hoy se exhiben, estaban en riesgo de perderse). Y vale la pena subrayar que pocas veces hubo una afinidad de intereses tan firme como la actual, entre los miembros de de la Asociación Amigos del Arte y el director.

Berni tendrá su sala propia. Todos están de acuerdo, las compras de sus pinturas contemplaban ese objetivo. «Por primera vez en su historia el Museo tiene un presupuesto propio, y 6 millones, o sea un poco más del 40% del total, se destinó a comprar obras de arte. Porque un museo de colecciones lo que nunca puede hacer, es parar de coleccionar», observa el director.

Al culminar la entrevista añade un dato a tener en cuenta: «El patrimonio del estado se debe ofrecer a la sociedad, para que lo vea y lo consuma. Los bienes públicos no tienen que estar guardados por años».

Las colecciones hay que mostrarlas, nadie lo duda, es una obligación de los museos que, cuando no se cumple, puede acarrear consecuencias desastrosas para los artistas que caen en el olvido. Y no hace falta ir muy lejos para constatarlo.

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