Ayer advertíamos que si la suba que experimentó el mercado (el martes) era una apuesta en favor de las decisiones de Ben Bernanke y su gente, lo mejor era no confiarse demasiado. Para resumir los hechos: el presidente de la Reserva Federal anunció que la entidad podría reducir el actual nivel de estímulos este mismo año (y eliminarlos a principios de 2014) si la economía continúa mejorando. En realidad, no dijo nada nuevo; esto es algo que "todo el mundo" sabe y que incluso está puesto por escrito; el problema es que sin ninguna necesidad imperativa lo dijo con el afán de enviar una señal al mercado. La semana pasada comentábamos que el actual plan de estímulos de la Fed (QE3) no sólo no está dando los resultados esperados, sino que parece estar actuando en un sentido opuesto al deseado, recalentando el precio de distintos activos financieros e incrementado el costo del dinero, mientras (el dinero) continúa sin llegar a las manos del gran público. Es obvio entonces que alguna corrección es necesaria; ahora, si las palabras de Bernanke son el camino correcto o no es otra cuestión. Por lo pronto, el 1,35% que perdió ayer el promedio industrial al cerrar en 15.112,19 puntos y la suba de la tasa de los treasuries de 10 años al 2,31% sugieren que tal vez no sea el mejor. Enturbiando este panorama tuvimos algunas horas atrás la declaración del presidente Obama diciendo que Bernanke ha estado en su puesto más tiempo del pretendido, convirtiéndolo de un solo tiro en un "pato rengo" de aquí hasta que termine su período al frente de la Reserva (la historia lo recordará como alguien que no logró que la economía de los EE.UU. crezca a más del 3% anual). Janet Yellen celebra y Larry Summers rema, apostando a ser su sucesor.
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