22 de febrero 2010 - 00:00

Berlín: premio turco y ceremonia apagada

Berlín - El jurado internacional presidido por Werner Herzog dio a conocer el sábado los premios de la 60° edición de la Berlinale en una ceremonia que quiso ser vistosa y terminó siendo breve y sobria. Los inconvenientes técnicos tuvieron ribetes cómicos, como por ejemplo la voz de un técnico -test . test . test! - reemplazó la de Renée Zellwegger, miembro del jurado, al presentar uno de los premios. Y brilló por su ausencia la música triunfal para homenajear a los premiados, especialmente cuando se los llamó al escenario para una foto de conjunto; el operativo se desarrolló en perfecto silencio. La medida de espectáculos como este la dan los Oscar y, comparados con la ceremonia hollywoodense, la berlinesa parecía planeada por aburridos burócratas de Alemania oriental. La perfecta organización del festival compensa, por supuesto, este broche de oro poco lucido.

En cuanto a los premios, el jurado repartió distinciones a casi todas las nacionalidades presentes en la competencia oficial, demostrando eclecticismo e interés por obras de cineastas nuevos. Si el año pasado Latinomérica fue el David que venció a los Goliat a base de ingenio, limitados recursos económicos y temática local de resonancia universal, esta vez hubo más expansion geográfica. La única presencia hispana, en ambas orillas del Atlántico, fue «Rompecabezas», opera prima de la argentina Natalia Smirnoff, una suerte de «La mujer sin cabeza» minimalista que anuncia la llegada de una figura prometedora.

El Oso de Oro al mejor largometraje recayó en la coproducción turco-alemana «La miel» («Bal»), de Semith Kaplanoglu, un absorbente drama rural sobre la vida y la muerte finamente observadas por un chico de seis años. Es el tipo de cine practicado por Bresson y Tarkovski y más cercanamente por Sokurov, y un buen ejemplo de lo que hace muchos años el norteamericano Paul Schrader describió como «cine transcendente».

Roman Polanski recibió el Oso de Plata a la mejor dirección por el thriller politico «The Ghost Writer» -un espaldarazo al realizador; a los europeos es gusta reafirmar que la vida y el arte van por cauces separados. Los actores de «How I Ended This Summer» («Cómo terminé el verano») compartieron el premio a la mejor actuación por un drama ruso ambientado en una estación meteorológica del ártico, que también puede ser descripto como «cine trascendente». Son los únicos dos personajes de una obra con poca acción externa pero de gran riqueza psicológica. La estepa desolada es el tercer personaje, catalizador del drama, y la manera de captar el paisaje humano y geográfico le valió al director de fotografía un Oso de Plata por excelencia artística.

La actriz japonesa Shinobu Terajima recibió el premio a la interpretación femenina, como una mujer cuya relación con el marido se transforma cuando éste vuelve de la guerra hecho un monstruo fisico y espiritual, en el largometraje antibélico «Caterpillar» (Oruga). El drama costumbrista chino «Apart Together» (Separados y juntos) fue distinguido con el Oso de Plata al mejor guión, una metáfora sobre las difíciles relaciones entre la República Popular China y Taiwan, reflejada en tres personajes en el ocaso de la vida. Es una película dulce e intimista que trata un tema politico ríspido.

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