En realidad, ayer la cuestión no fue tanto si la rueda terminaba del lado ganador o el perdedor, sino de qué lado de la línea de los 10 k lo hacía. Los últimos minutos tuvieron entonces un grado de emoción que no había tenido el resto de la jornada. De hecho, quince minutos antes del cierre, con el Dow en 10.028 puntos, parecía que lo que había sido una baja del 0,91% tan sólo tres cuartos de hora antes, tenía chance de terminar incluso del lado ganador. Pero, los ansiados inversores alcistas -las subas/bajas las generan de manera mancomunada los compradores y los vendedores al cambiar sus expectativas, no sólo los compradores/vendedores- que hubieran hecho falta para alimentar este movimiento no aparecieron (el volumen final en el NYSE fue menor al del miércoles: 1.044 millones de papeles). De repente fue como si alguien hubiera retirado el piso y se disparó una ola bajista que dejó al Dow retrocediendo el 0,74% en 9.985,81 puntos (por primera vez desde el 6 de julio quiebra los 10k), lo que reduce bastante la chance que la semana termine ganadora (la baja acumulada es del 2,23%). Lo que no mencionamos en nuestro relato es que el Dow arrancó la jornada del lado ganador y poco antes de las once de la mañana trepaba más del 0,44% impulsado por el casi 2% que ganaban los bancos, porque esto tuvo más que ver con lo que pasó en el resto del mercado financiero (los commodities treparon un 0,9%, el oro retrocedió el 0,2%, el dólar cedió un 0,5%, y la tasa bajó al 2,449%) que con lo ocurrido a lo largo del resto de la rueda accionaria. En un par de horas, ya conocido lo que apunta a ser un anémico crecimiento del PBI en el segundo trimestre, Ben Bernanke posiblemente tratará de inyectar algo de optimismo en la economía y en los mercados.
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