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Bertani: economía de medios, pluralidad de significados
Uno de los «Enlapizados» de la muestra de Ernesto Bertani, 19 obras, en las que el artista pone el acento no tanto en los casimires sobre los que pinta, como es habitual, sino en su otro elemento de trabajo: el lápiz.
En las obras de Bertani (1949) se confunden los dibujos y las pinturas por una retórica y una temática distintivas más que por un problema de distribución espacial: la expresión de lo surreal, una especie d confesada urdimbre de técnicas que se enfrentan a categorizaciones y clasificaciones.
En un mismo espacio escénico, sus dibujos de prostitutas, de parejas feas, marcan el sentido de lo decadente a través de su imaginería social, que responde sin duda al estado real de nuestra sociedad. Son imágenes que sirven al artista para señalar la descomposición de su medio. Se acerca a un camino poco explorado: la tela, pero esta vez no sólo como la que sirve como infraestructura a la actividad plástica , enmarcada o extendida en bastidores, sino que la tela figurada de la ropa de sus personajes, es la que oficia de protagonista.
Según cuenta el propio Bertani, un día se quedó sin dinero para comprar nuevas telas y tuvo que ingeniárselas con lo que tenía a su disposición para poder seguir pintando. Comenta que vestía un gastado pantalón cuadriculado de estilo casimir, que utilizó para realizar un bastidor. Desde entonces los casimires y otras diversas telas son el motivo que se reitera constantemente en sus obras y aportan un papel fundamental a la originalidad de sus trabajos.
De allí que pinte prolijamente sobre el casimir, solapas que sugieren caras, solapas de saco en relación con perspectivas interiores de habitaciones. Sus símbolos nos llevan a los chicos, son ellos los que habitualmente dirigen la mirada aún no culturalizada a los sitios vedados. Pero Bertani suma a sus creaciones su propia mirada infantil, es decir se pone a la altura física de un niño que hubiese hecho un dibujo accesible a su altura.
Con técnicas hiperrealistas, sus telas y dibujos reconocen, sin embargo, la huella de lo surreal. Sus pinturas, con aerógrafo sobre tela, de pliegues y sombras, señalan una refinada concepción de lo visual y una retórica especial, correspondiente a un realismo redimensionante. El efecto de esta pintura, de una gran economía de medios, contrasta con la pluralidad de significados que se desprenden de ella, especialmente los referidos a la soledad y a la muchedumbre, la presencia y la ausencia, el mundo real y el irreal, el amor y el sexo.
Temas sobre los cuales volverá en su amplia muestra de 1992, cuyas telas ahondan con singular minuciosidad en los mares de la vida cotidiana, a través de una personalísima revisión de hábitos, seres y objetos, como en «Familia tipo», «El Galán», «Camas separadas», y «El Jefe». Una vez más, el modo hiperrealista adoptado por Bertani, es desbaratado - como ya señaláramos- por la intrusión de lo surreal. El caso más directo es el de «Miradas», que presenta un sofá común entre cuyos dos brazos, como si formasen parte del mullido tapizado del mueble, se extienden el torso y las piernas de una mujer desnuda. Encima del sofá hay un cuadro del que sólo observamos la parte inferior: son rostros masculinos que contemplan al sofá-mujer, según lo indica el título.
Pero además de esta «tela», existe otro elemento importante en esta combinatoria de infraestructuras y temas, es el instrumento del cual se vale, y es el lápiz. Concebido como herramienta de trabajo y, al mismo tiempo, como símbolo fálico. Los lápices sobreimpresos en las telas, aluden a la actividad misma del dibujo y a la del sastre, constituyéndose en un sistema complejo y completo que une, si se quiere, dos posturas simultáneas: lo hiperreal y lo surreal. El hecho de tomar como tema el propio instrumento de trabajo, lleva a que el lápiz sea correlativo de las telas reales de casimir, en lugar de las telas convencionales sobre las cuales normalmente se pinta. Esto es, y al mismo tiempo significa.
Si, por un lado, Bertani exalta su instrumento de trabajo en la medida en que con él actúa sobre el papel, por otro lado, al plantear lo que desprecia o desvaloriza, pone de relieve lo pasivo y no el instrumento de acción: es decir el material sobre el cual pinta: la tela. Pero esto es otro par de oposiciones complementarias, que atañen a la estructura profunda de su mensaje. La decadencia, simbolizada a través de múltiples frmas juega paralelamente: el casimir, representando el atuendo masculino, con dobleces, pliegues, y recovecos, indica lo intrincado y lo indirecto de la expresión.
Dentro de esta muestra, en la selección de obras más recientes, Bertani pone el foco no tanto en los casimires sino en la serie los lápices. Con su cuadro «Minas de colores» del 2011, que es una técnica mixta sobre madera, o el corazón flechado que consiste en acrílico, resina y madera, también del 2011, donde tres lápices de color amarillo, rojo y azul penetran y traspasan un corazón gris y lúgubre.
Hemos hablado, a propósito de Bertani, de realidad redimensionante: la suya es una dimensión propia y autónoma, que enhebra sueño y vigila, deseo y verdad, en testimonio de sutil capacidad pictórica.


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