Pablo Saraví y Hernán Briático brillaron como solistas en conciertos de Vivaldi y de Malcolm Arnold bien acompañados por sus compañeros de la Filarmónica y bajo la segura batuta del danés Van de Velde.
Orquesta Filarmónica de Buenos Aires. Dir.: B. Van de Velde. Sol.: P. Saraví y H. Briático (violines). Obras de Haydn, Vivaldi, M. Arnold y Mendelssohn-Bartholdy. (Teatro Coliseo).
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Para el quinto concierto del ciclo anual de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires que viene desarrollando su temporada en el Coliseo se convocó al maestro belga Bartholomeus-Henri Van de Velde.
Van de Velde es un buen conductor y lo demostró en la parte central del programa, cuando los filarmónicos acompañaron a dos de ellos, que actuaban como solistas, en dos obras que requieren dos violines: el Concierto en La menor, Op. 3, de «L'Estro Armonico», de Antonio Vivaldi y el Concierto Op. 77, del inglés Malcolm Arnold (1921-2006). Pablo Saraví y Hernán Briático realizaron una labor estupenda en ambos conciertos. Los dos instrumentistas mostraron amplio virtuosismo y calidez y, también, que se entienden a la perfección, seguramente como consecuencia de muchos años de trabajo juntos en la Camerata Bariloche, donde cultivan este refinado repertorio y, por supuesto, en la Filarmónica ocupando puestos de concertino adjunto (Saraví) y solista guía de segundos violines (Briático). La Orquesta acompañó muy bien a sus compañeros con la dirección atenta de Van de Velde.
El director había comenzado la noche con una lectura aceptable de la Sinfonía N° 73, en Re Mayor, «La caza» de Haydn (tres veces subió al podio para iniciar su ejecución, porque cada vez que levantaba la batuta sonaba un teléfono celular, pese a que un locutor pidió desactivarlos), y una buena versión de la Sinfonía N° 2, en Si bemol mayor, Op. 52 «Canto de Alabanza» de Félix Mendelssohn-Bartholdy, en la que se extrañaron las partes vocales que le dan el verdadero sentido religioso y filosófico de «Lobgesang», relacionada con la prédica de Martín Lutero.
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