8 de septiembre 2011 - 00:00

Binner advierte que con la soja sola no alcanza

«El 22 de setiembre lanzaré el plan de Gobierno del Frente Amplio Progresista (FAP) en el teatro Gran Rex; mi compromiso es seguir trabajando, necesitamos un desarrollo estratégico de mediano y largo plazo, más allá de los resultados de una elección». «Veo que aquí hay muchos jóvenes; es a ellos a quienes les debemos una sociedad, un país mejor, y se llega a eso con constancia, buscando consensos como lo hicimos en Santa Fe». Así arrancó el gobernador Hermes Binner, candidato a presidente del FAP, su presentación ante empresarios de las Cámaras de Comercio de los Estados Unidos, de Canadá y de Gran Bretaña.

La cita fue al mediodía de ayer en el Club Americano; unos 200 comensales escucharon el entusiasmado mensaje de quien dice se convertirá en la segunda fuerza del país. Lo rodearon en la mesa central, la embajadora de Canadá, Gwyneth Kutz; el presidente del Club Americano, José Irigoyen; el presidente de la fundación Diálogo Argentino Americano, Luis Ruvira, y los directivos de las tres cámaras anglosajonas. Lo acompañaron su segunda en la fórmula, Norma Morandini; el ministro de Producción de Santa Fe, Juan José Bertero; la diputada Alicia Ciciliani y el diputado Claudio Lozano junto a un plantel de técnicos y asesores. Se notó la ausencia de la candidata a gobernadora de Buenos Aires, Margarita Stolbizer.

Binner habló entre el primer plato, fiambres con ensalada verde, y el segundo, pollo al champignon con papas noisettes; las preguntas vinieron con el postre, helado con salsa de frambuesas y brownie.

Cuestionó las voces del Gobierno nacional acerca de que el país está «blindado» frente a la actual crisis internacional y reiteró que la inflación es un «problema muy serio» en la Argentina. «Si hay algo que no podemos asegurar es que no tenga ninguna implicancia en el país lo que está pasando en Europa y en Estados Unidos», subrayó, para agregar: «Hay que densificar y modernizar el aparato productivo y hay que superar falsos dilemas como mercado interno y externo, campo e industria».

El gobernador pidió correcciones en diversas políticas, al advertir que el crecimiento logrado por el alto precio de la soja es un factor «muy endeble como propuesta económica a largo plazo».

En el área seguridad trajo a colación el caso Candela para reclamar interrelación entre las fuerzas de seguridad y la imperiosa necesidad de armar un «mapa del delito para conocer dónde se cometen los ilícitos y responder con la celeridad de las circunstancias para que no vuelva a suceder un desgraciado episodio como el de Candela». Lo del mapa del delito recordó a más de uno otro expositor que ya había mencionado ese plan en otro almuerzo del Club, Francisco de Narváez, quien quedó en la vereda de enfrente por la puja entre el candidato socialista y Ricardo Alfonsín.

Dio briznas de su pensamiento cuando se le pidió definiciones, entre ellas dijo que «la producción primaria tiene que ser la base para la industrialización en los próximos años, tal como lo hicimos en Santa Fe». «De lo contrario, seguiremos con una migración de personas a Buenos Aires, porque son expulsados de sus provincias y van a ubicarse a las villas o en el mejor de los casos al conurbano como La Matanza».

En la rueda de preguntas ocurrió un blooper de esos que comprometen la suerte del expositor, sino del candidato en un electorado exigente como el convocado al almuerzo. ¿Qué hará para contener la inflación? Un minuto y nadie respondía. La presentadora, entonces, cedió el micrófono a Morandini, quien ensayó una respuesta desde la política. Murmullos de los presentes hasta que se dijo -es una pregunta para Lozano- pero resultó que el diputado y economista se había retirado casi al mismo tiempo de la formulación de aquella pregunta incómoda. Binner se animó con un «lo que haría es financiar la demanda. No, no, la oferta, creo que es así». Un piadoso de la mesa central le sopló el término correcto y el candidato socialista trató de salir del calvario con otra ocurrencia, «ahí lo veo a Daniel Marx, que me puede dar una mano». El aplauso cerró una situación que a esa altura ya era incómoda a todos.

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