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Binner, del 4° lugar a jefe de la oposición
• Próximo paso: senador 2013.
• Avance bonaerense
Hermes Binner votó en Rosario y se trasladó al búnker FAP, ubicado en un hotel cerca del Congreso. Fue el candidato que más creció desde las primarias.
Pero tal vez el golpe más significativo de Binner se haya registrado en la provincia de Buenos Aires, donde su lista de senadores nacionales se impuso a candidatos con apellidos ilustres como Duhalde (Hilda Chiche) y Scioli (José «Pepe»). El exintendente radical de Bahía Blanca, Jaime Linares (GEN), desarmó la competencia del peronismo alternativo en Buenos Aires y entró como el tercer senador por la minoría detrás de los kirchneristas Aníbal Fernández y María Laura Leguizamón. Desplazó así de su banca a la esposa de Eduardo Duhalde y frustró los planes del hermano del gobernador Daniel Scioli, postulante por la alfonsinista Unión para el Desarrollo Social. La llegada de Linares instala como leading case en el Frente Amplio Progresista de Binner el acuerdo entre el GEN de Margarita Stolbizer y la disidencia UCR encabezada por la radical Sandra Rioboó, que resistió al acuerdo con Francisco de Narváez.
El surgimiento de Binner en el escenario nacional refleja, como fue el fenómeno de Mauricio Macri a principios de este siglo, una demanda de renovación en el staff político de la Argentina. Al igual que el jefe del PRO, Binner optó por evitar el choque directo con sus competidores opositores y también con Cristina de Kirchner. A diferencia de Alfonsín y Duhalde, el gobernador socialista no se focalizó luego de las primarias en el nicho del 50 por ciento de votos anti-K registrados en agosto pasado. Se mantuvo como un híbrido político, un candidato andrógino que hizo equilibrio al defender políticas del kirchnerismo y centrar sus críticas en la inflación y la falta de institucionalidad.
Después de agosto, Binner entendió que el 50 por ciento que no votó a Cristina de Kirchner representaba una porción del electorado que no cambiaría el sentido de su sufragio para apoyarla en octubre. Por lo tanto, su energía de campaña apuntó también a capturar un nicho de votos progresistas de kirchneristas vergonzantes donde el FAP aparece como el único conglomerado capaz de absorber a ese segmento de electores identificados con los logros del Gobierno.
Bastan dos datos para reflejar la empatía de electores cristinistas y binneristas: el bloque socialista apoyó en el Congreso iniciativas del kirchnerismo como la estatización de las AFJP y de Aerolíneas Argentinas, Asignación Universal por Hijo, ley de matrimonio homosexual y hasta la nueva ley de radiodifusión. Todas banderas de campaña de la Presidente reelecta. Y ayer en la Capital Federal se disparó el corte de boleta entre Binner y la lista de candidatos a diputados del PRO encabezada por Federico Pinedo. El votante porteño adherente a los oficialismos se inclinó por la propuesta legislativa del PRO y optó por el dialoguista propositivo Binner como el mal menor detrás de Cristina de Kirchner.
El candidato presidencial del FAP le quita así el cetro de opositor más votado a Elisa Carrió, quien había cosechado el segundo lugar en 2007 luego de integrar fórmula con el senador socialista Rubén Giustiniani, derrotado rival de Binner en la interna del PS. Este médico anestesista se mantuvo al margen de los experimentos opositores luego de las primarias. Mientras Alberto Rodríguez Saá se abrazó a Francisco de Narváez, candidato a gobernador bonaerense del alfonsinismo, y el alfonsinismo se escondió de su líder durante la campaña, Binner se mantuvo junto a su núcleo duro progresista encabezado por el GEN de Stolbizer y la CTA disidente de Víctor de Gennaro. Una orgía opositora que, como toda orgía, tuvo un final sórdido, con Alfonsín y Duhalde fuera de cuadro para 2015.
Ayer, la marea electoral arrastró más del 70 por ciento de los votos hasta orillas progresistas. El desafío de Binner será mantener esa apetencia en las urnas y, de cara a 2015, superar los desafíos que representan otras figuras emergentes como Macri y Daniel Scioli.


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