7 de febrero 2018 - 22:55

Bizzio: una novela sobre el color dorado del desamor

DIÁLOGO CON EL AUTOR DE "DIEZ DÍAS EN RE", SOBRE UN MATRIMONIO FLAMANTE QUE SE DESINTEGRA - El silencioso infierno que vive, en una isla paradisíaca, una pareja de recién casados en su luna de miel es la materia de su nuevo libro.

Bizzio. “Quiero que las sensaciones se sigan. Una literatura que descarte lo innecesario, eso que no me interesa ni como autor ni como lector”.
Bizzio. “Quiero que las sensaciones se sigan. Una literatura que descarte lo innecesario, eso que no me interesa ni como autor ni como lector”.
Una visión desencantada del amor, en un tiempo en que el romance pareciera ser patrimonio de las mujeres y de los adolescentes, es lo que vive el protagonista de "Diez días en Re" (Random House), la nueva novela de Sergio Bizzio. Novelista, dramaturgo, guionista, con historias llevadas al cine en nuestro país, Brasil, España y Francia, y libros traducidos a diversos idiomas, Bizzio también hace música en solitario o junto al grupo Super Siempre, y dibuja con el grupo Mondongo. Dialogamos con él.

Periodista: ¿Qué lo llevó a contar una historia de amor y desamor?

Sergio Bizzio: Irina y Carlos llegan a la isla donde van a pasar la luna de miel. Vienen muy cansados, en un vuelo directo de la fiesta de bodas. Van a la playa. Ella más vital, corre hacia el mar a darse un chapuzón y de lejos saluda a Carlos. Él le responde alzando un brazo, y en ese momento se da cuenta de que no la ama, y que no puede bajar su brazo. Es una certeza demoledora, no la ama. Ese anzuelo me enganchó. Si no se me hubiera ocurrido eso, no sé si habría podido seguir escribiendo. Me pregunté lo mismo que se pregunta Carlos: ¿y ahora qué hago? Acabo de llegar, de casarme, estoy en el extranjero, ¿le digo lo que acabo de descubrir? ¿le rompo el corazón en una isla paradisíaca? ¿Lo disfrazo? ¿Espero estos diez días, y se lo confieso cuando estemos de regreso y ella esté cerca de su familia? Opta por eso. Lo otro sería de una crueldad imperdonable, pero ocultarlo es una tarea ciclópea. ¿Cómo disimula lo que siente? ¿Cómo hace para trabajar de enamorado? No la desea. La quiere pero no la ama. ¿Qué pasa con el amor? Hacia el final Irina tiene cierta impaciencia, es como si hubiera presentido todo y le faltara la confirmación. Quiere volver y que se termine lo que se tenga que terminar. Es más fuerte. Son diez días de un infierno para él, y para ella "diez días en Re", una isla en el trópico, pero también es una nota musical, y hay que estar diez días escuchando el mismo sonido. Alexander Scriabin decía que el color de la nota re era el dorado, el del atardecer, el del sol, el del verano, pero aquí es el sonido que se repite y está siempre a punto de estallar. Para Carlos llevar adelante esa farsa es una pesadilla.

P.: Pero hay sexo, momentos de cariño, aventuras que los unen.

S.B.: Hacen bien el amor. Aunque no la ama, los dioses siguen ahí. Pero todo es muy doloroso. Cuando Zumo, un adolescente de la isla, se enamora de su mujer, no siente que el deseo de otro movilice su deseo, lee eso con tristeza, la tristeza que va a tener ese chico cuando Irina se vaya, y no siente celos. Ve en los ojos de ese chico lo que falta en sus ojos, el amor. Cuando en una fiesta Irina baila con un turista, él piensa que acaso sería bueno que alguien se la robe, porque ese robo lo liberaría del dolor de no amarla y la salvaría a ella del dolor de no ser amada, sería una solución.

P.: ¿"Diez días en Re" traza una visión decepcionada del romance, como si hoy se hubiera perdido el aspecto pasional de las novelas románticas tradicionales?

S.B.: La lupa está sobre lo que le pasa a Carlos, que no es lo que le pasa a Irina. Yo no tenía intención de escribir una novela de amor, y terminó siendo una novela sobre el desamor, pero no fue mi intención. Parto de imágenes y tiro de ellas y de pronto, como decía Barthes, algo cuaja y ahí sigo y termino escribiendo en éxtasis. El camino lo voy descubriendo al andar. Busco contar historias claras, transparentes, nítidas, visuales, que se puedan comer de un solo bocado. Capote decía "quiero escribir historias cristalinas como el agua de un arroyo". A mí me importa que los personajes se vean, que las sensaciones se sigan. Una economía literaria que descarte lo innecesario, eso que no me interesa ni como autor ni como lector.

P.: Además de esta novela repleta de cambios imprevistos, usted escribe cine, hace música y últimamente se dedica a las artes plásticas.

S.B.: Con Super Siempre, el grupo que formamos con Alfredo Prior, Francisco Garramona, Alan Curtis, estuvimos trabajando sobre la base de la pista de voz que nos entregó el músico y cantante, ahora de tango, Daniel Melingo para que le pusiéramos la música. En plástica estuve trabajando con los Mondongo. Toda la vida dibujé, antes de ponerme escribir pensé que iba a ser un pintor. Un día Manuel Mendanha y Juliana Laffite, los Mondongo, me dijeron: ¿querés dibujar con nosotros? Hacíamos dibujos sin un tema, lo que se nos ocurriera, y lo íbamos pasando para que el otro lo siguiera. En eso estuvimos un año y medio. Hicimos 400 dibujos, de los que quedaron 220 con los que hicimos una muestra en la galería Barro, y después se editó un libro. Ahora paramos porque ellos se fueron a hacer una muestra en Los Ángeles, pero la idea es seguir.

P.: ¿Ahora en qué está?

S.B.: Escribiendo algo que me está gustando. Yo busco el párrafo que lleve a seguir, a descubrir, a ocupar en eso cada vez más tiempo.

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