Blindaje y clamor, la táctica PJ para amortiguar el clima anti-K

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• Cobertura a “sin techo”, pedido sciolista y referencias sobre la centralidad.
• Show y multitudes.

Ser K en el conurbano norte es una metáfora exacta de la volatilidad de la política. Figuras que en 2011 bajo el paraguas del 54% de Cristina de Kirchner emergieron como referentes ahora son kelpers en tierra hostil: la Primera Sección se reconfiguró, más aún tras el salto de Raúl Othacehé al massismo, simbólica y numéricamente como un continente anti-K.

Sobre 24 municipios, doce reportan al Frente Renovador (FR) y en volumen de votos e impacto expresan más del 70% de la sección. La docena K o filo K -diez son peronistas, uno radical; otro de Nuevo Encuentro- incluye sobre todo a distritos de los bordes.

Tras las mudanzas y la doble derrota del 18-A y el 27-O, la tropa K en los condados del FR quedó huérfana. De socios de los ahora massistas pasaron a ser "sin techo". Con libreto más peronista que cristinista, pero encabezado por delegados ultra-K, el FpV intenta un blindaje de esos concejales.

Eduardo "Wado" De Pedro, diputado neocamporista, asiduo concurrente a Olivos y con pertenencia territorial en la Primera -es de Mercedes, uno de los municipios controlados por el FR-, se puso al frente del operativo contención, armado por Juan Zabaleta en San Miguel y al que fueron Edgardo Depetri, Diana Conti, Luis D'Elía y María Teresa García. Es, en rigor, una versión de cabotaje de los esfuerzos que Daniel Scioli y Julio De Vido, por separado, despliegan para evitar la fuga de otros intendentes.

Garabatos

Hiperactivo en política como hacía tiempo no se lo veía, el ministro de Planificación recibió primero a caciques del conurbano y siguió con los del interior: ayer fue el turno de los de la Cuarta Sección, noroeste bonaerense, encabezados por Patricio y Andrea García. De Vido promete obras y operar como interlocutor. Scioli, en persona o a través de Alberto Pérez, Martín Ferré o Cristina Álvarez Rodríguez, se ofrece como pasaporte de lo que vendrá.

Álvarez Rodríguez, el lunes, garabateó un intento de clamor ante alcaldes del norte provincial cuando dijo que todos los caciques entrerrianos apoyaban a Sergio Urribarri como candidato presidencial.

-Los bonaerenses deberían hacer lo mismo, ¿no? -animó.

-Sí, sí -le hizo segunda voz Ricardo Casi, intendente de Colón, a quien la ministra bendijo como usina sciolista en la región.

El convite se diluyó entre toses y bisbiseos. Es un fenómeno general. Otros clamores, como el que vocea Oscar Parrilli para lograr una "gran movilización" el 1 de marzo frente al Congreso, tampoco despiertan pasiones.

El secretario general de la Presidencia se reúne con dirigentes de todos rango y color, y ayer lo hizo con legisladores del FpV -Miguel Pichetto, Julián Domínguez, Héctor Recalde y Pedro Guastavino, entre otros- a los que les pidió que concurran y movilicen el día en que la Presidente hablará ante la Asamblea Legislativa.

-La plaza tiene que ser nuestra, la tenemos que llenar -repite, aquí y allá, Parrilli con poesía de barricada de cadencia oxidada.

Luego, más pragmático, anota las demandas logísticas para "facilitar" la movilidad y el sustento de los militantes. Parrilli arriesga que se reunirán unas 40 mil personas para vitorear a Cristina.

Al cacicazgo K bonaerense, convocado por Fernando "Chino" Navarro y José Ottavis, les pasó algo similar en una cena con diputados en Mar del Plata. Sus salmos pro-Cristina fueron considerados exagerados.

-¿Alguien dijo algo contra Cristina? -preguntó uno con falsa ingenuidad.

-Nosotros no vamos a decidir lo que viene, así que ¿para qué nos peleamos? -apuró la despedida un veterano legislador.

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