5 de noviembre 2013 - 00:00

Bloque: excusa para guerra de caciques

Se acerca el 4 de diciembre y con eso los ruidos en el bloque kirchnerista. Ese día habrá sesión preparatoria para la jura de los diputados electos el 27 de octubre pasado y el nombramiento de las autoridades de la cámara y los bloques. Es un día de visitas guiadas a las familias de novatos, olor a ropa recién estrenada y mucha peluquería. Y el momento en el que tiene que estar ya solucionada la interna de cada bloque para elegir su presidente.

El kirchnerismo tenía hasta ahora solucionado su problema. Julián Domínguez desembarcó hace dos años en la presidencia de la Cámara y desde ese momento fue avanzando hasta ser la última palabra en todo; especialmente las decisiones del bloque.

La salida de Agustín Rossi del bloque al Ministerio de Defensa aceleró ese proceso. Domínguez dispone, escucha, recibe y habla directamente con Cristina de Kirchner.Tiene, además, su reelección garantizada en la sesión del 4 de diciembre porque logró, además de controlar al PJ y monopolizar la representación del oficialismo, no entrar en guerra con ningún jefe de bloque opositor.

Cuando a Rossi lo reemplazó Juliana Di Tullio, bonaerense como Domínguez, el PJ comenzó a recordar esa incompatibilidad que en algunos momentos de la historia hizo que fuera imposible que el jefe de bloque de la mayoría fuera de la misma provincia que el presidente de la Cámara.

Di Tullio, como todos los cargos en el oficialismo, fue elegida por el dedo de Cristina de Kirchner. Y también tiene teléfono directo con ella. Pero quedó desde el principio a la sombra de Domínguez al que toda la bancada oficialista siempre tiene algo que consultar o pedirle. Ese trato directo de ambos con la Presidente es el que desdibuja el peso de los diputados de La Campora en el bloque oficialista que, claramente, no tienen el monopolio de la comunicación de la Casa Rosada con el Congreso, como en algún momento publicitaron.

La armonía que el kirchnerismo creía tener asegurada para la sesión del 4 de diciembre empezó a quebrarse tras las elecciones. El interior que le trajo triunfos a Cristina de Kirchner empezó sin sutilezas a reclamar cargos, algo obvio.

No fue casual que pedido inicial que hizo estallar la interna viniera del chaqueño José Mongeló. El se encargó ayer de recordar la mencionada regla: si la presidencia de la Cámara es para un bonaerense, la del bloque debe quedar para el interior.

Pasó en la presidencia de Carlos Menem cuando el pampeano Jorge Matzkin o el cordobés Humberto Roggero manejaban la bancada mientras el bonaerense Alberto Pierre comandaba la cámara.

Todo se trastocó cuando el kirchnerismo hizo que el jujeño Eduardo Fellner presidiera Diputados, frente a Rossi como jefe de bloque. La comandancia de Fellner terminó desdibujada. Con la llegada de Dominguez ese esquema se invirtió por completo recortando el poder de la conducción de la bancada a favor del jefe de la cámara.

Sería imposible pensar que Mongeló lanzó una alerta de ese tipo sin la autorización de su jefe Jorge Capitanich. Despues de haber sacado 60 % de los votos en su provincia y ser la cara del triunfo en medio de la derrota en la noche del 27 en el mitín oficial del NH Tango, el chaqueño esta en condiciones de negociar como nadie. Algo parecido, aunque menor impacto por el premio final a conseguir, que lo que reclama Miguel Pichetto en el Senado tras su éxito en Río Negro.

Mongeló prendió la mecha de una negociación que aun no tiene final claro. Medio bloque kirchnerista pone fichas a la continuidad de Di Tullio, sobre todo a la espera de la decisión que tome Cristina de Kirchner cuando vuelva o lo comunique vía telefónica desde Olivos.

El kirchnerismo mas cerrado no busca otras opciones y prefiere la continuidad en un momento de crisis interna. El resto del bloque prefiere leer en el pedido del chaqueño es solo otro paso de Capitanich en la estrategia de marcarle el terreno a Daniel Scioli que comenzó la misma noche de la elección. Y en ese juego ya no solo estan anotados los chaqueños.

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