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Boca se quedó con todo el verano
Martín Palermo y su costumbre de festejar ante River. El goleador cambió el rumbo de un partido que parecía perdido para Boca.
River empezó para jugar un partido histórico, hizo el gol a los 7 minutos y creó media docena de situaciones. Lamela pegó un pelotazo en un poste de 30 metros, Javier García sacó una pelota del ángulo que tiró Almeyda y el arquero otra vez se exigió ante un tiro de Buonanotte.
El sistema aplicado era presión constante en la mitad de la cancha y mucha velocidad para salir en ataque. Dominaba pelota y terreno ante un Boca sorprendido que no hacía pie.
Fueron 25 minutos en que parecía que el segundo gol de River llegaría por su propio peso. Sin embargo, llegó el gol de Boca, ante un error de cálculo del juvenil Leandro Chichizola, que dejó picar la pelota y se le escapó. Un error que Martín Palermo no dejó pasar y de cabeza facturó. Es cierto que en la jugada previa Colazo la bajó con un brazo, pero su cuerpo tapaba a Baldassi, que no lo pudo ver.
Ese gol cambió el destino del partido. Porque Boca ganó en confianza, River se derrumbó anímicamente, y la pelota cambió de dueño.
En el segundo tiempo, el partido se afeó. La pelota estuvo permanentemente en el aire, y, si bien Boca fue un poco mejor, el calor y el cansancio se hicieron notar mucho.
Las situaciones de gol escasearon, y, aunque Juan José López hizo cambios ofensivos (entraron Bordagaray y Lanzini), al equipo le faltó volumen de juego para desequilibrar.


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