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Bolsas, a pie firme (en terreno frágil)
Angela Merkel
No se entiende la lozanía del rally de las Bolsas, que en su séptimo mes parece fresco como una lechuga, sin referencia al rally de la renta fija. Y esta embestida nació el 4 de abril cuando el Banco de Japón anunció el QQE, su programa de compra masiva de bonos públicos. ¿En qué se volcarán los aproximadamente 1,3 billón de dólares que recibirán quienes se desprendan de ellos, de aquí a fin de 2014? Especular en un derrame parcial de demanda sobre la plaza internacional encendió el apetito de riesgo. En un mes, la tasa de la deuda española a diez años pasó de rozar el 5% a perforar, hacia la baja, el 4% anual. Italia protagonizó un viaje similar. Son niveles no visitados desde 2010. ¿Cómo podía Draghi ayudar a la periferia? No es la tasa refi la que ahoga a los marginales de la eurozona, bajarla es apenas un símbolo. No pudo estrenar una ventanilla específica para financiar a las empresas pequeñas y medianas y aliviarles el apretón crediticio. La referencia a la tasa negativa fue el sustituto a su alcance, aunque imperfecto. Los bonos griegos a diez años, que en junio rendían el 30%, por primera vez en tres años quebraron el umbral de los dos dígitos: cotizan al 9,5%. Eslovenia, rebajada por Moody´s a la categoría de bono basura, y con la soga del rescate al cuello, fue el principal beneficiario del ardid. De sobrepique, logró emitir deuda por 3.500 millones de euros: pagó el 4,95% a cinco años y el 6% a diez. Y así sorteó la encrucijada de convertirse ya en el próximo Chipre.
La compresión de rendimientos es el turbo que alimenta a las Bolsas. Es verdad que las acciones son un instrumento de renta variable, pero ¿no lo son también los bonos de Eslovenia, dado el agujero negro de su sistema financiero y los modos de sus socios de la eurozona? El S&P 500 rinde más que Eslovenia: el 6,9% según las ganancias esperadas para 2013, las que subirán en 2014 (cuando será un milagro que Eslovenia no se hunda). Y paga el 2% en dividendos contantes y sonantes (más que la curva del Tesoro de EE.UU. hasta los diez años). Pero la apuesta es más agresiva, se cifra en el "momentum" de la Bolsa. La ganancia de capital, la valorización desde noviembre, supera el 20%. ¿Continuará en alza? ¿Se achicarán más los rendimientos? ¿Tienen más rollo los bancos centrales del G-7? Se quiere creer que sí, pero no se sabe. De ahí, lo útil del informe de empleo de abril. La Bolsa pudo sacar pecho por mérito propio. El mercado laboral no está de capa tan caída como se insinuó en marzo. Se crearon 165 mil puestos de trabajo (se temía no llegaran 125 mil) y se sumaron otros 114 mil con las revisiones de febrero y marzo. La debilidad de la economía es un pozo que luce así menos profundo. Pero existe y no se cubrirá pronto. La Bolsa facturó el alivio, y el rally volvió a sus anchas. La única objeción: la cuenta ya tiene cargada una recuperación económica vibrante que, a decir verdad, nunca se produjo. Ni, ajuste fiscal mediante, se atisba en el horizonte.


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