14 de julio 2010 - 00:00

“Borges es interesante, pero no impulsa a escribir”

Después de los cuentos de «76» y su primera novela «Los Topos», Félix Bruzzone dice que escribió «Barrefondo», «por el deseo de salir de los universos del pasado».
Después de los cuentos de «76» y su primera novela «Los Topos», Félix Bruzzone dice que escribió «Barrefondo», «por el deseo de salir de los universos del pasado».
Un limpiador de piscinas en barrios privados que siente el acoso y el agobio de sentirse testigo de un crimen, le sirve a Félix Bruzzone en su novela «Barrefondo» para explorar un territorio donde se confunden y contraponen zonas sociales diversas y contrapuestas. Bruzzone es licenciado en Letras y ha publicado el libro de cuentos «76», que ahora sale en Alemania, y la novela «Topos», traducida en Francia. Dialogamos con él.

Periodista: ¿Qué tiene que ver este libro con sus anteriores?

Félix Bruzzone: Justamente, no tiene nada que ver, fue el deseo de salir de los universos del pasado de «76» y «Los Topos». Tal vez hay un punto en común en Campo de Mayo, esa frontera de Don Torcuato, donde transcurre «Barrefondo», un lugar inquietante, extraño, más allá de todo lo que haya ocurrido allí. Desde hace cinco años vivo en Don Torcuato y es interesante cómo se formó. Fue una estancia de Alvear, de ahí que se llame Don Torcuato, con esa marcada significación jerárquica del «Don». Hubo grandes quintas de gente adinerada, y que se fueron loteando. Y así comenzó a llegar gente de Zona Norte ya no tan pudiente, relegados de San Isidro, Martínez, Acassuso y Beccar, que fueron cayendo en Don Torcuato para no alejarse tanto. Son los que se tuvieron que achicar, y tratan de mantener sus aires de grandeza. Y están los nuevos ricos con sus barrios cerrados. Es una escenografía que integra mundos, y da ganas de encontrar sus voces y contar sus secretos.

P.: ¿Cuáles considera que son sus influencias literarias?

F.B.: Para mí el hito es Manuel Puig por la gran libertad que se da para narrar, por el gran respeto que tiene a la palabra de sus personajes, a sus voces. Resulta admirable la enorme percepción y captura que tiene de la voz y la sensibilidad femenina, cosa que a mí me interesa muchísimo. Hoy Puig ha pasado a ser central en nuestra literatura, pero cuando apareció pareció venir de otro mundo, de otro planeta. Además, a mí me interesan los escritores que dejan terreno libre, y Puig es uno de esos que abren el juego. Hay otros, que sin dejar de ser interesantes, lo cierran, como Jorge Luis Borges, por ejemplo. Borges es interesante para la literatura, para analizar la literatura, para el trabajo de los ensayistas, pero no se si a alguno, salvo la excepción excepcional de un Umberto Eco, lo impulsa a escribir.

P.: ¿Y más acá en el tiempo?

F.B.: Otra influencia es Martín Rejman, que es para mí lo más interesante de nuestra literatura de los noventa. Básicamente por la representación que logra de la clase media. es notable cómo va captando libro a libro, a partir de cosas muy mínimas, todas las variaciones que se van dando en ese sector social. Son notas muy sutiles que hay que saber captar en sus relatos, que son muy vacíos, muy minimalistas. Me interesan estilísticamente ciertos logros alcanzados por Miguel Briante en la captura del habla, relatos donde la voz se vuelve figura, persona, con una apuesta fuerte por la literatura en un sentido más tradicional que en quienes nombré antes. Siempre me atrajo poder convertir en literatura formas orales que no lo son. O poder explorar otros modos del relato, como, por dar un nombre, en Robbe-Grillet.

P.: ¿Planeó su novela «Barrefondo» como un falso policial?

F.B.: Comienza como un policial y luego se desdibuja, como todo lo que escribo. El relato se va desplazando del género que le dio origen. La tensión inicial se desliza hacia conflictos íntimos. A medida que escribo me va ganando la intuición de que lo escrito tiene una dimensión que está más allá de las características narrativas que fueron el punto de arranque de la historia. Hay algo previo a lo escrito, una historia que me impulsó a escribir. El argumento fantaseado al comienzo uno difícilmente lo concreta, es más, diría que nunca se lo concreta con las características soñadas porque uno empieza a vivir con los personajes y la historia se dispara por otras zonas. Esas zonas laterales fueron las que me comenzaron a interesar cada vez más, las que me intrigaba conocer como pienso que le puede interesar descubrir a quien entra como lector a conocer la historia.

P.: ¿Cuáles son esas otras «zonas laterales»?

F.B.: Las relaciones que se dan entre la gente del conurbano. La historia transcurre en una especie de frontera donde convive gente pudiente que tiene su casa quinta, su chalet, que vive en un country, y la que pertenece a segmentos sociales cada vez más bajos. Es un sorprendente abanico poblacional. Todo ocurre en Don Torcuato, un lugar donde hay barrios cerrados de alto nivel, incluso históricos, como el del Jockey Club, y donde se construyen otros, por caso, uno que se está haciendo donde antes estaba el aeropuerto. Y, como ocurre en el conurbano, hay villas miseria, sectores humildes de trabajadores y comerciantes. Hay lugares de gente que perdió status, que tuvo que emigrar de San Isidro o Martínez. Y en los límites se vuelve rural. Hay en la novela un área clandestina donde el personaje es llevado a una especie de comisaría, que es un galpón en medio de fábricas desmanteladas. A la vez, allí se planea una franja de nuevas viviendas. Hay zonas raras que no son ni urbe ni campo. A ese escenario, se suma la presencia de Campo de Mayo, que es un lugar que me ha venido interesando mucho narrativamente.

P.: ¿Cómo es que siendo publicado por una gran editorial forma parte de una pequeña editorial?

F.B.: Con Hernán Vanoli, Violeta Gorodischer, Susana Budassi, nos hicimos amigos en un taller literario al que íbamos, el de Diego Paszkowski. Era el tiempo en que comenzaron a proliferar las editoriales autogestionadas, independientes, y así nació Editorial Tamarisco. Y como somos narradores comenzamos editando nueva narrativa, primeros libros. Al día de hoy sigue siendo una editorial de primeros libros, lo que está bueno porque los primeros libros tienen muchísimo para decir, y para llegar a escribirlo se invierte muchísimo tiempo, en los que vienen después ya no.

Entrevista de Máximo Soto

Dejá tu comentario