- ámbito
- Edición Impresa
Boudou: un interinato con baja visibilidad pero alta densidad
Amado Boudou recibió ayer a Gustavo Bevilacqua, intendente de Bahía Blanca, que todavía no tuvo su cumbre con Daniel Scioli.
Lo que al principio fueron citas inocuas digitadas por Cristina de Kirchner, en los últimos días tomaron otro perfil: entre el lunes y ayer, se vio con Gabriel Mariotto, el gobernador de Río Negro Alberto Weretinlek y el alcalde de Bahía Blanca Gustavo Bevilacqua.
A simple vista, el dato es obvio: a la tarea de monitorear la economía -fue el mandato de la Presidente- le agregó gestiones con condimento político. Cada foto tiene entidad pero, eslabonados, los encuentros con su par bonaerense y con el bahiense asumen otra dimensión.
Nada es casual. El encuentro con Weretinlek lo gestionó Miguel Pichetto, socio en adaptación del vice en el Senado, convertido en administrador informal de Río Negro tras la muerte de Carlos Soria. Pichetto es, además, el jefe del bloque de senadores del FpV.
Lo de Mariotto y lo de Bevilacqua responde a otro criterio. Los vice se vieron en un momento de tensión entre sectores ultra K y Scioli tras el picado de verano que jugaron el gobernador y el jefe de Gobierno Mauricio Macri, el jueves pasado, a horas de la operación de Cristina de Kirchner.
Hay una fina sintonía entre Mariotto y Boudou. Hicieron campaña juntos y operan, aunque tuvieron algunos chispazos -por caso, la sociedad entre el vice nacional y Martín Insaurralde en Lomas, que se recela con el vice bonaerense- en tándem en la provincia.
Sin embargo, aunque el visitante fue el de menos rango de los tres, la visita del intendente de Bahía es la que tiene mayor densidad. Bevilacqua reemplazó a Cristian Breitenstein, que dejó el municipio para asumir como ministro de Producción sciolista.
Aquella entronización, además de generar una mini rebeldía en la ciudad porque el intendente fue electo y antes de asumir anunció su retirada, tuvo un efecto colateral: Scioli desplazó de la vice del Grupo Bapro a Dámaso Larraburu, histórico jefe del PJ bahiense.
Larraburu fue en estos años el soporte político de Breitenstein y Scioli le pidió su cargo en el grupo para que lo ocupe su hermano Nicolás, desde diciembre segundo de Santiago Montoya. El episodio generó broncas y derivó en un distanciamiento entre Larraburu y Scioli.
En ese contexto, no hay una pisca de ingenuidad en la decisión de Boudou -flanqueado por su operador Juan Zabaleta- de recibir a Bevilacqua, un concejal peronista que tributa a Larraburu y que, hasta ahora, no se vio con el gobernador bonaerense.
Ayer, Bevilacqua, además de visitar al vice en ejercicio de la Presidente, fue recibido por el jefe de Gabinete Juan Manuel Abal Medina. Algo más: Julián Domínguez, presidente de la Cámara de Diputados, suspendió por unas horas su descanso en la costa para compartir la charla con Boudou y el alcalde.
En el lenguaje de señas kirchneristas, eso es más que una gentileza. De más está decir, que Larraburu fue el lazarillo que guió al jefe comunal por los despachos K para que se presente, notifique su alineamiento «con Cristina» y asiente su menú de necesidades.
Matemática pura. Boudou más Domínguez más Mariotto más un intendente que responde a un cacique peronista malquistado con Scioli. La sumatoria es simple: un bloque, aunque disperso y variable de kirchneristas, enlazados para poner un pie en la provincia al margen del gobernador.
En ese vaivén anímico, al cumplirse el primer mes de la entreverada cohabitación entre Scioli y Mariotto en la provincia -asumieron el 10 de diciembre-, ayer la fórmula volvió a mostrarse junta, con el evitista Fernando «Chino» Navarro como celestino (ver nota pag. 14).
Navarro tiene en Lomas una alianza con Mariotto y montó una muestra fotográfica en Mar del Plata que se convirtió en un encuentro de pacificación donde, además de Scioli y su vice, estuvieron Diego Bossio, del ANSeS, y el secretario de Cultura Jorge Coscia.
Una tregua, al menos gestual, en la que la Casa Rosada hizo el mayor despliegue: trasladó funcionarios y dirigentes a la costa a un evento que cerraría y cerró Scioli.
Ayer Boudou se quedó en Capital. Planeó durante la mañana su primer acto en Casa Rosada pero más tarde esa actividad -según se confirmó anoche- se suspendió. Hubiese sido su primera aparición pública luego de una agenda técnica operativa que sólo ganó relevancia con las citas políticas.
A ese pelotón pertenece la reunión, mate de por medio, que mantuvo con Mariano Recalde, administrador de Aerolíneas Argentinas. Boudou fue uno de los funcionarios K que salió en defensa de la gestión en la empresa que está a cargo de dirigentes de La Cámpora.
A Boudou lo atormentan con su relación con Máximo Kirchner, hijo mayor presidencial y volátil jefe de la agrupación juvenil K. El respaldo a Recalde puede leerse como un gesto de lealtad hacia ese temido club de dirigentes jóvenes.


Dejá tu comentario