Distendido lució Eike Batista ayer en el inicio del juicio por presuntos delitos bursátiles. La pena podría llegar hasta 13 años de prisión.
Río de Janeiro - El magnate brasileño Eike Batista, quien hasta el año pasado era uno de los ocho hombres más ricos del mundo, se sentó ayer en el banquillo de los acusados en la primera sesión de un juicio por supuestos delitos bursátiles que puede acarrearle una condena de hasta 13 años de cárcel y fuertes multas.
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Batista, quien fundó un imperio de seis empresas de infraestructura y energía, y amasó y dilapidó una fortuna de u$s 30.000 millones tras la quiebra de la petrolera OGX, es acusado de haberse beneficiado de información privilegiada y difundido informaciones falsas en la Bolsa de San Pablo.
En la audiencia, celebrada ayer en la Tercera Sala de lo Penal del Tribunal Federal de Río de Janeiro y a la que asistió Batista, el magistrado Flavio Roberto de Souza decidió comenzar por los interrogatorios a cinco testigos de la acusación.
Los testigos de la defensa serán interrogados el próximo 10 de diciembre y en una fecha a definir se le tomará declaración a Batista.
La Fiscalía acusa al empresario de haber omitido informar al mercado sobre el tamaño de las reservas de petróleo de tres yacimientos submarinos operados por OGX y de aprovechar para vender gran parte de sus acciones cuando tenían un valor elevado y ya sabía que las reservas no eran comercialmente viables.
Asimismo, según la acusación, Batista le mintió al mercado al anunciar que aumentaría en u$s 1.000 millones sus inversiones en la empresa, lo que atrajo a miles de accionistas que creyeron en la viabilidad de la firma, que terminó quebrando el año pasado ante la imposibilidad de honrar deudas por u$s 5.800 millones.
Las pérdidas que Batista habría causado a los accionistas, según la acusación, ascenderían a u$s 580 millones. El abogado del empresario, Sergio Bermudes, aseguró que su cliente "no incurrió en ningún desliz, ni indujo a nadie al error".
El patrimonio de Batista se "esfumó" en los últimos años. En 2011 llegó a ocupar el séptimo lugar en la lista de la revista estadounidense Forbes de los hombres más ricos del mundo, con un patrimonio de u$s 30.000 millones.
El naufragio de OGX inició la debacle del llamado "Imperio X" de Batista, quien en septiembre afirmó en una entrevista al diario Folha de Sao Paulo que había vuelto a ser un miembro de la clase media.
En esa oportunidad, el empresario sostuvo que lo único que le queda ahora -tras haber transferido a sus hijos los inmuebles que poseía- son las acciones de las empresas Ogpar (antigua OMX), OSX y MMX, de las cuales sigue siendo el socio controlador.
Además, mantiene en su poder algunas acciones de las empresas Prumo (ex LLX, vendida al grupo estadounidense EIG) y Eneva (ex MPX, vendida al grupo E.On de Alemania).
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