20 de octubre 2010 - 00:32

"Brasil no puede avanzar sin la Argentina"

ENTREVISTA AL DIPLOMÁTICO Y ANALISTA JOSÉ BOTAFOGO GONçALVES

José Botafogo Gonçalves
José Botafogo Gonçalves
José Botafogo Gonçalves es el presidente del prestigioso CEBRI, el think tank brasileño que, como el CARI argentino, convoca a ex diplomáticos y postula políticas internacionales y comerciales. Ex ministro de Industria y Comercio, ex embajador en la Argentina durante los tormentosos 2002 a 2004, Botafogo fue también embajador especial del Gobierno de Fernando Henrique Cardoso para asuntos del Mercosur. Por eso es que puede decir, con autoridad (como lo hizo la semana pasada en el Coloquio de IDEA), que ya sea que gane Dilma Rousseff o José Serra las presidenciales brasileñas en segunda vuelta siempre tendrá que convivir con el partido centrista PMDB. «Después de tres intentos, Lula sólo llegó a la presidencia una vez que abandonó un programa demasiado volcado a la izquierda», dice Botafogo.

En cuanto a la relación bilateral, es taxativo: «Brasil no puede seguir solo, sin la Argentina, con una política de comercio exterior autónoma: tienen que desarrollar ambos una economía alimentaria en conjunto». Para este ex embajador, Brasil está al borde del «apagón en infraestructura» y necesariamente, para hacer frente a sus déficits en energía, comunicaciones, ferrocarriles y caminos, necesitará de inversiones extranjeras y de privados. «Esto va a condicionar la política exterior brasileña futura y la relación con la Argentina», explica Botafogo en una entrevista que mantuvo con Ámbito Financiero.

Periodista: ¿Puede modificarse la relación con la Argentina si triunfa en Brasil el candidato opositor, José Serra, en la segunda vuelta electoral?

José Botafogo Gonçalves: Cualquiera sea el resultado, nunca éste tendrá efecto negativo sobre las relaciones bilaterales. Sea Dilma o sea Serra el próximo presidente, las únicas diferencias que hay son los modos de encarar la política externa y la definición sobre lo que para cada uno es prioritario en política regional.

P.: Serra se postuló en contra del Mercosur, lo que es más que un matiz en política externa.

J.B.G.: Serra ya manifestó su preocupación por el efecto de los aranceles aduaneros comunes que limitan la capacidad de negociar con otros países y propuso eliminarlos para negociar con mayor libertad. Yo creo que en eso Serra está totalmente equivocado: si los gobiernos anteriores no lograron hacer más acuerdos comerciales con otros países no fue por el arancel común sino porque las propuestas de liberación comercial (tanto de nuestros socios de EE.UU. como de la Unión Europea) no eran aceptables para Brasil. Por lo tanto, el problema es brasileño.

P.: Y Dilma, ¿qué novedad económica podría aportar como presidente?

J.B.G.:
Dilma cree más en un Estado empresario: busca crear más empresas estatales; apoyará la invención lulista de una Petrosal (una Petrobras a la medida del yacimiento pre-sal). En cambio, Serra cree que el Estado debe ser menos productor y más inductor, además de controlador de la actividad de los mercados. Pero esto no va a afectar la relación con la Argentina.

P.: Brasil es uno de los emergentes que en este momento interviene en la cotización de su moneda para hacer frente a la guerra global de divisas. ¿Qué otras intervenciones podrían producirse con Dilma o Serra en el poder?

J.B.G.:
La tasa de interés en Brasil (Selic) es elevada, pero por otra parte no es una acción voluntarista del presidente del Banco Central ni mucho menos del presidente de la República. Brasil lleva una carga del pasado, como son los problemas fiscales y de presupuesto, de crédito público, todavía sin resolver. Esto obliga al Banco Central a tomar muchos títulos con tasas de interés elevadas. Por otro lado, frente a la actual sobrevaluación del real, sea Serra o sea Dilma el presidente tendrá que enfrentar estos problemas, pero en el campo financiero la experiencia de los políticos indica que cuanto menos se hable de eso, mejor. Porque anunciar políticas financieras es meterse en un lío, en acusaciones de especulación, etcétera. Callarse sobre el futuro financiero es la única mentira que nunca es un pecado.

P.: Si bien el ex presidente Cardoso dijo que no era una sorpresa el resultado de la elección del 3 de octubre porque nunca el PT (con Lula) ganó en primera vuelta, ¿a qué atribuye usted ese llamado de atención del electorado frente a la victoria de Dilma que anticipaban las encuestas?

J.B.G.:
No hay que dejarse llevar por el efecto actual de una «dilmización» a ultranza. Hay un fenómeno único: Lula termina su mandato con el 80% de aprobación popular y eso creó la sensación de que él podía indicar, ungir a su sucesor. Fue una presunción, porque el elector en Brasil tiene capacidad de hacer sus evaluaciones con más independencia que en el pasado. Si estudiamos el conjunto de los resultados electorales se puede ver que la oposición a Lula tuvo importantes victorias, en San Pablo y Minas Gerais (los dos colegios más importantes), en Paraná, en Santa Catarina, en Rio Grande do Sul. Eso indica que los electores saben hacer distinciones, y que además no ponen a los tres niveles de elección en la misma bolsa: no es lo mismo el presidente que el gobernador, que el diputado o el senador. Esa es la lección que hay que aceptar con humildad.

P.: ¿Podrían los brasileños dar una nueva sorpresa electoral y consagrar a Serra?

J.B.G.:
Si uno conjuga las posibles combinaciones de factores, sigue siendo Dilma el escenario más probable. Ella lleva una ventaja de entre 5 a 8 puntos y faltan menos de dos semanas. Por lo tanto, la tendencia estadística es que Dilma se mantenga en ese liderazgo sobre Serra. Si Serra gana, será una sorpresa para todos. Si pierde, la sorpresa será que perdió por poco.

P.: ¿Puede Lula volver en 2014?

J.B.G.: Edad tiene, consenso también. Aunque ni yo, ni nadie, ni él mismo, esté convencido de que debiera volver. Lula ya pasó a la historia: es un personaje que, por suerte o por mérito, cubrió ocho años de grandes avances en Brasil, con prosperidad, paz social, eliminación de varios niveles de pobreza aguda, con prestigio internacional. Quizás le convenga mantener una biografía inmaculada y no arriesgarla en un tercer mandato cuando las condiciones políticas serán mucho más competitivas que las que le tocaron en sus dos presidencias.

Entrevista de Carolina Barros

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