Cunha, que dio luz verde a la apertura del proceso contra Rousseff, enfrenta a su vez un proceso de impugnación de su mandato por las denuncias de la Fiscalía que lo vinculan con la corrupción en la estatal Petrobras. El jefe de Diputados, un político evangélico enemigo del Gobierno pese a que milita en el mayor partido de la coalición aliada, el PMDB, está en el centro del último exabrupto ocurrido ayer en el Congreso Nacional, más específicamente en el Consejo de Ética de la Cámara baja. Ocurrió por la mañana, cuando Cunha, a través de maniobras catalogadas como "golpistas" por el oficialismo, logró aplazar por sexta vez consecutiva la sesión en la que se definirá si el proceso en su contra debe proseguir o no.
Los diputados Zé Geraldo, del gobernante Partido de los Trabajadores (PT), y Wellington Roberto, del Partido Republicano -aliado del Gobierno-, casi se toman a golpes de puño por una discusión en torno al registro de presencias en el panel electrónico. Roberto es aliado de Cunha y enemigo del Ejecutivo, pese a que su partido integra la coalición oficialista.
La sesión tuvo que ser suspendida por algunos minutos, durante los cuales intervinieron guardias de seguridad y otros parlamentarios para evitar que las agresiones pasaran a mayores.
"El Consejo no puede ser un ring de lucha libre. Es un absurdo", lamentó el presidente del Consejo de Ética, José Carlos Araújo.
La pelea ocurrió un día después de otra tensa reunión del Consejo, en la que legisladores contrarios al jefe de Diputados intercambiaron insultos con lo que llaman la "tropa de choque" de Cunha.
También hubo disturbios el martes, durante la votación de los miembros de la comisión especial de la Cámara baja que definirá si el proceso contra Rousseff debe o no continuar. En ese momento, legisladores oficialistas intentaron impedir que sus colegas votaran, hubo forcejeos y 10 de las 14 urnas electrónicas fueron dañadas.
En tanto, durante una cena de confraternización entre políticos de diversos partidos, cuando la ministra de Agricultura, Kátia Abreu, del PMDB y férrea defensora de Rousseff, le arrojó un vaso de vino en el rostro del senador José Serra, del opositor Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB).
"He oído que tiene fama de ser muy enamoradiza", bromeó el senador, según asistentes a la cena citados ayer por los diarios O Globo y Folha de Sao Paulo. "Respéteme, que soy una mujer casada, y aún cuando era soltera, al contrario de usted, nunca traicioné, respondió la ministra, arrojándole a su interlocutor el vaso de bebida.
El hecho fue confirmado por Abreu a través de Twitter. Serra "fue infeliz, irrespetuoso, arrogante y machista", escribió la ministra (ver foto).
| Agencia DPA |



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