Bregovic dio vibrante apertura a un ciclo

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Goran Bregovic y la Orquesta de Bodas y Funerales en el Festival de Otoño (Lawn Tennis Club, 17 de abril).

El broche de oro de la jornada más importante del Festival de Otoño en el Lawn Tennis, a cargo de Goran Bregovic y su Orquesta de Bodas y Funerales, fue la explosión musical que coronó la sucesión de actuaciones previas. Antes había pasado la portuguesa Mísia, cantante de fados que recibió una merecida ovación del público, no sólo con canciones del género que domina sino que repasó «Naranjo en flor» y hasta homenajeó a Chavela Vargas con la ranchera «Fallaste corazón». Previamente tocaron los norteamericanos «The Kletzmatics», Chango Spasiuk y Babel Orquesta.

Es la primera edición de un festival privado, que replica el espíritu del Festival de Otoño madrileño, en un predio infrecuente para recitales de música pero que sería bueno prosperara, ante la falta de espacios para conciertos de rock y música alternativa, desde que tanto el Club Ciudad como River quedaron inhabilitados para recitales, por diferentes motivos. El Lawn Tennis surgió como una nueva alternativa, con sillas dispuestas sobre tablones que las separaban del polvo de ladrillo del court, y el resto de la platea desplegada en lo que es la ubicación para ver lo partidos. Claro que tratándose del efervescente serbio Bregovic y su troupe, las sillas plásticas dejaron lugar a la muchedumbre saltarina cerca del escenario. En rigor, desde que cada músico de Bregovic hizo su ingreso desde un rincón diferente de la platea, haciendo vibrar saxos y trompetas, el público se puso de pie y jamás volvió a sus lugares originales. La reunión de la orquesta se completó sobre el escenario, con el ingreso triunfal de Goran y su inseparable ladero Alen Ademovic (batería, acordeón, voz), que con la primera explosión obtuvieron un pogo que sólo cesó en algunos pocos temas tranquilos.

Si bien Bregovic llegó para presentar su último disco, «Alkohol», dividido en dos partes, «Sljivovica» (bebida nacional típica de los balcanes) y «Champagne», durante las 2 horas 40 de show sonaron muchos otros temas de sus 27 discos.

Y aunque entre las bebidas mencionadas no figure su favorita, una botella de whisky yacía a sus pies y se iba consumiendo de a tragos, tema tras tema, para que sobre el final Bregovic se pusiera más verborrágico, interactivo y adicto a los bises. Allí llegó lo mejor, con las clásicas «Mescesina» o «Ya Ya (Ringe, ringe, raja)» más los solos de sus virtuosos músicos: primera y segunda trompeta, trombón, saxo, tompetas secundarias y las dos coristas búlgaras.

En los tantos amagues de despedirse y con la verborragia a flor de piel, Bregovic dijo que tenía ganas de tocar una canción muy vieja de la Segunda Guerra Mundial, para dar lugar luego a dos temas en español, «El bacañeros van» y «El presidente». Reiteró el ritual de tocar diferentes músicas para funerales, que alcanza el mejor ritmo cuando se trata del funeral balcánico, e hizo repetir al público el grito de batalla, «Al ataque», para un final a toda vibra con varias versiones de la inolvidable «Kalashinikov».

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