8 de octubre 2014 - 00:00

Brenda Angiel: 20 años bailando sin ley de gravedad

En el aire:  “Siempre que encaro algo nuevo busco que para mí sea una novedad hacerlo”, dice Brenda Angiel sobre su nuevo espectáculo, “Pasó volando”.
En el aire: “Siempre que encaro algo nuevo busco que para mí sea una novedad hacerlo”, dice Brenda Angiel sobre su nuevo espectáculo, “Pasó volando”.
"Probablemente haya imitaciones, pero lo que no veo es que haya surgido algo realmente diferente en la danza aérea", dice a este dairio Brenda Angiel, referente en este arte, que cumple veinte años con su compañía y diez con su escuela, motivo por el que presenta "Pasó volando".

"Ante la ausencia de salas teatrales con los requerimientos que tiene mi espectáculo, monté mi propia sala, la acondicioné, y tiene capacidad para cien espectadores", sigue Angiel, que inauguró el espacio teatral Aérea para el show que presenta sábados y domingos. El espectáculo combina un video documental sobre el recorrido de la compañía con fragmentos en vivo de las primeras obras, piezas de su repertorio actual y material inédito.

Dialogamos con ella:

Periodista: ¿Cómo fue la elaboración del documental del recorrido de la compañía? ¿Qué cambios observa desde los inicios hasta la actualidad?

Brenda Angiel:
Descubrí algunos materiales fílmicos que no recordaba tener, filmaciones de fachadas en altura que hicimos al principio en Portugal, en Italia. Esas cosas tenían una cierta frescura de lo nuevo, pero también eran más simples en el desarrollo y en relación a lo que puedo hacer hoy. Los primeros tiempos estuve abocada a descubrir qué se podía y qué no, más tarde me concentré en la coreografía. Los trabajos actuales tienen mayor sofisticación por el camino recorrido. Los cambios tienen que ver con la profesionalización del trabajo. Al principo era más amateur, exploratorio y a pulmón; ahora hay aspectos más aceitados, como lo técnico, lo que lo convierte en un trabajo más producido y profesional. También los bailarines se fueron profesionalizando.

P.: Si ya era vanguardista hace veinte años, ¿como logró mantenerse vigente y seguir con una propuesta innovadora?

B.A.:
Siempre que encaro algo nuevo busco que para mí sea una novedad hacerlo. En el espectáculo "Ocho", de tango, quise investigar sobre el tango y cambiar la energía, la perspectiva; llevé ese lenguaje a otra naturaleza. El conocimiento de la danza aérea lo pude volcar en algo diferente. Cuando parece que los recursos se agotan se me van ocurriendo diferentes instancias que hacen que eso sea nuevo, para mí y para el público.

P.: Surgieron muchas imitaciones durante estos años, ¿la danza aeréa se popularizó?

B.A.:
Probablemente las haya pero lo que no veo es que surja algo realmente diferente en la danza aérea. Por ahí veo diferentes "corrientes"; por ejemplo, cosas que vienen más del circo, como telas, o trabajos de impacto como De la Guarda o Fuerzabruta, pero no vi que haya aparecido algo con búsqueda o desarrollo diferente, sí copias. La disciplina está más difundida. Hace mucho que damos clases y pasaron muchos alumnos que hicieron sus propios espectáculos.

P.: ¿Cómo juega la tecnología en combinación con la propuesta de la danza aérea?

B.A.: L
a utilicé en "Condición aérea"; en cambio en el espectáculo de tango, o en el último, no la empleo mucho. En "Condición aérea" se integra la tecnología a la coreografía, en la primera escena hay una proyección que termina engañando al espectador, algo que hicimos con una animación cuadro por cuadro, movimiento por movimiento. En otro fragmento se veía un tumulto de bailarines que generaba como un caleidoscopio, con diferencia entre la imagen en vivo y la proyectada. También había trucos donde los bailarines bailaban en la pared, pero parecía que lo hacían sobre el piso. Aquella vez encontré muchas posiblidades, en cambio, cuando incursioné en el tango me concentré en el lenguaje de ese género. Desarrollé un espectáculo con orquesta en vivo y diferentes ritmos. Fui trabajando el tango electrónico, el tradicional, y evité lo tecnológico; todo lo contrario, trabajé con la esencia del tango llevado a otro lado.

P.: ¿Qué valoriza de sus viajes al exterior con la compañía? ¿Cómo contrasta el público con el local?

B.A.:
Los viajes tienen esa adrenalina de llegar a un lugar, querer conocerlo en poco tiempo, tener que montar el show y ver cómo reacciona la gente. Por suerte siempre fueron festivales interesantes, o teatros prestigiosos donde nos recibieron muy bien. En Buenos Aires hay cierta proximidad con el público que me cuesta más que el anonimato del exterior. Hace mucho que no hacemos temporada en un teatro, desde el Metropolitan en 2012, entonces implica acostumbrarse a lidiar con esta situación que tiene otra intimidad. Pasamos por actividades gratuitas como el Parque Centenario, la Noche de los Museos, donde el público va a recibir sin obligación y siempre dispuesta a disfrutarlo, hay otra calidez.

P.: Abre una nueva sala en su espacio de enseñanza, ¿cómo gestiona una sala teatral?

B.A.:
Lo hago por la ausencia de un espacio como el que necesita mi compañía, y teniendo mi lugar, donde damos las clases, pensé en montarlo ahí. Había presentado el proyecto para Prodanza, buscando salas, pero es una dificultad que tienen las salas para la propuesta que yo traigo. Así que terminé montando mi propia sala, para 100 personas, acondicionada con tribuna, luces, sonido. Mi marido arquitecto me ayudó.

Entrevista de Carolina Liponetzky

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