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Brunetti, astro en Chile, regresó al país con obra
El argentino Paulo Brunetti debutó hace tres años en Chile con clásico de Tennessee Williams, y desde entonces es figura en el espectáculo trasandino.
Hoy el actor Paulo Brunetti («El perro del hortelano», «Lejana tierra mía») sigue radicado en Chile pero no quiere perder su vínculo con el «exigente» público porteño, que junto a sus afectos es lo que más extraña. («Yo nací y me crié en la provincia de Santa Cruz y mi familia vive ahora en Puerto Madryn. Por eso digo que primero soy patagónico y después argentino»). En estos días y hasta el próximo 20 de agosto co-protagoniza junto al actor chileno Luis Gnecco, «Las heridas del viento», pieza del dramaturgo español Juan Carlos Rubio que también dirige Barney Finn. Las funciones se realizan a las 20.30 en el BAC (British Arts Centre) ubicado en Suipacha 1333.
Periodista: Logró hacerse querer por el público chileno...
Paulo Brunetti: Tuve mucha suerte, un productor vino al teatro a ver «La gata...» y me convocó para la versión chilena de «Lalola», donde terminé reemplazando a Gonzalo Valenzuela que se venía a Buenos Aires. Hice de médico en «Sin anestesia» y viví un boom muy potente con «Mujeres de lujo», una teleserie que por primera vez tocaba un tema tabú en Chile, el de la prostitución V.I.P. Además yo hacía de amante del jefe de la mafia, con escenas eróticas y de gran violencia que tuvieron un gran impacto en el público. Por la calle todavía me siguen llamando «Valentino» como a mi personaje. También me di el lujo de hacer de San Martín en una miniserie sobre la vida de Manuel Rodríguez -el gran héroe chileno al que OHiggins mandó matar- e interpreté a un psiquiatra nazi que violaba a sus pacientes. Es un canal al que le gusta hacer ruido con temas transgresores.
P.: ¿Allá tienen éxito las series argentinas?
P.B.: «Resistiré» fue un boom, por eso compraron los derechos de «Montecristo» para hacerla con Gonzalo Valenzuela; pero fue un fracaso porque lo que tenía de interesante la novela era el tema de los desaparecidos y allá no quisieron meterse con eso. También hicieron «Los Roldán» y no funcionó. Aparte de que el rol que hacía Florencia de La V, cayó en manos de un actor vestido de mujer. Y obviamente no es lo mismo, porque ella es todo un personaje. Ahora están tratando de comprar historias que no sean tan localistas.
P.: ¿Tan diferente es la idiosincrasia chilena?
P.B.: Yo no encuentro grandes diferencias. Igual creo que la gente chilena es mucho más educada que el argentino medio. Yo le tenía miedo a esta especie de pica entre argentinos y chilenos, de hecho mi hermano no la pasó bien. Cuando iba al supermercado y se daban cuenta de que era argentino, el trato no era el mismo. Pero si uno es un actor conocido, la gente lo mira con otros ojos. A mí me quieren porque muchos de mis roles en TV fueron de galán. La pantalla hace milagros. Aunque también recibí algún que otro insulto masculino, sólo por haber tenido la suerte de trabajar con las mujeres más bellas de Chile.
P.: Entonces, sigue en pie la rivalidad trasandina...
P.B.: Hay cierta tirantez, pero esa mentalidad ha cambiado mucho gracias a... -no se ría- gracias a Marcelo Bielsa. El llevó a la selección de Chile al Mundial, cosa que no pasaba desde hace mucho, entonces pasó a ser un dios. Ahora que se fue a España lo extrañan horrores. Y fue por Bielsa que a los argentinos nos empezaron a respetar un poco más. Yo se lo digo porque nos hicimos muy amigos cuando él vino a ver «La gata...» y ahora nos hablamos semana por medio.
P.: No sabía que le gustaba el fútbol.
P.B.: Me apasiona. Acá soy de Boca Juniors y allá soy anti Colo-Colo.
P.: ¿Por qué anti Colo-Colo?
P.B.: En el 91, jugó la semifinal de la copa América contra Boca y nos tiraron los perros. Se suspendió el partido, mordieron a Navarro Montoya...y eso un bostero no se lo olvida jamás. Todavía lo tengo grabado en la retina.
P.: ¿Qué destacaría de «Las heridas del viento»?
P.B.: Es un texto que me conmovió desde la primera lectura. La temática central es la soledad y la historia en síntesis es la de un muchacho que acaba de perder a su padre con el que tuvo una relación muy distante. Eso lo decide a ocuparse de su legado porque tiene la esperanza de encontrar entre sus papeles algo que le ayude a comprenderlo. Y lo que encuentra son unas cartas de amor escritas por otro hombre (rol a cargo de Gnecco). El tema de la homosexualidad no es un problema, porque lo que le preocupa a ese hijo es resolver el enigma paterno y cuando descubre que este otro hombre no conoció tan a fondo a su padre, se desilusiona. Ahora deberá aprender a vivir con ese recuerdo incompleto. Me emociona mucho hacer esta obra que en Chile tuvo muy buena repercusión.
P.: ¿Qué extraña del circuito teatral porteño?
P.B.: La cantidad de espectáculos y la alta exigencia del público que ve mucho teatro. Cuando llegué a Chile había unas veinte obras en cartelera, hoy hay casi sesenta, está creciendo mucho, pero nada supera a Buenos Aires con su oferta de doscientas obras o más. En Santiago, los artistas argentinos la rompen. Directores como Claudio Tolcachir, Rubén Szuchmacher, Javier Daulte, Daniel Veronese generan mucha admiración... Por todo eso mis colegas me dicen: «¿Qué hacés acá en Chile?».
Entrevista de Patricia Espinosa


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