31 de octubre 2013 - 00:00

Buen cierre del Mozarteum con Combattimento holandés

Con la dirección de Jan Willem De Vriend, el Combattimento Consort Amsterdam regresó a Buenos Aires para cerrar la temporada del Mozarteum.
Con la dirección de Jan Willem De Vriend, el Combattimento Consort Amsterdam regresó a Buenos Aires para cerrar la temporada del Mozarteum.
Combattimento Consort Amsterdam (dirección: J. W. De Vriend). Solista: T. Carroll, violoncello. Obras de J. Haydn, W.A. Mozart y J.Ph.Rameau (Mozarteum Argentino, Teatro Colón, 28 de octubre).

Liderado por su fundador Jan Willem De Vriend, el Combattimento Consort Amsterdam regresó a Buenos Aires, donde le tocó cerrar la temporada 2013 del Mozarteum Argentino. Si bien el ensamble se especializa en un amplio período que va del barroco temprano al primer romanticismo, el repertorio de obras presentado en el Teatro Colón en esta oportunidad se restringió a unas pocas décadas del siglo XVIII, aunque la diversidad de estilos permitió a De Vriend y su equipo demostrar una flexibilidad estética muy refrescante.

El Combattimento Consort se mueve con una soltura asombrosa en una comunión perfecta de sus integrantes. Incluso la gestualidad de todos ellos tiene un denominador común y está siempre al servicio del fraseo. Se lo pudo advertir desde el comienzo, con el "Divertimento en re mayor" (llamado "Nannerl Septet") de Wolfgang Amadeus Mozart, cuya ligereza se hizo corpórea en esta interpretación.

Thomas Carroll, violoncellista galés, se sumó para abordar el primero de los conciertos para ese instrumento de Joseph Haydn; si bien su virtuosismo asombró (el tempo elegido por él y De Vriend para el último movimiento fue casi exageradamente agitado) y su musicalidad y expresividad quedaron fuera de toda duda, las constantes imprecisiones de su afinación restaron brillo a esta instancia del concierto.

Lo mejor de la noche estuvo en la segunda parte, con la suite de la ópera "Les Boréades" de Jean-Philippe Rameau, abordada con un sentido teatral y una magnífica riqueza tímbrica que potenciaron la originalidad y la audacia del lenguaje de su autor, y la "Trauersymphonie" Hoboken I:44 de Haydn, vertida con profundidad y gran conocimiento del estilo.

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