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Buena adaptación de un Grimm a la pareja actual
«El pescador y su mujer» es un nuevo y enriquecedor acercamiento de Doris Dörrie al misterio de la vida en pareja.
Versión recopilada por los hermanos Grimm en algún lugar de la Selva Negra: una mujer le amarga la vida a su esposo, reclama más y más cosas, y nunca está conforme. Versión actualizada de Doris Dörrie: una mujer emprendedora ama a su esposo pero no entiende que él tenga tan pocas ambiciones, y él no soporta que ella viva trabajando para progresar en su carrera. Como se advierte, hay varias diferencias. Pero no se trata de un libelo feminista, sino más bien de un nuevo y enriquecedor acercamiento de Frau Dörrie al misterio de la vida en pareja. Sobre todo, al misterio de cómo pueden atraerse personas tan distintas, y, más aun, cómo pueden bancarse mutuamente. O desbancarse.
Igual que todas las historias de pareja, ésta empieza de una forma muy colorida, los enamorados respiran ingenio y simpatía, y aún más, ella hasta se da el lujo de elegir entre un tipo pintón y con ojo para los negocios, y un petiso que le cae simpático y es materialmente desprendido. Después lo verá menos simpático, e incapaz de prenderse en nada útil. En fin, ya se sabe cómo siguen las historias de pareja. Igual que éstas, la película pierde colorido, se estanca, se repite, parece que va a escarbar en zonas molestas, pero, también, a cada rato muestra que nos puede sorprender con algo nuevo, o renovado. Y que la culpa es compartida, igual que las ganancias (y que a la rubia de este cuento hay que conservarla aunque nos haga trabajar, a diferencia de la vieja gruñona de los hermanos Grimm, que daban ganas de tirarla a un pozo).
Todo ello, he aquí el detalle, observado por una pareja de peces víctimas de un hechizo que se resolverá solo si, para cierta fecha, los protagonistas se siguen queriendo aunque estén casados. Es cierto, Doris Dörrie ha hecho películas mejores, pero ésta también tiene lo suyo, para disfrutar, para analizar solos o en pareja, e incluso para recopilar algunas frases machistas del tiempo de ñaupa, tipo «Una buena esposa ayuda al marido en los problemas que ella misma le ha causado». Peor es cuando el marido biólogo observa al microscopio el comportamiento de la ameba fasciola hepática, que se deja comer por el caracol, solo para regir su cerebro y comerle el hígado. Cualquier parecido con la realidad, es pura coincidencia, dicen todas las películas en los créditos finales.
P.S.


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