14 de febrero 2011 - 00:00

Buenas y oportunas lluvias mejoran cultivo de soja

Las lluvias de la semana pasada mejoraron el cultivo de soja en gran parte de la región productiva, en etapas claves para la definición de rendimientos.
Las lluvias de la semana pasada mejoraron el cultivo de soja en gran parte de la región productiva, en etapas claves para la definición de rendimientos.
Debido a las precipitaciones registradas a lo largo de la semana pasada, se puede ver un importante mejoramiento del estado de la soja en gran parte de la región, en etapas clave para la definición de rendimientos, sostuvo el último informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR).

Durante enero se atravesaron momentos complicados desde el punto de vista climático. La falta de agua se hacía sentir en amplias regiones al este de Córdoba, norte de Buenos Aires y sur de Santa Fe. El cultivo de soja avanzaba en sus etapas de desarrollo y mostraba signos de estrés hídrico difíciles de revertir. Para el cultivo de maíz, estos efectos se reflejaron en pérdidas, ya inevitables, estimadas en hasta el 50% de la producción en las localidades más afectadas. Afortunadamente, las lluvias comenzaron a aparecer desde mediados de enero, y se consolidaron en la región la semana pasada, especialmente hacia el este, informó la Guía Estratégica para el Agro (GEA) que elabora la entidad rosarina.

«Los acumulados más importantes se registraron en la provincia de Santa Fe, con 168 milímetros semanales para Rosario, seguida de Álvarez, donde el acumulado semanal llegó a los 150 milímetros. En contraposición, hubo áreas menos beneficiadas, como la zona de influencia de Lincoln, en Buenos Aires, donde la semana pasada se registraron tan solo 19,2 milímetros y siguen siendo necesarias nuevas lluvias en el corto plazo», agregó el informe de la BCR.

Asimismo, si bien sobre algunas áreas todavía se observan condiciones de escasa humedad, la mayor parte de la región mostró un significativo mejoramiento de la reservas, y las condiciones predominantes varían entre adecuadas y óptimas.

Estos acumulados tendrán un impacto directo sobre los rendimientos, ya que el cultivo de soja cuenta con un nuevo escenario de reservas de agua y, en algunos casos, la humedad es suficiente para llegar a la cosecha sin limitantes hídricas. Igualmente, «es válido marcar la diferencia entre los lotes de soja primera sembrados entre octubre y primera mitad de noviembre -que en general se vieron más afectados por la sequía de enero- y los sembrados desde mediados de noviembre en adelante, que poseen mejores condiciones de crecimiento y desarrollo», culminó el informe de la entidad.

Por su parte, la Bolsa de Cereales de Buenos Aires indicó que de acuerdo con una perspectiva agroclimática para la campaña agrícola actual, «durante los próximos meses La Niña 2010-2011 perderá fuerza gradualmente y todavía se desconoce cuál episodio de transición le seguirá cuando se diluya». Y aclaró: Aun cuando pierda intensidad el fenómeno climático, «continuará perturbando la marcha del agroclima en gran parte del área agrícola nacional».

El informe de la Bolsa detalló que, según la clase de episodio que siga posteriormente a La Niña, se produce un diferente tipo de transición con características particulares. Cuando el episodio siguiente es El Niño, el comienzo de las precipitaciones superiores a lo normal que produce este evento se atrasa.

Esto ocurrió durante El Niño 2009-2010, que, por venir detrás de La Niña 2008/2009, recién comenzó a producir lluvias abundantes hacia octubre de 2009. Debido a esto, las reservas de humedad se recuperaron hacia comienzos de noviembre, obstaculizaron la siembra de los cultivos de invierno y retrasaron la de verano.

Cuando el episodio siguiente es un «neutral», la sequía provocada por La Niña puede durar hasta bien entrada la primavera del año siguiente, lo que generará problemas para la cosecha fina y obstaculizará la siembra y el arranque de la gruesa.

En tanto, cuando el episodio posterior es una segunda La Niña, la intensidad de esta última se acentúa notablemente.

Esto fue lo que ocurrió con el episodio de La Niña 2008/2009 que, por venir detrás de La Niña 2007-2008, alcanzó un vigor inusitado. En estos casos, las reservas de humedad no se recuperaron en ningún momento y provocaron un fuerte impacto productivo.

Por lo tanto, al aproximarse el final de la campaña agrícola 2010-2011, «será conveniente ir analizando qué tipo de transición se presentará durante la campaña 2011-2012», según recomendó la entidad.

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