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BUITRES: El flirteo de Singer y Goldman Sachs
Cohen es otro experto en ese mismo mundo. Es el número dos del estudio que dirige Ted Olson, el abogado que en su momento le garantizó a George W. Bush llegar a la presidencia de los Estados Unidos venciendo a Al Gore (pese a haber obtenido menos votos). Cohen representa en esta oportunidad a uno de sus clientes más complicados: el fondo de inversión NML Elliott, propiedad del megamillonario Paul Singer. Sabe Cohen que en la Argentina se lo llama "fondo buitre" y que Elliott es despreciado en Wall Street. Sin embargo, Singer paga muy bien y vale la pena representarlo.
El hombre de Goldman Sachs y Cohen se encontraron en una oficina neutra, facilitada por otro "fondo buitre". Goldman Sachs y Elliott no se llevan bien desde que ambos se enfrentaron en México por la división de la fábrica de vidrios Vitrum. En esa pelea, Goldman ayudó al mexicano David Martínez (del fondo Fintech), que quería que Vitrum sobreviviera, y Singer, fiel a su instinto, procuraba la partición en diez pedazos.
Sin embargo, esa tarde se llegaba a buen puerto. La idea de Goldman Sachs de hace unos meses era simple: comprarle al contado la deuda de unos 800 millones de dólares que tenía (a precio nominal) Elliott y luego negociar con la Argentina la emisión de un bono por ese dinero más un interés respetable, para finalmente volcar ese título público al mercado. El fondo buitre, que con esa operación hubiera ganado casi un 1.100% en dólares, garantizaba además que retiraría la demanda del juzgado de Thomas Griesa y arrastraría a sus colegas de Olifant, Aurelius, ACP Master y Blue Angel.
El hombre de Goldman Sachs y Cohen volvieron a chocar las manos y a desearse suerte en las negociaciones que el primero debía hacer con la otra pata de la causa. El banco tenía ahora que convencer al Gobierno de Cristina de Kirchner de que era una salida conveniente antes de fin de año. Incluso aseguraba el banco que ya se habían realizado sondeos con el equipo económico que manejaba Hernán Lorenzino. No pudo ser.
El equipo económico cayó. Lorenzino dejó su cargo y fue reemplazado por Axel Kicillof. También fue renunciado el secretario de Comercio Interior Guillermo Moreno, en quien Lorenzino confiaba para que lo ayudara en la intención de convencer a la Presidente. La crisis del gabinete económico, fruto de la pérdida de las elecciones legislativas de octubre de 2013, arrastró la idea a la papelera de reciclaje. La nueva orden era que si había alguna negociación con los acreedores, sería desde el Ministerio de Economía y con otros bancos, además de Goldman Sachs. Se sumarían entidades para que cada una hiciera una propuesta y a la mejor opción se le daría el aval para que negociara luego con los fondos buitre. Se mencionaba al Citibank, al HSBC, al Deutsche Bank y al UBS como interesados en la gestión. Todos harían cola, se esperaba, para exponer sus planes, que seguramente serían más atractivos que el de Goldman Sachs.
Se confiaba además en Buenos Aires que las gestiones del recientemente contratado exprocurador en los Estados Unidos, Paul Clement, por sus influencias en la Corte Suprema de su país y ante el Gobierno de Barack Obama. Las cosas no salieron como se esperaba. La Corte no tomó el caso y en junio de 2014 la bomba del "pari passu" estalló nuevamente en el juzgado de Griesa, que exigía que su fallo de octubre de 2012 se cumpla.
Nunca más se comunicaron el hombre de Goldman Sachs y Cohen. Y la oportunidad de un acuerdo privado que termine el litigio se perdió. Al menos hasta ahora.
@cburgueno


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