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Busca Macri diálogo para plan de obras hasta 2020
Mauricio Macri
Lo de Macri parece más encarado a una «filosofía económica». Así se lo ha dicho a sus diputados y ministros, a los cuales reunió el viernes pasado en el palacio municipal, a modo de reencuentro tras sus vacaciones en Europa. Estaban, además, Horacio Rodríguez Larreta; el secretario general, Marcos Peña, y la ex vicejefa Gabriela Michetti, los tres abocados a la tarea organizativa de la convocatoria que lanzará Macri en las próximas horas. Allí los asistentes advirtieron la presencia de un extraño a PRO, Bernardo Blejmar, un consultor especializado en «temas de transformación» -participó en el Diálogo Argentino, una instancia que tuvo el país en 2001, por entonces llamado por la Iglesia-, y también relacionado con la ex Poder Ciudadano Laura Alonso, diputada electa del macrismo.
Con todo eso, Macri quiere llegar a plantear a opositores y a actores sociales de la economía que las dificultades para impulsar obras para lo que considera debe ser la transformación de la Ciudad radican en la estructura presupuestaria. Da cuenta de que aún con todo el impulso y sin crisis, lo que puede destinar el distrito para infraestructura no alcanza para las necesidades. Entonces, cree que deben contemplarse otros mecanismos, como el que está promoviendo para un túnel en la 9 de Julio, en el cual, a cambio de la obra los inversores ganen luego con el precio del peaje, por ejemplo. «Que el Teatro Colón se autofinancie», se animó a proponer un legislador tratando de entender la idea. Macri hasta dio datos, como que la deuda social de la Ciudad necesita $ 50 mil millones hasta 2020. Se fijó, para aleccionar a la tropa, en la gestión del fallecido ex intendente de Tigre Ricardo Ubieto, que -calcula- «destinaba el 70% del presupuesto para obra pública». En cambio, en la Ciudad, alrededor del 50% lo consumen los sueldos del personal, el resto los servicios, como el pago por la recolección de residuos, que ya supera los $ 1.000 millones anuales, y así se destina para infraestructura cerca del 10%.
Ese diálogo presume de traspasar el ciclo de su mandato y varios próximos, como muchos de sus antecesores que también labraron planes inconclusos o incumplidos, a futuro. Pero en el macrismo sostienen que no habrá sólo papeles. Pretenden que los que suscriban el pacto, si a eso llegan, no sólo lo transformen en un convenio político-social, sino que tal vez pudiera tener forma de ley. «Para cumplir todo lo que dice la Constitución porteña, no alcanza», grafican replicando a Macri. Agregan que, además, la Ciudad aumentará sus gastos a la vez, ya que «si se hacen escuelas se nombran maestros, si se mejora la salud se emplea también más personal», dando cuenta de la reducción que suponen a futuro de fondos para infraestructura. Esta vez, por cierto, Macri ante los suyos no se quejó del impedimento del Gobierno nacional para que la Ciudad pueda emitir deuda, porque para sus proyectos aún no alcanzaría.
El jefe porteño primero se entregó a la charla semanal de los viernes con Michetti, quien está elaborando un organigrama para la convocatoria a ese diálogo porteño que incluirá «organizaciones sociales y económicas del distrito». El principal escollo político es que la oposición en la Capital Federal es compleja: el kirchnerismo está dinamitado, la Coalición Cívica, en crisis, y la nueva alianza de Pino Solanas asumirá recién en diciembre.


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