17 de octubre 2012 - 00:00

“Cada vez somos más los que escribimos ‘fantasy’”

Digna representante del fenómeno del «fantasy» en nuestro país, a los 24 años, Tiffany Calligaris ya tiene un primer bestseller: «Lesath. Memorias de un engaño», que agotó su primera edición en poco tiempo, y ya prepara la segunda parte.
Digna representante del fenómeno del «fantasy» en nuestro país, a los 24 años, Tiffany Calligaris ya tiene un primer bestseller: «Lesath. Memorias de un engaño», que agotó su primera edición en poco tiempo, y ya prepara la segunda parte.
El desarrollo del «fantasy» en la literatura argentina se debe a la popularidad de la saga «El señor de los anillos» de J.R.R. Tolkien que publicó Minotauro, la mítica editorial argentina dirigida por Fancisco Porrua, que vendió a partir de 1977, en menos de 5 años, más de 8 millones de ejemplares de las obras del escritor sudafricano-británico. Fantasy es una forma narrativa que si bien está cercana a la literatura fantástica, donde la argentina ha hecho grandes aportes a través de Borges, Bioy y Cortázar, fundamentalmente, y próxima a la ciencia ficción, tiene rasgos propios; es un género de aventuras, con conflictos míticos, en un mundo utópico que suele tener reglas mágicas. La gran pionera en nuestro país es la escritora y licenciada en Letras Liliana Bodoc con su consagratoria «La saga de los confines». En los últimos años ha surgido un grupo de escritores dedicados al fantasy entre los que están Victoria Bayona («Camino a Aletheia»), Juan Ignacio Iribarne («Tiempos oscuros»), Pablo Nieto («La fortaleza oscura»), Nicolás Pinto («Leyenda de Mhoires»). Meses atrás salió «Lesath. Memorias de un engaño», publicada por Planeta, primera parte de la trilogía de la porteña Tiffany Calligaris, que en este momento tiene 24 años y está por recibirse de abogada. En un mes la ópera prima de Tiffany Calligaris había agotado la primera edición de 5.000 ejemplares y seguía con buen ritmo de ventas. Dialogamos con ella sobre su obra y el fenómeno del fantasy en nuestro país.

Periodista: ¿Por qué está tan de moda la literatura fantasy, al punto de que surge un grupo de nuevos escritores de entre 18 y 35 años, y que en casos como el suyo agotan tiradas?

Tiffany Calligaris: Tuve suerte, al mes de salir la novela se habían vendido 5.000 ejemplares, y agotado la primera edición. En verdad no sé qué pasó para que haya un grupo de chicas y muchachos que se pusieron a escribir fantasy. Creo que es algo que le gusta a gente de todas las edades, como lo muestran «El señor de los anillos» de Tolkien, «Las crónicas de Narnia» de C.S. Lewis o «Harry Potter» de Rowling, que fue la que más impulsó el interés por el género, al que luego ayudaron las películas basadas en esos libros emblemáticos, y en la tele series como «Juego de tronos».

P.: ¿Cuál de esos libros fue el que la enganchó con esos mundos imaginarios?

T.C.: El primer libro de Harry Potter lo leí cuando tenía 10 años, y fue una de las principales razones que me decidieron a escribir. Harry Potter es un mundo inmenso, creó deportes, lenguajes, tantas cosas. Como escritura que me encanta, la de Lewis Carroll y las aventuras que le hace vivir a Alicia con palabras muy simples.

P.: ¿Cómo se le ocurrió lanzarse a escribir en la Argentina la historia de Adhara, la hija de un elfo y una humana?

Tiffany Callegaris: Desde chica fui lectora de fantasy. Eso me hizo pensar que el día que me pusiera a escribir iba a tener que ser dentro de esos mundos que me habían apasionado y hecho soñar. Cuando me decidí a escribir, la primera imagen que tuve fue la de Adhara, la protagonista. Sentí que me contaba de su madre, Selene, una humana que nació en Naos, y a los 20 años dejó su hogar para siempre. En su andar conoció a Adhil, un elfo, y se enamoraron a primera vista. Se fueron a vivir en Alyssian, un bosque encantado que habían encontrado los elfos para alejase de los humanos y vivir en paz. Adhara, un híbrido de elfo y humano, al llegar a los 20 años decide hacer su camino, saber a qué raza pertenece más, y se lanza a la aventura de conocer Lesath, la tierra de los humanos, donde viven sus abuelos maternos. Después sabremos que allí está el Concilio de los Oscuros, que gobiernan secretamente el lugar.

P.: ¿Cómo construyó la trama, algo fundamental en fantasy?

T.C.: Tenía a mi protagonista dispuesta a hacer su camino y luego fueron surgiendo las imágenes de los personajes principales. Empecé a anotar situaciones que podían suceder. Tenía varias ideas pero no sabía cómo conectarlas. Hace unos años viajamos con mi familia a Venecia, para el carnaval, y allí encontré el clima, el sentido de la historia de Adhara. Fuimos a un baile donde todos estaban vestidos de época. Esas personas con antifaces sentí que me llenaba de ideas, lo que más quería era ponerme a anotar cosas, sentarme a escribir.

P.: ¿Cuáles fueron las ideas que se le presentaron que convertían los personajes que tenía en una aventura novelesca?

T.C.: Me di cuenta de que quería contar qué le pasaba a la protagonista que no sabe cuál es su lugar en éste mundo. Ella, como tantos otros en esa etapa crucial de la vida, se siente perdida y trata de ver dónde quiere estar, con quién quiere estar, adonde siente que pertenece. Al ver en Venecia la gente escondiéndose tras de máscaras, de día vistiendo de un modo y de noche de otro, pensé que ese modo nocturno no era un disfraz sino lo real, y así se me ocurrió el grupo de magos oscuros, los Warlocks. Sentí que se presentaban de un modo que era sólo su apariencia, una apariencia que escondía la verdad que eran seres totalmente diferentes.

P.: ¿Hizo algún taller literario que la ayudó a contar esa historia?

T.C.: Había hecho uno en el Centro Cultural Borges. Y aunque no lo crea, estudiar abogacía me ayudó mucho. Se tiene que leer, ver casos, realizar escritos. No es que se escriba en el género fantasy, pero ayuda, plantea cuestiones de rigor expresivo por más imaginativo que sea lo que se cuenta.

P.: ¿Cuánto tiempo le llevó escribir su novela?

T.C.: La primera me llevó dos años. La primera porque cuando me puse a escribir la historia de Adhara sentí que iba a ser una trilogía porque no iba a llegar a contar su historia en un solo libro. A «Lesath. Memorias de un engaño» la escribí para mí, no tenía pensado mandarla a una editorial. Cuando lo terminé y le conté a mis padres y a mis amigos que había escrito un libro, hubo sorpresa. Todas sabían que estaba escribiendo, pero ninguno pensaba que era algo tan extenso. Mi primer lector fue mi padre, al que si bien es licenciado en Economía le gusta mucho la ciencia ficción. Le gustó mucho, y me dijo de mandarlo a una editorial. Se lo envié un jueves a una editorial chica, donde había gente conocida, y Ernesto Sandler, el dueño, me llamó el lunes para encontrarnos. Me dijo que le había encantado, pero que era para una editorial más grande. Y así llegue a Planeta, donde estuve varios meses trabajando con una editora hasta que salió el libro.

P.: ¿Cómo piensa continuar la historia?

T.C.: La segunda parte ya la entregué a la editorial. Es la segunda etapa de esa mujer aventurera, inconformista, que no acepta que le ordenen un lugar y decide elegirlo a través de su experiencia. Quiere saber de dónde es y elige arriesgarse en aventuras que la llevan más allá de donde esperaba.

P.: ¿Harry Potter demostró que los adolescentes leen?

T.C.: Mis amigos leen, y algunos mucho, y antes de que apareciera Harry Potter que llevó a leer a millones de chicos en el mundo, pero hay muchos que les gusta más ver televisión que leer. Harry Potter ayudó a que los chicos no vieran la literatura como algo aburrido, que se puede disfrutar de una historia sin que sea algo tedioso, que la literatura saca del mundo en que se vive y lleva a otros mundos, a otros paisajes donde existe la magia, el misterio, el romanticismo y la heroicidad. Es una buena forma de escapar de lo cotidiano.

P.: ¿Tiene relación con sus colegas que escriben fantasy?

T.C.: Algunos nos hemos juntado en reuniones para conocernos, o porque nos convocaban los medios. Yo trato de no leer a mis colegas por ahora, hasta que no termine mi trilogía, para no influenciarme. Bueno, leí «Camino a aletheia» de Victoria Bayona, que es actriz, y me encantó. Pablo Nieto, que es psicólogo, publicó «La fortaleza oscura», un gran libro que está dentro de lo que se puede considerar la fantasy clásica. Cada vez somos más los escritores que nos animamos en la Argentina a escribir fantasy.

Entrevista de Máximo Soto

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