23 de julio 2015 - 00:00

Caló, disconforme con el salario mínimo

El jefe de la CGT oficialista, Antonio Caló, consideró ayer insuficiente el salario mínimo de $ 6.060 pactado el martes por gremialistas y empresarios, con su propio protagonismo en la mesa de negociaciones, y dijo que el piso debería ser de unos 9.000 pesos. También ayer referentes del sindicalismo opositor, como Hugo Moyano y Pablo Micheli, coincidieron en cuestionar el valor de referencia alcanzado en la convocatoria del Consejo del Salario Mínimo.

En el caso de Caló, admitió por radio que para vivir "dignamente" un trabajador necesitaría por lo menos un piso asegurado de $ 8.500 y que incluso si contara con esos recursos no podría "tirar manteca al techo". El jefe de los metalúrgicos validó, en la paritaria de este año de su gremio, una base salarial de 8.130 pesos.

Alegó, de todos modos, que "el salario mínimo alcanza a sólo 150 mil trabajadores" y sostuvo: "Será mucho, será poco; no sé. Pero todos los años se va corrigiendo". El gremialista valoró así el sostenimiento de la institución del Consejo del Salario con reuniones en los últimos 12 años, de manera consecutiva. En el encuentro del martes, la mesa tripartita acordó una suba del 28,5% en dos cuotas: un 18,5% desde agosto y el 10% restante, a partir de enero.

Más duros fueron Moyano y Micheli. En una conferencia conjunta calificaron de "lamentable" el nuevo piso salarial y dejaron la puerta abierta para resolver medidas de fuerza luego de las primarias del 9 de agosto. Como había anticipado este diario, evitaron dar precisiones acerca de un eventual plan de lucha de aplicación concreta.

"Le faltaron el respeto al trabajador", dijo el jefe de los camioneros y de la CGT opositora al referirse al aumento que, según dijo, "no tiene nada que ver con la realidad". Apuntó en esa línea que "no se discute el salario" en ese ámbito sino que "se anuncia" lo impuesto desde el Ejecutivo a gremialistas cercanos al oficialismo.

En los últimos años los líderes de las centrales opositoras quedaron al margen de los debates en el Consejo del Salario. Aunque el Gobierno años atrás intentó llevarlos a la mesa de negociaciones, Moyano llegó a negarse por entender que se trataba apenas de convalidar una cifra impuesta por los funcionarios. Desde entonces dejaron de convocarlo, al igual que a Micheli.

El líder de la CTA disidente sostuvo que el encuentro tripartito fue apenas "una fiesta de 15" a la que los protagonistas asistieron para "decirse entre ellos que está todo perfecto". "La Presidenta, que parece una emperadora, no acepta ni una sola disidencia. No es capaz de bancarse la pluralidad y la diversidad", criticó el estatal Micheli.

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