22 de febrero 2016 - 00:27

Cameron jugará la carta del cataclismo económico para evitar el "Brexit"

Cuando en septiembre de 2014 David Cameron enfrentó el referendo soberanista escocés, echó mano de un artilugio bien conocida en las disputas políticas: una campaña de temor económico que, finalmente, dio sus frutos. Ahora, ante una cita de mayor riesgo para su legado como primer ministro y con viento en contra dentro de su propio partido, el primer ministro británico podría reeditar esa estrategia para asegurar la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea (UE). Una jugada, no obstante, que apareja altos costos, indican analistas.

Antes de la cumbre del viernes pasado, donde se selló el acuerdo que le facilita hacer campaña por el "Sí, la banca y las instituciones calificadoras iniciaron una seguidilla de anuncios y difusión de previsiones que enmarcaban los riesgos del "Brexit" (salida británica del bloque) en un cataclismo económico.

El banco británico HSBC -el tercero más importante del mundo- prometió trasladar 1.000 puestos de trabajo de Londres a París. Goldman Sachs y el Citi pronosticaron que la libra esterlina se devaluaría entre un 15% y un 20% frente a otras monedas del comercio internacional. ING estimó que la economía británica perdería un cuarto de su Producto Bruto Interno (PBI) y Morgan Stanley´s considera que la salida de la UE precedería un período de incertidumbre económica y política.

De lo que advierten todos estos pronósticos negativos es de la pérdida para el Reino Unido de beneficios de comercio con el resto de Europa, de facilidades en el flujo de mano de obra calificada y de la consolidación del mercado de Londres como la plaza financiera principal para hacer negocios en todo el bloque.

"Los beneficios del comercio, basados en una mayor eficiencia a través de la especialización, son más grandes para una economía pequeña, como Reino Unido, que captura más ganancias. Europa ofrece mercados para los bienes británicos y los consumidores británicos obtienen precios más bajos y una mayor variedad de productos", explicó a Ámbito Financiero el profesor de Economía, Michael Ben-Gad, de la City University London.

Entre el 45% y el 50% de las exportaciones británicas tienen como destino países de la UE. "Quienes se oponen a la permanencia, afirman que el país podrá negociar un trato superior que le daría todos los beneficios sin los costos", dijo. "Al contrario, la UE tendría un incentivo para castigar al Reino Unido y asegurarse de que la salida sea lo más perjudicial posible para servir como una advertencia a otros países", destacó.

Los euroescépticos insisten en que Londres recuperará beneficios con sus excolonias. "El bloque tiene mucho más poder de negociación por su propia cuenta, y esos países tienen poca necesidad de resucitar el antiguo imperio británico y su sistema de preferencias", subrayó.

Quitando de sus mentes el tamiz de la inmigración y centrándose en los beneficios económicos, la mayoría de los británicos está entonces dispuesta a permanecer en la UE. Un trabajo del think tank Open Europe mostró que el 39% cree que la economía británica es mejor dentro del bloque frente al 36% que piensa lo contrario.

Con esos datos presentes y la venia de las entidades financieras, no es improbable que Cameron se decante por una campaña de temor económico, en especial cuando en el campo político se presenta más difícil y en el social más complejo explicar los beneficios intangibles de la permanencia en la UE.

No obstante, Javier Ortega, jefe del Departamento de Economía de City University London, advirtió a este diario sobre el efecto antipopular de tomar las banderas de las entidades financieras. "El auge del nacionalismo escocés, británico (UKIP) o la elección de (Jeremy) Corbyn como líder laborista muestran que el sentimiento antielites es bastante fuerte. Una presión muy fuerte proveniente del Gobierno o del mundo financiero en favor de quedarse en la UE sería percibida como paternalismo de las élites que dirían a los votantes que es lo que se puede pensar o no, y podría acabar favoreciendo al Brexit", afirmó. "Los argumentos a favor del 'Sí tienen que presentarse de forma racional y medida", añadió.

En momentos en que hablar de los beneficios de la inmigración europea parece estar subestimado, Ortega no teme señalar el daño que perderla implicaría para Reino Unido. "El mayor costo de un eventual Brexit es que el país volvería a controlar su política migratoria y esto a corto plazo llevaría probablemente a una política mucho más restrictiva, que pondría el peligro el crecimiento británico. Una de las razones por las que se creció más que la mayor parte de las otras naciones europeas desde mediados de los 90 fue el gran número de inmigrantes que llegaron y trabajaron en el país desde esa fecha", señaló.

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