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“Cantarle a Fellini es un asunto de mujeres”
Valeria Ambrosio: «Tomamos las canciones de sus películas más famosas e intentamos siempre estar cerca del espíritu fellinesco».
En la obra se toman las canciones de «Amarcord», «La Strada», «Ocho y medio», «Casanova», «Linternista» y «La ciudad de las mujeres» y se ofrece un recorrido musical con algo de contenido teatral. Está protagonizada por las mismas que integraron el elenco del musical «Nine»: Patricia Browne, Andrea Cantoni, María Susana Ceva, Georgina Frére, Iara Lublinsky, Coni Marino, María Roji y Juliana Ruiz. La idea surgió de las actrices que convocaron a Ambrosio para dirigirlas. Dialogamos con la directora sobre este proyecto y sus dos obras anteriores: «Pimpinela, la familia» y «Mueva la patria».
Periodista: La idea surgió de las ocho actrices que conformaban el elenco de «Nine». ¿Cómo recibió la invitación de ellas a dirigirlas?
Valeria Ambrosio: Me encantó porque si bien soy admiradora de Fellini, a partir de esa experiencia en «Nine» siguieron con ganas de volverse a juntar y hacer algo con las canciones del director. Nos reunimos con el material que ellas habían ensayado y el resultado son ocho mujeres cantando canciones de Nino Rota, Nicola Piovani y otros. No hay trama, es un concierto, aunque hay puesta y un cuentito en cada canción.
P.: ¿Aparecen las diferentes mujeres de la vida del director, la madre, la esposa, la amante, la musa?
V.A.: Claro, este espectáculo es más abarcativo, tomamos las canciones de más películas e intentamos siempre estar cerca del espíritu fellinesco. Las actrices interpretan muchos personajes, no hay una gran historia sino que cada canción tiene su pequeño guioncito para sumarle lo actoral al canto. Se construyen imágenes que evoquen sus películas, hay además proyecciones. pero lo fuerte está en lo vocal. Las canciones son conocidísimas.
P.: ¿Las letras se cantan en italiano o hay adaptación?
V.A.: Las canciones fueron adaptadas al castellano pero otras era un crimen traducirlas, así que las hicimos en italiano. Hay fragmentos de textos sacados de películas, que el fanático sabrá de dónde están extraídas, y el que no se encontrará con textos hermosos sacados de contexto. No hizo falta traducir las que son en italiano, como las imágenes que muestran a Giulietta Masina y ese rostro único, no hace falta explicar nada.
P.: ¿Quien no haya visto la obra de Fellini queda excluido?
V.A.: No hay que haber visto Fellini, aunque quienes lo aman y recuerden la música de las películas tendrán una invitación a revivir esas películas que ya están en la historia y no se volvieron a hacer nunca más, no sé por qué.
P.: ¿Hay en la obra la nostalgia por el tiempo pasado?
V.A.: Un poco sí, pero sobre todo es un homenaje. Cuando vi Fellini a los 19 años me pegó, y hoy, a los 40 siento lo mismo. Esa mirada de autor, el menos neorrealista, que sin embargo con sus sueños plasmados en película llevan a que sean los sueños de otros. Lo que me cautiva de Fellini es que lleva al espectador a construir el guión, invita a un espectador activo. En cambio hoy, cuanto mas claro y rápido sea el film mejor, no hay posibilidad de indagar, de explorar, hoy está todo servido.
P.: ¿El formato de concierto fue una decisión artística o responde a que se trata de una producción chica?
V.A.: Esto no es una megaproducción, es algo chico que probablemente, si se instala, ojalá, se convierta luego en otra cosa. Por ahora es a pulmón, todos hacemos todo, no está el productor que te pregunta qué necesitás y lo trae. Por esto también tiene formato de concierto, lo otro necesitaría mas tiempo de trabajo. Así es una invitación a pasear por los recuerdos, es una hora y cuarto donde busco que el público sienta que le han inyectado algo para volar.
P.: ¿Cómo surgió la colaboración para dirigir «Pimpinela, la familia»?
V.A.: Estaba escribiendo una comedia musical con música de los Pimpi y les pedí permiso para usar sus canciones. No sólo les encantó la idea sino que ellos tenían la necesidad de contar su historia de vida, con lo que armamos esa producción. Dejé mi proyecto de lado e hicimos eso. Para mi fue interesante la incursión, además de conocer más el repertorio. Fue riesgoso pero todos sobrevivimos. Me gustó poner mi huella en algo más popular, sin estar traicionándome, conté una historia y no dejé de lado las imágenes y mi manera de contar y comunicar.
P.: ¿En qué quedó su proyecto inicial con la música de Pimpinela?
V.A.: Se convirtió en un guión para cine que se llamará «Olvídame y pega la vuelta», estamos en etapa de producción, con el guión terminado y toda la burocracia porque como soy ópera primista la presentamos en el Inca.
P.: ¿Cree que hay una intención deliberada, en directores jóvenes, de sacralizar lo retro y hasta lo kitsch?
V.A.: Mi atracción por Pimpinela no tiene nada que ver con eso, en mi caso fui una vez a un recital y verifiqué algo, sentí algo verdadero. Puede gustar o no pero no hay duda de que ellos son eso, y tienen un gran público que los sigue. Además ellos no son rétro, siguen grabando hoy discos.
P.: Claro pero comenzaron hace décadas igual que Sergio Denis o Cacho Castaña, y hoy aquello pasa a ser cool por lo rétro.
V.A.: Ellos son parte de la cultura popular y está bueno tenerlos en cuenta. Hoy no está eso verdadero que se encuentra sólo en pocas cosas. No por nada se vuelve a mucho al arte de los 60, cuando había otro compromiso, de nuevo, está esa melancolía de llegarle más adentro a las cosas, algo que hoy con la velocidad no se logra procesar. Con Pimpinela hubo una combinación excelente de una búsqueda diferente y público masivo. Para todo se busca el remate y el chiste fácil permanente, y busco otras cosas, para lo que quizá es más difícil encontrar público.
P.: ¿Cómo fue el intercambio con los creadores de Revista Barcelona en «Mueva la patria»?
V.A.: De nuevo, tuvo que ver con la verdad. Quisimos contar la historia de nuestro país y utilizamos la cumbia. Me llamaron para dirigir y mostramos la historia de manera cruda y con humor, para que pudiera ser digerido. Lo hicimos como sabemos hacerlo y como nos gusta a nosotros.
Entrevista de Carolina Liponetzky


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