4 de junio 2009 - 00:00

Caos anti-K y grietas K a tres domingos del 28

Caos anti-K y grietas K a tres domingos del 28
A tres domingos de las elecciones legislativas, el caos domina el armado de las principales ofertas políticas en la provincia de Buenos Aires. El síntoma se advierte con mayor nitidez en los partidos de la oposición, pero el oficialismo no está exento de grietas y contradicciones internas en el tramo final de la campaña proselitista.

Si el objetivo de la oposición es vencer al kirchnerismo y posicionarse para ser una opción de gobierno en 2011, Felipe Solá no debería reclamarle a través de los medios a Francisco de Narváez que lo incluya en los spots de campaña. Pero tampoco Elisa Carrió debería advertirle a Julio Cobos a través de los diarios que ni ella ni la UCR le entregarán «la causa a un dirigente con buena imagen».

El hastío y la desidia que generan las internas opositoras ventiladas públicamente, en la cuenta regresiva de las últimas elecciones antes de las presidenciales de 2011, es capitalizada por el oficialista Frente para la Victoria-PJ. Eso no significa que el Gobierno esté exento de incongruencias en medio de su campaña proselitista. La CGT de Hugo Moyano, uno de los principales soportes del matrimonio presidencial, intercambia advertencias con la ministra de Salud, Graciela Ocaña, casi a diario. En esa pelea, las dos partes ponen a Cristina de Kirchner como garante de una cohabitación pacífica que expone al oficialismo en medio de la campaña.

Pero el síndrome del descalabro proselitista se acentúa en las ofertas opositoras. De intercambiar reclamos permanentes en cuanto a spots televisivos, tenor peronista o no peronista de los actos y política de seguridad, ahora Solá, De Narváez y Macri se muestran juntos todos los días en una desesperada acción mediática que no genera credibilidad ni en los medios ni en la opinión pública.

En la oposición antiperonista ocurre algo similar. Ni Cobos ni el gobernador socialista de Santa Fe, Hermes Binner, dos presidenciables del Acuerdo Cívico y Social acceden siquiera a sacarse una foto con Elisa Carrió. «Ojalá la voten, porque es una persona valiente, pero desde el punto de vista de la construcción política, es una persona compleja. No la imagino planificando en una mesa una acción de gobierno», se confesó Binner. En las elecciones presidenciales de 2007, el senador Rubén Giustiniani, jefe político de su Partido Socialista, había secundado a Carrió, esa dirigente «compleja», sin capacidad de «planificar una acción de Gobierno», en la papeleta que compitió con la fórmula Cristina de Kirchner-Julio Cobos. Para completar el panorama, ayer el vicepresidente amenazó nuevamente con retirar a sus candidatos de la boleta bonaerense por una presunta marginación sufrida a manos de la UCR, el partido que lo expulsó, después lo perdonó y ahora lo vuelve a marginar.

Dirigentes del kirchnerismo que frecuentan a Kirchner en la quinta presidencial de Olivos festejan las ocurrencias de la oposición. Y destacan como un factor positivo que las incoherencias en el armado de Unión-PRO y del Acuerdo Cívico y Social aumenten la apatía y el desinterés del electorado por los comicios del 28 de junio. Aseguran, siempre preservando su identidad, que el «Gobierno gana si se mantiene el statu quo y la desilusión de la gente frente a la elección». El concepto, surgido de los think tank del kirchnerismo, es aún más crudo y brutalmente pragmático: «Cuando ven a Solá y a De Narváez peleándose, todos piensan que es mejor seguir como estamos que intentar un cambio».

No importan las candidaturas simuladas, ni que Daniel Scioli se haya enterado que iba a ser candidato a través de un chiste del ex presidente a un programa cómico. Incluso la flagelación política e institucional de oficialistas y opositores aparece como un recurso válido de campaña.

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