El agente del servicio secreto de los Estados Unidos Ethan Burke, que estuvo al mando de un helicóptero de combate en la Guerra de Irak, despierta en un extraño hospital de Waynard Pines, Idaho. El auto en que iba a ese pueblito, aislado y bucólico, para tratar de descubrir el paradero de dos colegas suyos, agentes federales, que desaparecieron cuando iban en la misión de dar con el millonario David Pilcher, fue chocado violentamente por un camión, el chofer murió y él comienza a tratar de darse cuenta de dónde está. Ha perdido su celular, sus documentos, las cosas que llevaba. Escapa del hospital para ir a buscar sus pertenencias en la comisaría del pueblo. Un pueblo idílico con chicos que juegan, con pocos habitantes, donde la gente vive feliz puertas adentro de sus casas. Pero todo empieza a complicarse. No le dan sus cosas. Encuentra muerto a uno de los agentes que buscaba, con señales de que ha sido duramente torturado. Y la compañera de éste, una agente con la que Ethan tuvo un romance, se ha casado con un hombre del lugar, y parece tener veinte años más. Ethan recuerda a su mujer y su hijo, piensa que debe comunicar lo descubierto, decide irse del lugar. No lo dejan. Y cuando lo intenta, las calles lo vuelven siempre al mismo lugar, a ese "paraíso en la Tierra", según los carteles, donde la gente le resulta cada vez más extraña. Así arranca esta novela, que va saltando de género en género. Comienza siendo un policial ubicado en 2014 para pasar luego a ser una novela de acción y romance, convertirse en un thriller que se desliza a la novela de terror con acechantes monstruos caníbales, y terminar en una distopía de ciencia ficción, en ese mismo pueblo pero unos tres mil años después.
Desde hace un tiempo la novela policial, la novela de misterio, el thriller se viene fusionando con otros géneros, un buen ejemplo de ello son las novelas de John Connolly (ver aparte). En el caso de "Wayward Pines" el mestizaje es excesivo. A pesar del relato concluir de forma inverosímil se lee de una sentada por la forma en que está escrito. Tiene un ritmo endiablado y se lo lee como quien lee un cómic, o ve una serie de televisión. Blake Crouch confiesa que se inspiró en "Twin Peaks", la serie creada por David Lynch a comienzos de los 90, y que remite a la idea de "pueblo chico, infierno grande" que ya estaba en "Payton Place" ("La caldera del diablo" entre nosotros) de Grace Metalious, en los 60. Hoy la fuente de inspiración de los escritores de pulp fiction son las series de TV y los videojuegos. Y es allí donde apunta el destino de lo que escriben. Esta novela se presentó hasta el mes pasado por la cadena Fox, protagonizada por Matt Dillon, y con una producción de N. Night Shyamalan (aquel que comenzó con "Sexto sentido", para ir perdiendo el sentido en sus películas posteriores), interesado por el mundo de los sobrenatural.
Dejando de lado el temor a caer en spoiler (total ya se dio por la tele), el asunto pasa por un millonario que se considera un dios y que como sabe que en el futuro la raza humana será terrible, el planeta será dominado por una tribu de mutantes carnívoros, decide una especie de criogenización de un pueblo de elegidos para tener en un par de milenios una especie capaz de perpetuar la humanidad actual. La novela engancha, entretiene, ha sido un best seller en los países de habla inglesa, y permite al lector una serie de juegos del estilo de descubra los diez errores del relato, las diez incongruencias más notables, qué otros cinco caminos utilizaría para escapar, qué final le daría en vez de concluir con el happy end de la familia unida. Si la toma así es más que una novela, es casi un juego para la Play.
| Máximo Soto |



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