22 de marzo 2012 - 00:00

Caso Píparo: demanda millonaria a banco

Carolina Píparo y su marido, Juan Ignacio Buzali, iniciaron ayer una demanda por $ 6,6 millones al banco Santander Río por la trágica salidera que sufrió en una sucursal platense de esa entidad a mediados de 2010.

La demanda de los Píparo quedó radicada en el Juzgado Civil y Comercial N° 16 de La Plata, a cargo de Enrique Gorestegui. Carolina y su marido -patrocinados por Fernando Burlando- responsabilizan en su demanda al banco por entender que fueron los culpables de lo que pasó, y afirman que de haber tomado la entidad normas de seguridad, ella no habría sido víctima de la trágica salidera de La Loma. Entre otras cuestiones, Carolina critica la actitud del cajero que el 28 de julio, un día antes del brutal ataque, le dijo que no tenía dinero para entregarle y que volviera al día siguiente a pesar del avanzado embarazo.

«Pero la conmoción pública que generó este hecho aberrante -relata la víctima en la demanda-, la colaboración y solidaridad de toda la sociedad puesta al servicio de esclarecer el ilícito, no tuvo su correlato en la actitud asumida por las autoridades de la sucursal del banco...».

Agrega que en ese sentido, desde el banco le negaron a la Justicia las filmaciones de las cámaras de seguridad y obligaron a que se ordenara su secuestro.

Según la demanda, «hemos podido apreciar al igual que el conjunto de la sociedad -porque las imágenes fueron difundidas públicamente por todos los canales de televisión-, que en el momento de proceder a la extracción del dinero en la caja del Banco Santander Río, fui literalmente «marcada» por un sujeto que se encontraba desde momentos antes en el interior de la sucursal, sin realizar operación o trámite alguno y ante la escandalosa pasividad del personal de seguridad. A tal punto que esta persona se retira del banco en el momento en que ve que el cajero me entregaba el dinero».

En el momento de reflexionar sobre los padecimientos, los accionantes relataron que «verdaderamente esperábamos la llegada de Isidro, nuestro primer hijo, con mucha ansiedad y felicidad». Luego agregan que «este daño adquiere extrema gravedad no solamente por su intensidad, sino por su perdurabilidad ya que se prolongará a través de toda nuestra existencia. Difícilmente se conciba una lesión espiritual mayor que la pérdida de un hijo. La vida de los hijos representa para los padres desde el ángulo sentimental un valor incomparable». El brutal ataque, para Carolina, «alteró radical y definitivamente mi vida afectiva y de relación».

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