2 de marzo 2010 - 00:00

Castigo a Goldman de los dioses (de Atenas)

Emilio Ocampo
Emilio Ocampo
Luego de la absorción o desaparición de Salomon Brothers, Bear Stearns, Lehman Brothers y Merrill Lynch y con su eterno rival Morgan Stanley algo maltrecho después de la crisis, sólo los banqueros de Goldman Sachs pueden vanagloriarse de ser los amos del universo en Wall Street. Más de trece mil millones de dólares de ganancias netas en 2009 lo confirman. Pero ser el banco de inversión más respetado, más rentable y más temido del planeta tiene su costo.

En los últimos tiempos dos escándalos han contribuido a empañar la reputación de Goldman Sachs. El primero de ellos tiene que ver con AIG, la compañía aseguradora que tuvo que ser rescatada por el Gobierno de Estados Unidos en 2008. El segundo, está relacionado con la crisis de Grecia. Ambos han dado letra a un número creciente de críticos de la firma.

Nunca los supuestamente omniscientes banqueros de Goldman parecieron estar mejor posicionados que en 2007 y 2008. A diferencia de muchos de sus competidores, Goldman apostó fuertemente contra las hipotecas subprime. Lo hizo comprando CDS o credit default swaps (protección crediticia) sobre miles de millones

de dólares de CDO (títulos de deuda estructurados en base a hipotecas subprime), que el mismo banco había colocado en el mercado. Irónicamente, fue esta apuesta la que en setiembre de 2008 casi provocó el colapso de esta centenaria institución. La caída de Lehman Brothers desató una reacción en cadena que puso AIG al borde de la bancarrota, y AIGFP, la subsidiaria financiera del gigante asegurador, era la contraparte de Goldman en su apuesta contra las hipotecas subprime.

Pero Goldman se salvó de la bancarrota gracias al masivo rescate de AIG. Inmediatamente se levantaron las sospechas sobre favoritismo. El entonces secretario del Tesoro de Estados Unidos era Hank Paulson, quien hasta mayo de 2006 había sido su presidente. No es algo nuevo. Una vez que se retiran de Goldman, sus ejecutivos muchas veces pasan a ocupar posiciones importantes en diferentes áreas del Gobierno como la Fed o la SEC. Robert Rubin, otro ex presidente de Goldman, fue secretario del Tesoro durante la administración Clinton.

En su libro «Too Big to Fail», el periodista de The New York Times, Andrew Ross Sorkin relata las frenéticas negociaciones que tuvieron entre el presidente de Goldman, Paulson y Tim Geithner, entonces presidente de la Reserva Federal de Nueva York y actual secretario del Tesoro para rescatar AIG. Como resultado de estas negociaciones la Reserva Federal le otorgó un préstamo gubernamental de 80.000 millones de dólares para poder hacer frente a sus obligaciones (es decir pagarle a Goldman y otras contrapartes). El problema fue que al hacerlo, reconoció el 100% de las obligaciones que AIG tenía con sus contrapartes en el mercado de CDS. Esto fue así a pesar de que algunos bancos, tal como UBS y Societé Generale, manifestaron estar dispuestos a aceptar una quita. Esta decisión de la Fed fue vista por muchos como un ejemplo de favoritismo hacia Goldman. El tema no sólo ha motivado numerosos artículos en la prensa sino también una investigación del Congreso. La palabra final sobre el tema aún no está escrita, ya que las investigaciones no han concluido.

En cuanto a Grecia, que al igual que AIG se presenta como uno de esos eventos que pueden empujar nuevamente al mundo a una crisis, Goldman fue parcialmente responsable del endeudamiento excesivo que llevó a ese país a su situación actual. Hace poco surgió a la luz que en diciembre de 2000 y junio de 2001, Goldman estructuró unos contratos de derivados que le permitieron a Grecia reducir artificialmente su deuda externa por casi 2.700 millones de dólares. Esto redujo tanto el nivel de endeudamiento como el déficit en relación al PBI en momentos en que este país negociaba su ingreso al euro. Lo que es casi tan grave es que, desde ese entonces, Goldman colocó más de 15.000 millones de dólares en bonos para Grecia sin revelar a los inversores la existencia de estos contratos de derivados. En vista de lo que está sucediendo hoy en día estas revelaciones han contribuido a generar un escándalo mayúsculo.

La canciller alemana Angela Merkel criticó duramente a los bancos que ayudaron a Grecia a maquillar su situación fiscal y financiera. Uno de los más altos ejecutivos de Goldman tuvo que presentarse ante un comité del Parlamento inglés para explicar la participación del banco en estos contratos de derivados. En su defensa adujo que muchos otros bancos hicieron lo mismo. «No hubo nada incorrecto,» aseguró el banquero, pero tuvo que admitir que «con el beneficio de la perspectiva, parece muy claro que los estándares de transparencia podrían, y probablemente deberían haber sido más estrictos.» Esta explicación traslada la responsabilidad a los reguladores y parece sugerir que cualquier transacción que no esté estrictamente prohibida por las regulaciones y sea rentable es aceptable para Goldman. El argumento no fue muy convincente ya que la semana pasada la Reserva Federal anunció que iniciará una investigación de Goldman y otras instituciones que estructuraron contratos de derivados para Grecia. La SEC por ahora no anunció ninguna investigación.

A fines de los ochenta, Salomon Brothers era probablemente el banco más rentable del planeta. Nada parecía amenazar su reinado sobre Wall Street. Tres años más tarde se produjo el escándalo que llevó a la firma a su eventual desaparición y absorción por Citigroup. Los paralelos no son tan claros. Goldman es una firma mucho más disciplinada y mejor gestionada y a diferencia

de Salomon no hay evidencia de que haya cometido ningún delito. Pero ambas firmas tienen algo en común. Los griegos de la antigüedad denominaban «hubris» a un orgullo o confianza en uno mismo exagerados que inevitablemente provocaba el castigo de los dioses (hace poco, el presidente de Goldman Sachs dijo públicamente que como banquero sólo estaba haciendo el «trabajo de dios»). Sería irónico que el castigo de Goldman se originara en Grecia. Sin embargo, por ahora parece que habrá mucho ruido y pocas nueces y que Goldman Sachs seguirá siendo el banco de inversión más rentable (aunque no el más respetado) de Wall Street.

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