3 de mayo 2013 - 00:00

Cavallero: “Tener oficio es más que ser artista”

Juan Cavallero acaba de inaugurar en el Palais de Glace una exposición de sus dibujos y presentará el martes el libro de poemas “El oficio de los cuadernos”.
Juan Cavallero acaba de inaugurar en el Palais de Glace una exposición de sus dibujos y presentará el martes el libro de poemas “El oficio de los cuadernos”.
Llevar cuadernos con apuntes, dibujos, frases, poemas (aquello que los franceses llaman "carnets", y que tienen una larga tradición literaria) formó siempre parte de las costumbres de Juan Cavallero. Ganador, el año pasado, del premio Konex de Platino al diseño industrial, Cavallero es un creador múltiple, a quien no le agrada que se lo llame "artista". "Reivindico la palabra 'oficio'", dice a este diario. "En el Renacimiento había talleres, con sus maestros, discípulos y aprendices. Del oficio han surgido las mejores obras, de modo que la expresión artista no me interesa. No aspiré nunca a ser llamado así. En todo caso, lo que más me gusta es que me digan, como lo hacen Josefina Robirosa o Ricardo Blanco, un hombre renacentista".

El término tiene sentido: escultor, diseñador gráfico e industrial, pintor, poeta, prosista, fotógrafo, historietista, etc., en su juventud estudió historieta con Hugo Pratt y Alberto Breccia, y llegó a practicar los más diferentes métiers como el de diseñar tapas de discos LP para la Columbia (allí conoció y trabó amistad con María Elena Walsh, para quien realizó las ilustraciones de la mayor parte de sus libros.

Cavallero acaba de inaugurar en el Palais de Glace la exposición "Juan Cavallero, dibujos", que vuelve a ponerlo en contacto con el público después de la muestra "Los oficios", y en la cual se presentará, el próximo martes a las 19, su libro de poemas "El oficio de los cuadernos", una antología de aquellos múltiples apuntes que fue reflejando a los largo de 4 décadas.

"Empecé con un cuaderno Rivadavia, y después ya nunca más me detuve", continuó, en el diálogo con este diario. "Recuerdo que, hace mucho, un amigo que trabajaba con Torre Nilsson me dijo lo siguiente: 'es imprescindible llevar esos cuadernos para apuntar una idea en cuanto a uno se le ocurre, porque eso puede pasar en cualquier lugar y en cualquier momento. Si uno no la anota, esa idea se pierde para siempre'. Yo lo tomé como un consejo y lo seguí al pie de la letra, porque es absolutamente así: las ideas que se pierden no vuelven a encontrarse. Uno puede recrearla cuando se pone a trabajar, pero nunca es la misma. Y si no se pierde, le falta un matiz, o algo, que la hace diferente. Ya no es la misma idea. Por eso mismo, creo que del oficio forma parte indispensable el estar acompañado siempre por un cuaderno".

Entre sus poemas, no obstante, Cavallero escribe uno en el que esa costumbre se remonta a muchos años antes todavía: "A los 5 años mi padre puso/una hoja de papel rugoso y un lápiz en mi mano./Tracé una línea y eso determinó/un camino que aún recorro./Lloré y reí por el milagro de saber/que nunca se iba a destruir ese asombro./Y caminé así asombrado de las cosas/que se cruzaban en mi camino./No hay nada más sublime que la búsqueda/de un trazo diferente cada día", escribe.

De ese caudal, Cavallero ha seleccionado obras que se corresponden con distintos períodos de su vida, aunque están marcadas por un elemento más o menos común: las formas algo goyescas, monstruosas, nocturnas, que dan como resultado una estética fascinante pero perturbadora al mismo tiempo. "Sí, es así. Y supongo que cuando se conozca el libro de poemas lo perturbador va a estar más remarcado aun. Yo no me propongo hacerlo de esa manera, surgen así, con espontaneidad. No llevo un plan ni busco un tema común para una muestra. Ni siquiera fue mía la decisión de hacer esta exposición. Los trazos son desordenados, acontecen con fuerza por la improvisación de la técnica y la idea".

Cavallero explica, a continuación, que quien lo llevó a mostrar todos estos dibujos, que se acompañan en el Palais de Glace con la proyección de un video, fue el director de esa casa, Oscar Smoje. "Oscar es un buen amigo, y todo nació a partir de un libro de fotografías que yo publiqué a mi regreso de un viaje al Africa. El libro era sobre Mali, y hace dos años hicimos en el Centro Cultural Recoleta una exposición a la que llamamos "Mali, los hijos del hombre". Tuvo mucho éxito, y fue entonces cuando Oscar empezó a pedirme que yo mostrara esos dibujos que a mí nunca se me había ocurrido exponer. Confieso que me produce un cierto temor escénico, llamémoslo así, ya que aquí se expone la verdad. Uno se expone desnudo. No fueron obras creadas o pensadas para ser expuestas, sino que provienen de la más transparente intimidad."

La poesía, más allá del libro, también aparece materialmente en las obras con la forma de inscripciones sobre los dibujos. Es interesante observar que, lejos de "explicar" o "ampliar" el posible significado de las imágenes, esos textos no guardan relación aparente con ellas, lo cual produce un efecto contrastante que, antes que limitar un sentido, lo expande. "Esas inscripciones", comenta" "no están en todos los dibujos sino que son posteriores. Es una forma de combinar la poesía con la imagen. No tiene que ver con un pensamiento sobre la imagen pero sí conmigo".

Entrevista de M.Z.

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