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Cedió Cristina y consiguió que UCR y Cobos se sumen a diálogo
Florencio Randazzo anunció ayer que el Acuerdo Cívico, con la excepción de Carrió, será el primer invitado al diálogo político.
Al rato, Cristina de Kirchner no hizo objeciones. «Está bien: que vengan ellos solos. Nosotros tenemos que ser flexibles: lo importante es que haya diálogo», fue la indicación presidencial que Randazzo retransmitió a Morales, al cobista Daniel Katz y a Rubén Giustiniani, del PS.
De todos modos, desde la Casa Rosada, ni siquiera se ensayaron contactos con Elisa Carrió ni con referentes de su espacio. Antes de cortar con Randazzo, el senador radical dejó caer un mensaje: «Voy a hablar con Lilita para pedirle que acepte venir».
Si lo intentó, fracasó: anoche el propio Morales confirmó que a la cita de hoy a las 17 en Casa Rosada irán sin la Coalición Cívica.
Rescate
Con eso, el Gobierno logró lo que esperaba cuando llamó a debatir una reforma política: sentar al panradicalismo en la mesa como primer acercamiento en un diálogo que, más adelante, esperan trasladar al Congreso para negociar capítulos clave para la Casa Rosada.
Sin embargo, en un factor que revela desajustes en el Acuerdo Cívico y Social (ACyS), Carrió ratificó ayer que su partido, la Coalición Cívica (CC), no participará de la discusión. Tomó distancia, una vez más, de sus socios electorales del 28 de junio.
Hay, incluso, matices puertas adentro. Margarita Stolbizer, jefa del carriorismo bonaerense, fue menos brutal en su postura sobre reforma política. Parece, a priori, otra señal de que la dirigente de Morón está, en más de un rubro, más cerca de Morales y de Cobos, que de Carrió.
Pero el gesto de la UCR, que se movió en línea con el sector que tributa a Julio Cobos y con el socialismo, que se referencia en Hermes Binner, tiene una dimensión mayor: si el diálogo político naufragaba, el Gobierno tendría que absorber otro golpe.
Ahora, tras lo que Morales definió como «una actitud» del Gobierno, se redibuja el escenario para iniciar un diálogo que el Gobierno de Cristina necesitará como agua incluso antes del recambio legislativo que lo dejará con un bloque propio de apenas 97 diputados.
El peligro no desapareció. ¿Cuánto está dispuesto el radicalismo a sostener un diálogo que no incluya la agenda coyuntural? ¿Cómo seguirá la mesa productiva si el primer round por la reforma política termina a los gritos entre la UCR y el Gobierno?
La Casa Rosada jugó al límite. Con el estilo Kirchner, hizo el llamado, impuso sus términos y fijó una agenda cerrada. El contraataque fue áspero, con quejas y negativas. Cristina, menos rigurosa, aceptó retoques de forma para preservar la cuestión de fondo.
Todo el esfuerzo del Gobierno estaba, anoche, enfocado en superar sin sacudones la cita con la UCR, el cobismo y el socialismo. En los testeos previos, Randazzo supone que no habrá grandes matices sobre los rasgos centrales de la reforma política.
Recién una vez superado ese escalón, se harán sondeos con el macrismo. Hasta anoche, Federico Pinedo, el jefe legislativo del PRO, no había recibido ningún llamado oficial.


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