4 de junio 2009 - 00:00

Cesária Évora logró caldear con sus “momas” el Luna Park

Cesária Évora, la artista de Cabo Verde, saltó de los pequeños espacios como La Trastienda a su primer Luna Park.
Cesária Évora, la artista de Cabo Verde, saltó de los pequeños espacios como La Trastienda a su primer Luna Park.
«La diva de los pies descalzos» se llamó el primer disco que Cesária Évora grabó y editó en 1988, en tiempos en que la industria musical empezaba a mirar a los países periféricos y, desde Estados Unidos, se expandía internacionalmente el concepto de «world music». La cantante de Cabo Verde fue como la punta de lanza y una de las mayores representantes de esa difusión globalizada de músicas nacidas hace mucho en lugares antes olvidados.

Así, empezó a hacer conocer sus «coladeiras» y «momas», géneros de su tierra, que guardan fuerte relación con las músicas de Brasil -Cabo Verde fue también una colonia portuguesa- y del Caribe. A partir de esas músicas populares propias, sin grandes aditamentos, sus discos se fueron expandiendo por el mundo, y también la Argentina la tuvo como visitante en varias oportunidades.

Esta vez el desafío era el Luna Park, una exageración para estos tiempos de vacas flacas -sobre todo para día de semana en una noche muy fría-, pero igualmente cantó frente a una cantidad aceptable de un público que, por supuesto, se mostró más interesado por sus viejos temas.

Cesária Évora es una artista que hace muy pocas concesiones sobre el escenario. Apenas se mueve, sonríe casi de compromiso, no hace demagogia hablando con el público, y ni siquiera agradece cuando termina cada canción. Lo suyo es la lista de temas -que, desde nuestros oídos sudamericanos, suenan con aires de cumbia, de samba, de bolero, de folklore brasileño nordestino- que hilvana sin solución de continuidad. Su potente y expresiva voz está al frente (mejor escucharla que verla porque pareciera no importarle la presencia de la gente ni exhibe emoción alguna por actuar en vivo- con una maravilloso octeto que la respalda y que sobresale en los saxos de Domingo Gómes Fernándes, el violín del cubano Julián Corrales Subida, y el cavaquinho -una auténtica topadora rítmica- de Paulino Soares Vieira.

Con esos elementos, el concierto transcurrió en un cierto tono monocorde que lo hace algo tedioso superada la primera hora, a pesar del ritmo sostenido de la mayoría de las canciones. Y no casualmente, el entusiasmo de la gente levantó en piezas más conocidas, como «Sodade» (su mayor hit) y «Angola» o, ya sobre el final, con «Carnaval do Sao Vicente», el bolero «Bésame mucho» en castellano, y «Sangue de Beirona».

Cesária Évora. Con F. Lópes Andrade (piano), D. Gómes Fernándes (saxos), J. de Pina Alves (guitarra), J. Paris Neves (bajo), P. Soares Vieira (cavaquinho), A. Gonçalves Dos Santos (percusión), A. Paris Miranda (batería) y J. Corrales Subida (violín). (Luna Park, 2 de junio).

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