30 de diciembre 2009 - 00:14

CGT: Cristina fuerza unidad con promesa de girar fondos

Omar Viviani, Héctor Recalde y Julio Piumato, algunos de los muchos participantes del almuerzo que ayer se ofreció en Olivos a la dirigencia gremial.
Omar Viviani, Héctor Recalde y Julio Piumato, algunos de los muchos participantes del almuerzo que ayer se ofreció en Olivos a la dirigencia gremial.
-A ver, Manzur, decime cómo es el tema de las obras sociales.

Habían pasado los brindis, el recorrido mesa por mesa junto a su marido, Néstor Kirchner, y el repetido autoelogio. Ya no llovía sobre Olivos cuando Cristina de Kirchner se permitió, sorpresivamente, desempolvar el expediente más sensible para los sindicalistas.

Juan Manzur, el ministro de Salud, se zambulló en un detalle escueto, superficial, bajo la mirada escrutadora de Hugo Moyano, Antonio Caló, Gerardo Martínez y José Pedraza, a quienes la Presidente convocó a ese aparte, de pie, antes de despedirlos.

Cristina escuchó, pidió alguna precisión y deslizó, suficiente, una frase de ocasión: «Ya vamos a charlar». Un indicio de la gestión que, en secreto, Julio De Vido y Aníbal Fernández llevan adelante hace dos semanas para alcanzar la reunificación de la CGT.

El almuerzo -empanadas, achuras y asado- de ayer en Olivos fue, además de la contraversión del encuentro de la semana pasada con empresarios (en éste, también, sobrevoló la remanida teoría del Consejo Económico Social), la primera constancia de que la Casa Rosada trabaja para producir un acercamiento entre Moyano, «los gordos» y «los independientes».

La maniobra apunta a terminar con las rispideces dentro de la CGT, que tuvo un pico crítico en agosto, bajo un doble criterio: Moyano seguirá como el interlocutor privilegiado de los Kirchner, pero su alineamiento, de cara a 2011, es necesario pero no suficiente.

Se trata, además, de un movimiento preventivo. Limitados a Moyano, los Kirchner corren el riesgo de que, en el tránsito hacia 2011, algunos jefes sindicales despeguen y se encolumnen en otros proyectos. Gerónimo «Momo» Venegas fue, en eso, un adelantado.

«Es bueno contar con el respaldo de todo el movimiento obrero», planteó, antes de que irrumpan los mozos, cuando se desgarró en autoelogios y puntualizó, uno a uno, los gestos y concesiones para los gremios. Cuando dijo «todo» traslució que con Moyano no le alcanza.

Hasta tuvo el detalle de sentar en la mesa principal a Moyano, Héctor Recalde y Omar Viviani con Martínez (UOCRA), Caló (UOM), Armando Cavalieri (Comercio), Oscar Lescano (Luz y Fuerza), José Luis Lingieri (OSBA) y Jorge Pérez Tamayo, mandamás de APLA y piloto presidencial.

Sin sutilezas, Kirchner prefirió una mesa sin «gordos». Se sentó con Juan Carlos Schmid (Dragado), Omar Plaini (canillitas), Omar «Caballo» Suárez (SOMU), Facundo Moyano (Peajes), Roberto Fernández (UTA) y Carlos Ríos (OSBA). Todos laderos, o socios tácticos, del camionero.

Los demás se tuvieron que conformar con Amado Boudou -que hizo malabares para explicar por qué siguen pagando Ganancias-, Carlos Zannini, Florencio Randazzo, Débora Giorgi o Julián Domínguez. De Vido y Fernández, de diálogo constante con los jerarcas, tuvieron sus mesas concurridas.

Esos dos ministros son, en concreto, los que llevan adelante el operativo fusión que consiste en aplicar el régimen K a los sindicalistas a partir de premiarlos o castigarlos según su relación con la Casa Rosada. Lo que hace con gobernadores e intendentes.

Por eso, el comentario final de Cristina sirvió como un certificado de autenticidad de las gestiones de De Vido y Fernández para acercar posiciones entre todos los sectores de la CGT -menos Venegas y Luis Barrionuevo- a cambio de fondos para las obras sociales.

El Gobierno tiene, para «seducir», la deuda acumulada de 3.200 millones de pesos más el Presupuesto de 2010 de la APE, destinado a reintegros por prestaciones especiales. Eso explica, según se interpreta, que Kirchner haya ubicado a Donato Spaccavento en la APE detrás del moyanista Daniel Colombo Russell.

Dejá tu comentario