El Ministerio de Trabajo validó por tres meses más el triunvirato de la central, que mañana volverá a reunirse para estudiar el bono. Los disidentes buscan en el Episcopado un margen de acción política.
Golpeada por el acuerdo entre la CGT y el Gobierno, la disidencia de la central obrera buscará refugio esta semana en la Iglesia Católica. El jueves, el rural Gerónimo Venegas, el dirigente que se declara más cercano a Mauricio Macri, será anfitrión de un encuentro que mantendrá un centenar de gremialistas con la cúpula del Episcopado y la Pastoral Social, destinado a mantener cohesión en el sector y buscar espacios de acción política.
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Los movimientos de los disidentes apuntan a contrarrestar el entendimiento de los funcionarios con el triunvirato de la CGT, del que dio cuenta este diario, y que ayer mismo dio otro fruto: el Ministerio de Trabajo extendió por tres meses más la "certificación de autoridades" provisoria que había otorgado por los primeros treinta días del mandato de Héctor Daer, Juan Carlos Schmid y Carlos Acuña, luego del congreso de unidad de agosto pasado.
Aunque se trata de una formalidad cuyo propósito es facilitar el funcionamiento administrativo y financiero de la CGT, el reconocimiento provisorio es otra señal de que el Gobierno optó por la conducción actual de la central por encima de dirigentes como Venegas, que profesan abiertamente su fe macrista, y a quien los propios funcionarios le dieron aire para que impugnara el congreso de unidad de la organización.
En cualquier caso, Macri logró en pocos meses desactivar cualquier atisbo de conflictividad en el sindicalismo peronista y rebajó al nivel de escaramuzas aisladas los tironeos entre sectores hoy enfrentados de la CGT. En esa línea, con el entendimiento en torno del bono con una base de referencia de $2.000 para el sector privado el Ejecutivo tercerizó y atomizó entre las empresas cualquier escenario de conflictividad.
Mañana cada grupo moverá sus fichas. La conducción de la CGT reunirá su Consejo Directivo para poner en común el resultado de los primeros contactos entre los gremios y sus respectivas patronales para la discusión del bono. En un contexto todavía incierto recién un puñado de organizaciones registró avances, como el gremio de Farmacia que pactó un plus de $3.600 y el de Sanidad, que logró convalidar el piso de $2.000 para los empleados de los hospitales de colectividades.
La disidencia hará lo propio en la sede de las 62 Organizaciones, con Venegas a la cabeza. La reunión con las autoridades de la Iglesia Católica contará con la presencia de dirigentes del Movimiento de Acción Sindical Argentino (MASA), que coordina el taxista Omar Viviani y que representa el núcleo más fuerte que quedó al margen de la reunificación de la CGT, con gremios de peso como Unión Ferroviaria, mecánicos del Smata y Luz y Fuerza.
Entre el espacio de Venegas y el de Viviani calculan sumar más de cien sindicatos, en su mayoría de volumen chico o mediano. Sólo con ese número bajo el brazo esperan llamar la atención de la Iglesia, una corporación a la que el sindicalismo históricamente reportó. Y a pesar de que el papa Francisco es un habitué en las internas gremiales y un lobista de la unidad del sector, los disidentes deberán explicarles a los prelados que continuarán al margen de la CGT al menos en el corto plazo. Los aliados de Venegas irán más allá: prevén definir esta semana pasar de la impugnación administrativa del triunvirato a la judicial.
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