10 de agosto 2009 - 00:51

Charlas de Quincho

Lo más saliente de las charlas de este fin de semana: la amarga sorpresa de un ex jefe de Gabinete al descubrir que siempre hay alguien (por el método que sea) que le informa todo a su ex jefe. Así, se encontró con el despido del Gobierno de algunos de sus más íntimos, y confirmó que nadie negocia en nombre de los Kirchner. En un «pizza party», el único «K» de la mesa relató la curiosa historia del único diplomático condecorado por este gobierno (casi en secreto y por tener un «hermano» desaparecido). Uno de los dos testigos de ese hecho infrecuente se ganó la ira y los insultos del ex presidente por haberle dedicado un hispánico epíteto en TV por cable. En una cuerda más amable, hubo un casamiento en plena «patria financiera»; los invitados -casi todos gente de la City- se interrogaban mutuamente sobre las mismas cosas que inquietan a casi todo el resto de la población. Veamos.

1- Mario Quintana (CEO de Pegasus, grupo que es dueño de Freddo, Musimundo, Farmacity), Horacio Rodríguez Larreta y Carlos Melconian en el Faena Hotel. 2 - Pipo Cipolatti, de Los Twist, flanqueado por los novios, Gabriel Martino (HSBC) y la abogada penalista María Florencia Perotti.
1- Mario Quintana (CEO de Pegasus, grupo que es dueño de Freddo, Musimundo, Farmacity), Horacio Rodríguez Larreta y Carlos Melconian en el Faena Hotel. 2 - Pipo Cipolatti, de Los Twist, flanqueado por los novios, Gabriel Martino (HSBC) y la abogada penalista María Florencia Perotti.
La «semana terribilis» de Alberto Fernández, que recibe lecciones de peronismo en el llano con el despido masivo de los restos que le quedaban en el gabinete (Marcela Losardo, secretaria de Justicia; Nicolás Trotta, joven de la vieja política en cargos decorativos de reforma política; antes, la abogada Alejandra Taddei, que ayudó a descubrir bajo el anterior Gobierno el pago frustrado de centenares de millones al Grupo Greco), se convirtió en la comidilla de quinchos, comidas y otros encuentros políticos de la semana. Hace reír este Fernández que se queja de que lo espían (otro retorcimiento: manda a contar a los columnistas amigos de ayer que le pinchan los teléfonos, pero omite el relato en la columna que él firma en otro diario) como aquellos peronistas que acceden a bancas en listas hechas a dedo por sus jefes, pero cuando no los dejan reelegir piden internas y democracia interna que ellos borraron antes con sus actos. ¿Empezó a espiar el oficialismo a propios y extraños cuando Fernández dejó el gabinete o ya ocurría eso cuando estaba y lo vio hacer sin abrir la boca cuando las víctimas de los pinchazos se quejaban ante él de esas enormidades?

Dirá que no porque no tiene pruebas, ni de aquellos pinchazos indoloros (para él), pero sangrientos (para él) cuando está en el llano. Echar mano de la acusación de que le espiaron la llamada que hizo a Julio Cobos para pedirle que el radicalismo no se pusiera tan enfrente del Gobierno como para restarle financiamiento al Estado volteando tarifazos y retenciones, es una buena forma de victimizarse. También calificar de «salvajada» el despido de Losardo cuando ésta ya estaba confirmada como viceministra de Julio Alak. ¿Entenderá el mensaje de Olivos? Si cree que hay inquina personal, se equivoca; acierta si entiende que el dictamen cruento del mismo Kirchner que él ayudó a construir es éste: nadie negocia por el Gobierno; negociar es de tibios, y menos que nadie negocian los que se fueron del gabinete. ¿Para qué fue a pedirle un acuerdo a Cobos? ¿Para después aparecer en Olivos para facturar la changa? El llamado existió, pero tampoco fue la primera movida que Olivos vivió como una agresión. La bronca de Néstor Kirchner en la semana fue cuando se enteró de dichos del ex jefe de Gabinete en una reunión cerrada, casi secreta, que ocurrió lejos del centro y de la cual Fernández creyó que nunca se enteraría el Gobierno, y que se revela a continuación.



Fernández aceptó el lunes anterior participar de una cumbre privada en el Hotel Sofitel de Los Cardales de todos los delegados en el país de agencias de la ONU y la OEA (CEPAL, PNUD, OMS, etc.); fue llamado de apuro por el coordinador de esa liga, el periodista José Ignacio López, para cubrir una vacante en una mesa que debía analizar la coyuntura política criolla. Ante un lote de becarios, investigadores, punteros académicos, estadígrafos y demás curiosos, se sentó el ex jefe de Gabinete para discurrir con plena libertad junto al jefe del bloque de senadores de la UCR Ernesto Sanz, uno de los más hábiles líderes de la oposición y que sueña no ya con la gobernación de Mendoza, sino con un lugar en el ticket presidencial de su partido en 2011 (si no va Cobos) o 2015. Fernández hizo, más que un diagnóstico, una autopsia del kirchnerismo; criticó la vigilancia que hace Néstor de Cristina en el Gobierno, sus apariciones disonantes, su intención de no acordar nada con nadie, los errores de la lectura del resultado electoral del 28 de junio.

Frente a su virulencia, las críticas de Sanz le parecieron tibias al público, y el colmo llegó cuando al salir el ex jefe de Gabinete de Kirchner les comentó a unos allegados que había coincidido «en un 90%» con lo que había dicho el senador por Mendoza. Le interesó, afirmó, la denuncia que había hecho éste de que el Banco Central ayuda al Tesoro haciendo un cálculo de los intereses que le pagan por las colocaciones de las reservas que incluye una actualización por inflación. «El Gobierno hace con sus reservas algo que les niega a las empresas, que no pueden hacer actualización de sus balances por inflación». Este tecnicismo de contabilidad creativa se lo había revelado a los radicales hace una semana el ex secretario de Hacienda Mario Brodersohn en la reunión que mantuvo con legisladores de la UCR para darles otra clase de coyuntura. Fernández se apropió del argumento, lo consultó con un hombre que fue de él en el Banco Central, y lo repitió por ahí. Entre esos delegados hubo más de uno que le llevó el cuento a Olivos, cuyos inquilinos montaron en cólera cuando se enteraron además de los dichos críticos de Losardo ante miembros del Consejo de la Magistratura del PJ y de la UCR a favor de una reforma de su integración para reducir el dominio del oficialismo. Ese paquetito, sumado a la noticia que les llegó -seguramente por vías innobles- precipitó la salida de la viceministra de Justicia el miércoles, cuando ya la habían confirmado en el cargo para tranquilidad de sus amigos en la Justicia, en la Corte y en la oposición.




De éstas y otras lindezas del oficialismo se habló mucho en la cena que le ofreció el ex embajador Jorge Asís a la periodista Laura Echarren el sábado por su cumpleaños 32. Con un grupo selecto de sus amigos (Moisés Ikonicoff, Juan Bautista Yofre, Diego Guelar, Alfredo Odorisio, Guillermo Gabella, Eduardo Valdés, Enrique Avogadro y pocos más), ofreció pizza y pasta en Mancini, restó que es un santuario de algunos políticos y que administra Genaro Contartese, ex director del Banco Nación que figuró entre los investigados del caso IBM-Nación que duerme, entre otras causas emblemáticas del peronismo gobernante. La periodista Echarren es una experta en medios y cada tanto hacía anotaciones que llamaron la atención de algunos invitados; ella se ha hecho nombre en la profesión con notas sobre las maras (bandas mafiosas de Centroamérica ligadas a inmigrantes retornados de los EE.UU.) y alguno se quedó pensando qué extensión territorial tendría para ella el concepto de «mara», argumento que agregó risas inocentes en gente que tiene como timbre de honor respetar códigos. Pese a eso, abundaron cuentos sobre la suerte variada de sus colegas de la política. Por ejemplo, dieron por cierto que el miércoles Aníbal Fernández llamó a Alberto y le avisó: «Te vamos a echar a la Losardo y a Trotta». Se inquietó, nervioso el ex jefe de Gabinete y respondió: «¿Y a Trotta por qué, si es de ustedes?». Aníbal: «¿Cómo nuestro?». Alberto: «¿No te acordás que fue el apoderado de la lista de Carlos Heller?». Aníbal: «No sé, igual lo echamos. Te lo avisé. Chau».



En los relatos de broncas también cobró Rafael Bielsa, a quien se le ocurrió contar en el programa que Asís tiene por un canal de cable («Poder vacante») que cuando Néstor Kirchner, siendo él canciller, le contó que Cristina sería candidata, él le reprochó la idea. «La gente se ha acostumbrado a tu liderazgo, Néstor», contó que le dijo. «Sos áspero, cutre, como dicen los españoles, pero te aceptarían un segundo mandato. Además, el poder no se transfiere, se gana, y Cristina no va heredar tu liderazgo. La historia va a registrar que yo lo critiqué por eso». Kirchner, que mira todo por televisión, fue al diccionario y buscó el significado de la palabra «cutre»; descubrió que quiere decir «tacaño, miserable, pobre, descuidado, sucio o de mala calidad». Otro rapto de cólera ex presidencial (era el mismo miércoles del despido de la Losardo); tomó el teléfono, pidió por Bielsa y lo llenó de improperios por su desliz verbal.



Valdés, que no abría la boca porque él es amigo de Bielsa (fue su jefe de Gabinete y comparten ahora un programa de TV) y se concentraba en la buena pizza de Mancini, pero el cuento de que «cutre» quiere decir miserable no tuvo otra ocurrencia que recordar cómo lo llamaban a Kirchner cuando era intendente de Río Gallegos y se ufanaba de una obra de iluminación en las calles del centro con grandes globos blancos. «Le decían Luna Tucumana, porque alumbra y nada más». Las carcajadas llegaron a la puerta de la calle Libertad (casi esquina Libertador), algo obvio en una mesa en donde no había casi nadie kirchnerista (salvo Valdés). Entre tanto ex diplomático (Asís, Yofre, Guelar, Valdés), nos enteramos de quién fue el único diplomático extranjero al cual Kirchner le propinó una condecoración. Nada menos que a un ex embajador de los Estados Unidos, James Walsh. Este diplomático vivió en la Argentina de joven cursando el secundario en la ciudad cordobesa de San Francisco, cuna de Domingo Cavallo y del fallecido embajador Jorge Vázquez, con quienes hizo gran amistad, pese a que Cavallo y Vázquez se odiaron pulcramente siempre. Cuando asumió Kirchner, el Gobierno de Bush mandó una delegación de muy poca significación, pero Walsh, que dejaba la embajada a finales de 2003, se ocupó de que el ex canciller de su país Colin Powell viajase de Chile a Buenos Aires para saludar a Kirchner, recién asumido.



Powell estaba en Santiago de Chile en una cumbre de la OEA y lo subió a Bielsa para venir a Buenos Aires y conocer al presidente argentino; fue en aquel viaje en el cual contó Powell que su hobby era comprar autos Volvo viejos, desarmarlos por completo y restaurarlos, oficio digno de un morocho del conurbano. También deslumbró a Bielsa mostrándole la computadora personal que tenía conectada con todos los centros de poder del mundo, con claves codificadas y a la que sólo le faltaba servir café. Llegan a Buenos Aires, lo buscan a José Bordón, flamante embajador ante Bush, y a Walsh, y se van todos a la Casa de Gobierno. Los hace esperar Kirchner, como acostumbraba, casi hasta la medianoche y aparece junto a un grupo de veteranos sindicalistas telefónicos. «Perdone, embajador, pero estaba con estos compañeros que me han venido a traer un libro sobre los telefónicos desaparecidos durante la represión». Walsh, un profesional, le retrucó: «¿Desaparecidos? Yo tengo un hermano desaparecido en la Argentina...» Kirchner casi se cae de espaldas y lo sostuvo «Jim» Walsh con el relato de que su beca era de los rotarios y que vivía en una casa de Córdoba en donde llamaba «papá» al jefe de la familia anfitriona y «hermanos» a sus hijos. «Era un dirigente montonero, que desapareció en la represión. Siempre esperé que apareciera alguna información, pero nadie ha sabido nada». Kirchner lo abrazó, conmovido como otro profesional y quedó enamorado de Walsh. Este hizo algo más, le prometió que le iba a conseguir una entrevista con su presidente, George Bush. Viajó a Washington, consiguió la cita, de la que supo Kirchner cuando regresaba del primer viaje a Europa como presidente (en el cual conoció, en un cóctel en Londres, al economista Mario Blejer). Cuando se hizo el encuentro en la capital de los EE.UU.. Kirchner casi en secreto citó a Walsh a la embajada y, delante de Bielsa y Bordón, le dio una condecoración, la única que cedió siendo presidente.



Casamiento con alta convocatoria y de duración prolongada el sábado en el Hotel Faena. Los novios: Gabriel Martino, director y tesorero del HSBC y la abogada María Florencia Perotti. «¿Se imaginan lo que puede ser el hijo de un banquero y una penalista?», ironizó uno de los 200 asistentes. Ya la ceremonia anticipaba que se estaba ante una larga noche por el clima festivo, casi como el de Wall Street del viernes último, en la que todos eran compradores -optimistas- y no había lugar para lúgubres. Obviamente, estaban presentes importantes actores del mercado financiero. Desde la cúpula del HSBC con Antonio Losada a la cabeza, Jorge Cohen, los directores financieros Fernando Negri (Standard Bank) y Gabriel Ribisich (Santander Río), Mario Quintana (CEO de Pegasus), Marcelo Degrossi (HSBC), Humberto Fagiani (ex Banco Roberts), Fernando Terrile, entre otros. No todo era finanzas. Sergio Berensztein, Carlos Melconian, Marcelo Longobardi junto a su mujer Laura Palermo, Horacio Rodríguez Larreta con Bárbara Diez y la modelo Débora Bello (pareja de Diego Torres ausente por viaje a Miami) estaban en la lista de buena fe de invitados. Improvisó como maestro de ceremonias el consultor Fernando Horigian, quien debido al éxito de su intervención recibió propuestas de cuatro asistentes para contratarlo creyendo que ésa era su profesión. Los novios fueron primero coronados, luego rompieron copas y se invitó a los asistentes a cerrar los ojos y concentrarse en un deseo para la pareja. A partir de allí, luz verde para los festejos. La única regla en la fiesta era que no había reglas. Todo desregulado, nadie con mesa asignada, de manera tal de que los invitados se agrupen como deseen. El laissez faire.

Comenzaron a circular bandejas con entradas diversas, codiciados risotti con camarones y lomo con verduras salteadas. Apenas pasada la medianoche, la sorpresa: música de feliz cumpleaños y los novios con torta en mano enfilaron hacia donde estaba el economista Pedro Lacoste, quien debió soplar la correspondiente vela. Chanza recurrente de Rodríguez Larreta: «En cualquier momento Lacoste se pasa al PRO», que era inmediatamente negada por el cumpleañero. La misma indirecta seguramente iba a ser teledirigida para Alfonso Prat Gay, como Lacoste también en las filas de la Coalición Cívica.

Rodríguez Larreta en otro sector destacaba las virtudes y conocimientos de Gabriel Castelli, otro hombre del mercado financiero quien años atrás optó por retirarse de todo lo que sea tasas, bonos y cotizaciones bursátiles para desempeñarse en Cáritas, gesto poco frecuente y destacable que el jefe de Gabinete de Mauricio Macri tampoco dejó de lado al punto de confesar que en varias oportunidades se lo tentó para participar del equipo del PRO sin éxito.



Varios interrogantes entre los asistentes: 1) el dato de la inflación de julio que mañana dará a conocer el INDEC; 2) la suerte que tendrá el ministro Boudou en convencer a Néstor Kirchner de concretar una oferta a bonistas; 3) por último, no menos importante, la banda que habían contratado Gabriel y Florencia para el cierre de la fiesta. Se apostó por Miguel Mateos, por Virus, hasta por Calamaro, pero nadie acertó y a las 2.30 tomó el centro del escenario Pipo Cipolatti para agregar más adrenalina al evento. De allí todo fue sin escalas hasta las 6 de la mañana, cuando los asistentes se abalanzaron sobre las medialunas rellenas de jamón y queso y la pizza como si fueran acciones del Citi a un dólar.



«Mi tiempo ya pasó; vengo a aportar mis ideas» Con esta captación de benevolencia (uno de los más viejos recursos de la retórica), Domingo Cavallo se sentó a la cabecera de la mesa más conspicua del peronismo disidente, la que alberga el restorán Lola. El ex ministro, que habla como una radio por TV y escribe sus diagnósticos políticos (elude las formulaciones técnicas) en una página de internet, arrastró a una multitud que amplió a la concurrencia habitual de los Ikonicoff, Héctor Maya, Horacio Liendo, los embajadores Juan Carlos Sánchez Arnau, Héctor Flores (discípulo del coronel Vicente Damasco, de quien ya nadie se acuerda, cuando fue el heredero formal del legado de Juan Perón, que no incluía ni a Kirchner ni a los peronistas disidentes), Andrés Cisneros, Félix Borgonovo, Fernando Petrella, el macrista Carlos Araujo, la albertista Constanza Guglielmi, Eduardo Corach (hermano del ex ministro). Más flaco que en sus últimas apariciones -ha vuelto a hacer gimnasia en los bosques de Palermo-, insistió en esa idea peregrina de que Cristina de Kirchner tiene que desalojar a Néstor de Olivos, nombrar a Eduardo Duhalde jefe de Gabinete, a Roberto Lavagna ministro de Economía y de ministro del Interior a alguien propuesto por Duhalde. Cuando la gente escucha esto, cree por un rato que es una ironía -además de un imposible-, pero el ex ministro responde que es la única salida para el Gobierno, porque Duhalde es el único que puede desanudar lo que anudó en 2003.

Esta idea, que es muy divertida -como califican algunos, por ejemplo, a la decoración de una casa-, tiene para Cavallo muchos justificativos y lo ve como el único camino de salvación. Las mesas que escuchan eso tienen motivos para pedir la palabra, denostar a Duhalde y preguntar por más. Y siguen las ironías; por ejemplo, que Carlos Reutemann y Mauricio Macri tienen que hacer un acuerdo para turnarse en la Presidencia de la Nación sin hacerse elegir. Cavallo lo dice con una vehemencia y una convicción que hace creer que esto es posible, o que se puede decidir en una mesa como jugando al estanciero, aquel juego que hacía creer a los chicos que compraban campos, estancias y otras propiedades con papelitos como los «patacones» que se acumulaban a golpes de dados.



La dimensión de Cavallo en la política criolla, más allá de sus aciertos y desgracias, les da mucho color a estas afirmaciones que en realidad no son tan quiméricas como otras que se escuchan, por ejemplo, en mesas más serias. Por ejemplo, en Santa Fe, donde, como contó uno de los contertulios de Lola, todo indica que el justicialismo provincial está dispuesto a aprobar la reforma de la Constitución que impulsa Hermes Binner. En la asamblea legislativa, conformada por diputados y senadores, el justicialismo tiene mayoría por un voto. El socialismo sostiene como parte importante a reformar la autonomía municipal. Hay quienes afirman que se debería limitar el mandato de los presidentes comunales e intendentes a dos períodos como máximo, de tres años cada uno. En la actualidad, hay presidentes comunales e intendentes que hace más de 15 años están perpetuados en la función. El mismo criterio sostienen los mismos analistas para el cargo de gobernador. Un tema en disputa es también la unicameralidad que impulsa el socialismo. El peronismo santafesino se opone a este sistema y el oficialismo ya piensa en dar marcha atrás en este punto.



Estas tribulaciones del peronismo en otros distritos reaparecieron en la mesa de los jueves que preside Antonio Cafiero en el Centro de Oficiales Retirados de Gendarmería, donde convocaron al sindicalista de los porteros Víctor Santa María, un hombre que se despidió antes que otros kirchneristas de Alberto Fernández, pero que también repudió la candidatura de Carlos Heller que intentó hacer ganar el ex presidente Kirchner. Igual le paga el Gobierno servicios de antaño designado a gente que responde a él en Radio Nacional. Santa María suscribe la vieja teoría de Carlos Grosso de que el mal del peronismo porteño es no desarrollar un proyecto «provincial» para la Capital Federal. Más aún, elogió a Grosso por ser el único que se animó a hacerlo, sacando al peronismo del sueño de vivir pegado a los temas del Gobierno nacional para brindarse ante otras fuerzas con más votos que ellos en el distrito, como el radicalismo o la izquierda, o lo que hoy significa el macrismo, que mezcla algo de esas dos formaciones con el viejo Partido Demócrata.

Ante un lote que aguantó el magro menú de mayonesa de ave de entrada, unas conventuales lentejas y el rutinario almendrado de postre (Duilio Brunello, Alicia Pierini, José Luis di Lorenzo, Rafael Delpech, Moisés Ikonicoff, Jorge Hugo Herrera Vegas, Inés Iribarne, Guillermo Piuma, entre otros), Santa María lloró por las derrotas de su partido, que atribuyó a la incapacidad de sus dirigentes (entre ellos, él, aunque no lo dijo) de perfilar una propuesta local, siempre encandilados con las luces del peronismo nacional. «Comenzando con la candidatura de Avelino Porto y culminando con la reciente de Heller, no ha habido un proyecto integral del peronismo de la Ciudad y ha primado la idea de que el peronismo de la Capital debe ser el sostén de las políticas del Gobierno nacional». Los resultados del 28-J nos advierten -simuló este Santa María, que busca parecerse a los porteros, empleo que nunca ejerció; heredó el cargo sindical de su papá- acerca de la imposibilidad de seguir digitando candidatos en cúpulas más o menos transparentes». No dijo que él es senador suplente de Daniel Filmus gracias a esas cúpulas poco transparentes. Para remediar estas cuitas, Cafiero ofreció la receta de siempre, avanzar en un proyecto de nueva renovación del peronismo.



El director del Museo Nacional de Bellas Artes, Guillermo Alonso, inauguró una, si se quiere, revolucionaria modalidad acerca de los invitados. La semana pasada convocó preferentemente a artistas contemporáneos, algunos escasamente conocidos, a una comida en el elegante restorán Godoy para darle la bienvenida a la gente del MUSAC, el Museo de Castilla y León, que en estos días exhibe «Huésped» en la institución porteña. Cabe aclarar que, en rigor, en las numerosas recepciones del ambiente del arte, el primer lugar en las listas de invitados lo ocupan los coleccionistas y operadores culturales; luego, los artistas como Rogelio Polesello o la mediática Karina El Azem, figuras pintorescas que suelen ambientar estas reuniones.

Así, salvo excepciones en verdad escasas, los artistas, más de un centenar, dominaban la noche de Godoy, aunque estaban el diplomático Sergio Baur; la directora de la Fundación Proa, Adriana Rosenberg; el historiador Roberto Amigo y los galeristas Alberto Sendrós, Daniel Abate, Orly Benzacar y Hernán Zavaleta. Y llegó, por ejemplo, casi todo el taller de la calle Portela, entre ellos, los ascendentes Santiago Iturralde, Federico Lanzi, Melina Berkenwald y la ya consagrada Magdalena Jitrik (la hija de Noé con talento propio), además de Arturo Aguiar, Leo Tartaglia, Marina de Caro y Mónica Girón, que parece ser una buena docente según cuenta su fan Nicanor Aráoz, que triunfó en Barcelona con sus trabajos de taxidermia.

La noche estaba helada y acaso por esta razón, los bocaditos, salados y también los dulces, estaban duros como cascotes, condición que no le restó éxito a la comida acompañada por buen vino y mejor champán.

La cuestión es que se habló de arte, y -no sin cierto recelo- los artistas analizaban las cifras millonarias que mueven en España los jóvenes directivos del MUSAC, mientras aquí todavía dan vueltas para aprobar la compra de un cuadro de Berni que cuesta medio millón de dólares. Gente entendida, aclaró que en esa misma cifra fueron estimados los cuadros de Cándido López que ahora se exhiben en el Museo del Barro de Asunción del Paraguay. El monto, nadie lo discutía, es nuestro mejor artista del siglo XIX y hasta resultaría bajo dada la importancia de López. Pero la paradoja argentina es que el Museo Histórico Nacional no tiene un centavo para restaurar los cuadros ni para brindarles el cuidado que merecen.

Entre tanto, Roberto Amigo contó sobre el extraño descubrimiento de unos historiadores de Chile, que encontraron el retrato del rey Fernando VII oculto y tapado, debajo de otro retrato, el del patriota de su país, Francisco Calderón Zumelzú. El autor de esta maniobra subrepticia, en plena época de la Independencia, fue el artista José Gil de Castro. Claro, el amigo se entusiasmaba al hablar del valor simbólico de la obra, y confesó su esperanza de que el retrato de San Martín, también pintado por Gil de Castro, nos depare alguna sorpresa.




Vamos a terminar con chiste militar. Un grupo de reclutas de la Real Fuerza Aérea de España está a punto de realizar su primer salto en paracaídas. El avión decola, cobra altura y poco antes de llegar al sitio del salto, el sargento da las últimas instrucciones:

-Recordad: saltad, contad hasta diez y tirad de la manilla. Si veis que el paracaídas principal no se abre, adelante está la manilla del de emergencia; tirad de ahí y listo. Una vez en tierra, vais a encontrar camiones que os van a llevar de regreso al cuartel. ¡¿Comprendido!?

-¡Sí, mi sargento! -gritan todos. Y comienzan a tirarse del avión. Así se llega al último de los reclutas, que es originario de una región del noroeste de España. El soldado salta, cuenta hasta diez y tira de la manilla del paracaídas principal, que, para su sorpresa, no se abre. Recuerda el recurso del paracaídas de emergencia, tira de la manilla y ¡tampoco se abre! Y el soldado dice:

-Hombre, seguro que cuando llegue abajo tampoco estarán los camiones aguardándonos...

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