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Charlas de quincho
Los quinchos jugosos de esta semana comienzan con una sorpresa: la ausencia de Néstor Kirchner en el avión en el que viajó Cristina a Nueva York (anoche, cenaba ella en Bice con una comitiva muy estrecha). En Buenos Aires, con la polémica ley de medios en curso, hay bastante que hacer como para que muchos salgan de viaje. Seguimos con la intimidad de dos visitas extranjeras: la del ex premier español José María Aznar y la del ex presidente uruguayo, con aspiraciones de regreso, Luis Lacalle. El primero prefirió visitar el entorno macrista antes que el K, y participó de bien elegidos banquetes. Lacalle, que hoy necesita seducir al centroizquierda de su país, también seleccionó con cuidado las fotos en las que aparecería. Y entre tanta política, dos revelaciones: una sobre Del Potro, la otra sobre la auténtica identidad de la Malena del tango. Veamos:
1- Juan Martín del Potro apareció ayer en la cancha de Boca con la camiseta de hincha vip. Acordó ese gesto con Mauricio Macri, a quien le adelantó que no iría a verla a Cristina de Kirchner porque su pueblo vive del campo. 2- El candidato a presidente del Uruguay Alberto Lacalle halagó a los empresarios que lo invitaron a un almuerzo en el hotel Alvear con el anuncio de que si es presidente, no dará datos de inversores exteriores en su país. Junto a él, Juan Carlos López Mena.
Los asistentes, algunos veteranos, como José María Díaz Bancalari, Fernando Lorenzino (secretario de Finanzas), Jorge Capitanich, Gildo Insfrán o Abel Basteiro; otros debutantes, como la jujeña María Carolina Moisés, a quien la premiaron por el duro discurso antiprensa en la sesión de Diputados, encontraron alguna distracción para el resto del vuelo. Unos, el truco, otros contar anécdotas. Por ejemplo, de las razones que tuvo Amado Boudou para tampoco subirse al avión. Viajaría hoy para estar en el G-20 y preparar las presentaciones ante los demás mandatarios, que pueden incluir anuncios. Uno contó que en una cena que tuvo el miércoles con el gabinete de Juan Manuel Urtubey, en la residencia de Las Costas en Salta, adelantó que tenía la instrucción de Cristina de Kirchner de cumplir con los compromisos de la deuda, vincularse mejor con el FMI y los llamados «holdouts» (tenedores de bonos en default). «¿Se va a poder lo primero?», se interesó el gobernador. «La macro está bien para todo 2010 y no va a faltar nada para la deuda». Boudou, a quien acompañó el ministro de Educación, Alberto Sileoni; y el director de la ANSES, Diego Bossio, en una visita relámpago para una reunión con empresarios jóvenes en Salta, encantó al corazón presidencial (adonde esta anécdota llegó esa misma noche), cuando lo frenó a uno de los presentes al oírle una frase hiriente hacia Guillermo Moreno. «No me lo critiquen a Moreno, que es mi secretario de Comercio, ¿está claro?». Eso le valió la dispensa para demorar la llegada a Washington, lo que le permitió ayer atender a su novia Agustina Kampfer en la carpa VIP del autódromo, en donde se corrió la carrera de la categoría Top Race. La dama estaba de movilera de un canal de cable, y el ministro la esperó en la carpa de Mercedes-Benz, adonde concurrió ella en varias oportunidades a saludarlo y a compartir los saladitos y demás vituallas que les sirvieron. Queda por conocer qué reacción tendrá en ese elástico corazón kirchnerista la frase de Urtubey en respuesta a un discurso de la diputada bonaerense -kirchnerista- cuando lo presentó a los jóvenes empresarios como «el presidente de los argentinos en 2015». El gobernador, entre risas, le retrucó: «¿Qué hiciste?, ¿me robaste 4 años?». Uno de los gobernadores no se quiso quedar atrás en materia de revelaciones y contó la que hizo la cancionista Nelly Omar en el programa de cable que anima el ex canciller Rafael Bielsa: se atribuyó ser la «Malena» del tango de Homero Manzi y Lucio Demare. Sí, fui Malena, porque era la novia de Manzi, a quien dejé porque él no quiso separarse de su esposa para casarse conmigo. Según ese relato de la legendaria Omar, la relación duraría varios años, pero después de la ruptura lo visitó cuando estaba enfermo antes de su muerte, en 1951.
El torbellino de la política criolla forzó a los visitantes de la semana a un minué de elusiones y encuentros con tal de dejar claro posiciones, no desairar a los amigos y que no se confundieran tampoco sus adversarios. Le pasó a José María Aznar, que va por el mundo como ex presidente estrella en su paso de pocas horas el jueves por Buenos Aires. Con un personaje de esta talla ocurre como con los criados; por cómo se mueven se entera uno de qué piensan de los patrones. Aznar, que nunca evitó verse con los Kirchner en viajes anteriores, esta vez le escapó al elenco oficial. Por si hubiera dudas, se mostró con adversarios del Gobierno como Mauricio Macri y Héctor Magnetto, a quien visitó en su oficina del Grupo Clarín. El mayor contacto que tuvo con alguna cercanía al kirchnerismo fue en el almuerzo discreto el jueves en las oficinas de la consultora Deloitte, a la que los anfitriones del español honraron porque esa firma pagó los u$s 20 mil que costó el tour, a cambio de que le permitieran dar ese almuerzo a algunos de sus clientes, entre ellos Santiago Eskenazi -banqueros y socios de Repsol en YPF a raíz de una amistad con el Gobierno que parece congelada-, Marcelo Mindlin (concesionario de Edenor), Eduardo Escasany (del Grupo Galicia) y algún otro acompañante como Álvaro Vargas Llosa, el hijo del escritor que funciona como un vocero en bruto -en el sentido figurado, claro- de las ideas que finamente enuncia de su padre. En ese almuerzo se dio la mayor densidad de la visita de Aznar, quien desplegó un largo informe sobre la situación en España y el efecto de la crisis financiera, que ha golpeado al Gobierno socialista de Rodríguez Zapatero, a quien muchos ven con una salida con elecciones anticipadas. «No va a hacer eso, creo que llega al final, porque si en España se vota ahora, gana el Partido Popular», es decir la formación aznarista que lo tiene a Mariano Rajoy como candidato. Admitió que Rajoy no es un dechado de popularidad, pero que la crisis lo sostiene como alternativa segura. Viajero incansable, Aznar les trasladó a los anfitriones un diagnóstico sobre la salida de la crisis financiera, que vio muy difícil porque, dijo, la mayoría de los gobiernos ha elegido la vía de la emisión y el aumento del gasto para resolverla. Sostuvo un camino inverso, el de la reducción del gasto y el ajuste como única forma de resolver los problemas; si no lo hacen, habrá nuevos sobresaltos, vaticinó.
Apurado por la agenda -tenía que participar en un seminario del macrismo con dirigentes de España y con Sebastián Piñera, candidato del centroderecha chileno -Aznar tuvo tiempo para explicarles algo de la batalla de medios que se libra en su país, que ha forzado reacomodamientos que nadie creyó nunca ver. Como el conservador Partido Popular defendiendo al Grupo Prisa (diario El País), que siempre fue el defensor de los gobiernos socialistas y el detractor de Aznar y la derecha española. Su partido votó la semana pasada en el congreso contra la aprobación de un decreto que desregula las transmisiones por TV digital terrestre (TDT es la sigla de ese negocio), quitándole al Grupo Prisa la exclusividad del negocio de la TV de pago. El diario antes socialista ahora describe los males de Zapatero y lo atiza en sus páginas al punto de haber logrado el apoyo del aznarismo. Lo que más inquietó a la mesa fue un flanco novedoso del panorama de medios en España y en América Latina. El Grupo Prisa tiene activos por 1.000 millones de euros, pero sus deudas ascienden a unos 5.000 millones de euros. Con la pérdida del monopolio de la TV de pago la empresa valdrá menos y deberá deshacerse de emisoras en toda América y España (tiene 1.200 radios, incluyendo la local Continental). Aznar agitó el fantasma de Hugo Chávez comprando medios cuando ese grupo, o Clarín en la Argentina si se aplica la polémica ley de medios, deban desinvertir. En Bolivia, grupos ligados al chavismo, contó, compraron medios que pertenecían al grupo español. ¿Ocurrirá lo mismo en la Argentina, en donde Clarín tiene, por ejemplo, 260 licencias de cable y debería quedarse sólo con 24 si le aplican al nueva ley? Un Chávez recuperado financieramente con mejor precio del petróleo puede ser un comprador de tanto medio vacante, los asustó Aznar.
Aunque hay más diferencias que parecidos, igual Aznar privilegió éstos y aceptó ir a las oficinas de Magnetto en Clarín para saludarlo y darle en persona el apoyo en su pelea contra la ley de medios. No logró con eso que las páginas de ese diario lo tratasen mejor que en anteriores visitas, algo que demostró el diario el viernes cuando publicó una nota casi en sorna sobre la visita del ex premier a la Argentina. En periodismo, como en política, hay costumbres que es difícil cambiar; lo prueba El País de España en su rápido aprendizaje para mostrarse amigo de los populares de Aznar, a quien siempre rechazaron. En su traslado a la sede del seminario -el bello Palacio de la Legislatura- debió tolerar algunos acosos en sus puertas. Se agolparon algunos kirchneristas a quejarse de la presencia de Aznar y de Piñera, como si fuera su obligación exhibir en la calles todos los días sus preferencias políticas, prueba además de que les sobra el tiempo a pesar de tener muchos de ellos cargos públicos, como el ex intendente de Avellaneda Oscar Laborde. Pero también debió resistir Aznar a los emisarios de Francisco de Narváez, que querían llevarlo a una cena a solas con Macri y Piñera, una forma de mostrarse en la misma foto como candidato notable con bautismo regional. Aznar, que de esto sabe, hizo las consultas y dijo que no a los varios embates de los delegados del «Colorado» para llevarlo a una cena que nadie quería y que al final desbarató Aznar con un pretexto que usa siempre cuando quiere despistar: «Tengo cena en lo de Santiago». Los calló a todos; Santiago Soldati, ex compañero de estudios de don Juan Carlos, el rey de España, es uno de sus mayores amigos locales, pero cuando lo recibe -como cuando lo hace en su chalé de Garzón (Uruguay), al que llegan en helicóptero- no quiere a ningún político cerca.
En otra reunión chica se enteró -y dio consejos- sobre política criolla. Se recluyó a media tarde en la oficina del presidente de la Legislatura, Diego Santilli, junto a Macri, Piñera, Jorge «Tuto» Quiroga (ex presidente de Bolivia, que busca pista en el centroderecha regional). Piñera atizó a Macri con preguntas sobre los cambios en el régimen de las transmisiones del fútbol por TV y sobre la ley de medios, que el jefe porteño respondió con las críticas que ya se le conocen. Quiroga insistió sobre lo mismo y Macri le replicó: «¿Qué les pasa con estos temas, por qué no hablamos de otra cosa?». El boliviano le explicó que todo lo que hace la Argentina repercute en la región; si la Argentina toma un rumbo, al poco tiempo lo que decida va a terminar siendo imitado por los países vecinos. «¿Tanto?», se sorprendió Macri. «Sí -siguió Quiroga-; imaginá que el fútbol argentino determina al fútbol en mi país. Yo todos los viernes llegaba hasta el aeropuerto para recibir los diarios y las revistas con noticias deportivas». «¿De qué equipo sos?», preguntó el jefe de Gobierno. «Soy fanático de River -respondió el visitante, a quien lo derrotó en las elecciones un fanático de Boca como Evo Morales, que hasta soñó con jugar en ese equipo cuando era jugador-. Mi ídolo era el 'Beto' Alonso y quería saber todo sobre él». «Esto es el colmo, no se aguanta más» -gritó Macri y riendo cambió de tema, ante la mirada de Piñera, que se había apartado a una mesa para preparar su conferencia.
Ahí aprovechó Aznar para hablar con Macri de su futuro electoral. «Voy a ser candidato a presidente», le dijo Mauricio. ¿Por qué partido? «Por una alianza con el peronismo. Acá -imaginó en voz alta- «va a haber dos candidatos, Julio Cobos con radicales y otros aliados, y yo». Aznar tomó la palabra para un largo rap sobre la necesidad que tiene que enfrentar Macri de formar un partido propio. «No te engañes, los liderazgos son efímeros. Mírame a mí, ¿qué carisma tengo? Lo que tengo es un partido; no sería lo que soy hoy, fuera del gobierno, si no hubiera formado un partido fuerte». Recordó que entre 1988 y 1992 se había dedicado a construir el Partido Popular juntando a todos los partidos autonómicos de centroderecha y a la entonces Alianza Popular de Manuel Fraga Iribarne. «A mí me pasó lo mismo que a ti; tenía enfrente a un partido de poder, como el socialismo de Felipe González, que parecía imbatible. ¿Cuál era su fuerza? Que todos creían que nosotros nunca ganaríamos una elección porque nos pesaba el pasado franquista. Eso se quebró cuando tuvimos un partido fuerte». Macri dijo entender la teoría, pero que en la práctica era difícil porque en la Argentina las formaciones partidarias del PJ y la UCR cayeron, y él o Cobos serían candidatos sin estructuras fuertes sino su liderazgo personal y unas alianzas. «Podrá tardar años, Mauricio -remató Aznar- pero tienes que armar el partido propio. Si no, no hay futuro».
La reunión terminó cuando recibió Macri una llamada impostergable. La tomó y con señas les susurró a sus amigos: «(¡Es Del Potro!)». Se miraron Aznar, «Tuto» y Piñera con gesto de por qué le habrán puesto caballos. El ganador del Open de los Estadios Unidos respondía a la invitación de ir ayer a la cancha de Boca para recibir una plaqueta como hincha vip del club. Ahí fue cuando Del Potro se le quejó de los llamados de la Casa de Gobierno para visitar a Cristina de Kirchner. «Me quieren hacer ir, pero yo soy del campo. No quiero aparecer en esa foto». Macri, que entre sus colegas de la región se mueve con aire de estadistas, no lo alentó, recordando quizás a tanto famoso que elude fotos con él: «Pensalo bien, Juan Martín, son cosas institucionales. No mezcles las cosas». Respondió el tenista: «Lo que pasa es que han hecho tantas macanas allá en mi pueblo que no tengo nunca ganas de ir». No le informó qué haría, pero Del Potro nunca apareció en la casa Rosada, pese a que se había anunciado formalmente la cita con la Presidente, y sí estuvo ayer en Boca con camiseta y todo.
Más elusivo de los demonios políticos locales fue Luis Alberto Lacalle, candidato a la presidencia del Uruguay, que como su adversario confía en los efectos de la vidriera porteña en las presidenciales de octubre próximo en su país. Lo ayudaron las atrocidades de su adversario «Pepe» Mujica sobre los argentinos -con lo cual alimentó más su leyenda de informalidad y desvergüenza-. Igual se disculpó ante Macri, Piñera y Aznar por no aparecer junto a ellos en una misma foto. Para quebrar la tendencia favorable del candidato del Frente Amplio, Lacalle necesita seducir a votantes de la centroizquierda de su país, que se molestarían de verlo junto a tantos conservadores, y que podrían preferirlo a él y no al lenguaraz Mujica. Con ese tono se apareció el jueves en el almuerzo del CICYP (Consejo Interamericano del Comercio y la Producción), una peña gastronómica de alta calificación que sesiona con almuerzos y cenas en las dos orillas del Plata y que anima el empresario Julio Werthein. El auditorio que lo esperaba en el roof garden del hotel Alvear se encantó hasta el paroxismo cuando escuchó a Lacalle decir que su país «no va a entregar datos» de inversores extranjeros a ningún país. «No vamos a darle a ninguna impositiva detalles de quienes buscan una protección a sus inversiones» (aplausos de la barra que devoró el rico lomo al Malbec). Subió a más cuando dijo que su modelo de país es una mezcla de Rotterdam y Luxemburgo. «Un gran puerto, y protección a las inversiones». Lo escuchaban en la mesa principal su candidato a vice, Jorge Larrañaga, el empresario Juan Carlos López Mena; Enrique Mantilla, de la cámara de exportadores; Alberto Abad (ex AFIP); Alejandro McFarlane (Edenor); Juan Mirennal (Sheraton de Pilar y entornista de Kirchner), y el bastonero del CICYP en ausencia de Werthein, el abogado de la UIA Daniel Funes de Rioja; entre el público, empresarios como Guillermo Laraignée, la ex diputada Cristina Guzmán, el ex ministro Oscar Camilión y un buen lote de uruguayos entre los que se destacaba un personaje a quien algunos saludaban con secreta zalamería. Los curiosos que le pidieron identificación -algo viable en reuniones en donde se comparte el pan y el vino- escuchaban su presentación: «Gabriel Muto, artesano sastre». Guardó el secreto profesional apenas unos minutos. «No puedo hablar, me andan buscando de la CNN». ¿Por qué? «Porque soy quien le hizo el primer traje a 'Pepe' Mujica. Y es para venir a la Argentina, a este hotel, a hablar ante la misma gente que ha venido». Supimos que Mujica, un ex tupamaro que puede llegar a presidente del correcto Uruguay, nunca usó traje; siempre camperones, pulóveres, jeans, zapatones. Ahora, que puede tocar el cielo con las manos, le han dicho que se haga por lo menos un traje. Pidió dos a este Muto que antes ha vestido a Carlos Menem, a Julio Sanguinetti y al propio Lacalle. «Uno es grisecito; el otro negro con rayas de tiza; y también un conjunto de saco azul y pantalón gris». ¿Cuánto le cobró? Secreto, lo pagaron unos empresarios amigos del candidato. Es para que los use cuando le pongan la banda. ¿La hace también Muto, que tiene taller en Montevideo? No, la banda la hacen una monjitas de un convento de clausura. Si el hábito hace al monje, este Mujica dará que hablar cuando produzca su revolución indumentaria.
Estas revelaciones de alta sastrería -tan importantes para los anfitriones de Lacalle como los proyectos de éste- las interrumpió otro anuncio del candidato. Dijo que si es presidente resolverá que los finales de obra de las construcciones en el Uruguay se darán de hecho si en el plazo de un mes los inspectores no los firmaron. Entre aplausos de gente que seguramente ha padecido las inspecciones del Banco de Previsión Social, que cobra los impuestos a la construcción por adelantado, exclamó: «¡Ustedes saben de qué les estoy hablando, si el BPS no aparece en un mes, el final de obra sale solo». Más aplausos, que aprovechó Lacalle para otro anuncio. «Vamos a proteger las inversiones de cualquier manera. Se han acabado las SAFI -sociedades que usaban los extranjeros para hacer negocios en su país-, pero también están, no se olviden, las sociedades anónimas sin actividad en el Uruguay, que es un recurso igualmente».
El comentario dominante en las mesas del Alvear era obviamente la ley de medios que se había aprobado en la madrugada de ese jueves. Con mayoría de abogados, los presentes trataban de devanar alguna conclusión en materia de negocios, aunque pocos apostaban que luego de la aprobación en el Senado tenga una inmediata aplicación. Por ejemplo, según se escuchó, se han presentado recursos de amparo por la forma en que obtuvo media sanción de diputados. Un fallo favorable en las próximas horas demoraría ya el tratamiento en el Senado. Si la ley superara ese escollo, los senadores podrían trabar la aprobación exigiendo algunas reformas, como que le den tres años de plazo a los dueños de cable para desprenderse de los canales de televisión abierta, o viceversa. El objetivo de los afectados por la ley -grupos a los que se les reprochará que manejan muchas licencias superpuestas- es aguantar hasta 2011 cuando un nuevo gobierno -si no vuelven a triunfar los Kirchner- la derogue. Los argumentos que preparan los abogados de esos grupos para la batalla judicial es que la ley es retroactiva y afectaría derechos adquiridos. Durante su gestión, Néstor Kirchner prorrogó licencias y por lo tanto habilitó a los beneficiados a que hagan inversiones en la creencia de que las normas no serían cambiadas. El otro reproche afectaría facultades de las provincias de regular sus medios. El artículo 32 de la Constitución -decían estos idóneos- impide que haya un comité federal que esté por encima de las provincias. De cualquier manera la nueva norma afectará a los negocios, o porque se aplique o porque los inversores frenen todo para no correr el riesgo de comprar un canal de televisión, una señal de radio o instalar una empresa de cable cuando no hay certeza de que la ley seguirá firme en 2011.
Vamos a terminar con un chiste de la línea fuerte:
A la barra de un bar están tomando unas cervezas un norteamericano y un ruso. El primero de ellos, fanfarroneando, le dice al ruso: «Yo soy capaz de arrojar cinco monedas al aire y acertarlas a todas con una sola bala». El ruso, sin embargo, no le cree. Salen entonces al exterior, el norteamericano toma cinco monedas de su bolsillo, las lanza al aire, y con su revólver, veloz como un rayo, les dispara. Cuando caen al suelo, cada una de ellas tiene una perforación. El ruso hace un gesto de asombro.
«Mucho gusto. Mi nombre es Bill», lo saluda el norteamericano. «Buffalo Bill». Y a continuación le pregunta al ruso: «¿Y usted qué es capaz de hacer?». «¿Yo...? Bueno, yo soy capaz de hacerle el amor a cinco mujeres al mismo tiempo». El norteamericano no le cree y empieza a reírse. Ofendido, el ruso se baja los pantalones y le muestra que tiene cinco penes, uno al lado del otro. El norteamericano abre los ojos con espanto.
«Mucho gusto. Mi nombre también es Bil», lo saluda el ruso. «Chernobil».


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