19 de octubre 2009 - 00:00

Charlas de Quincho

¿En qué se emparentan las madres de los políticos y las islas Malvinas? El enigma se explica, y también se relata qué pasó en las bambalinas del teatro elegido por los «K» para festejar el 17 de Octubre. La fiesta siguió en parrillas platenses, donde se escucharon desde propuestas para reemplazar a la Justicia electoral hasta el relato de por qué se dejó caer a un juez que Kirchner quería sostener. En La Rural, una rareza: la fiesta de un gremio PRO, con los jefes de esa corriente y el dueño de casa como invitados de honor. Otra fiesta, ésta con productos de precio controlado (el homenajeado era quien hace esas listas) e intimidades sobre la interna porteña del PJ. Hubo otras confidencias sobre la gira de un ex vice americano y cuánto percibió por sus conferencias ambientales. Se dice que, lejos de los auditorios públicos, no tuvo palabras precisamente elogiosas para la pareja presidencial. Y una pregunta: ¿será verdad que un cirujano plástico les hizo precio a un grupo de legisladoras para recomponer sus delanteras? Veamos.

1- Andrés Rodríguez (UPCN), Juan Manuel Olmos (titular del PJ Capital), Guillermo Oliveri (detrás), Ginés González García y Jorge Telerman mimándose con el sindicalista Víctor Santa María, el 17 de octubre, en la sede del peronismo porteño. 2- Fiesta de los sindicalistas del juego en La Rural teñida de política: Francisco de Narváez, la delegada Jessica Fascine, el gremialista del PTRP Daniel Amoroso y Mauricio Macri. 3- En el restorán La Terraza, los organizadores del acto del peronismo federal
1- Andrés Rodríguez (UPCN), Juan Manuel Olmos (titular del PJ Capital), Guillermo Oliveri (detrás), Ginés González García y Jorge Telerman mimándose con el sindicalista Víctor Santa María, el 17 de octubre, en la sede del peronismo porteño. 2- Fiesta de los sindicalistas del juego en La Rural teñida de política: Francisco de Narváez, la delegada Jessica Fascine, el gremialista del PTRP Daniel Amoroso y Mauricio Macri. 3- En el restorán La Terraza, los organizadores del acto del peronismo federal
¿Tienen acaso madre los políticos? Tanto como que las Malvinas son argentinas: la tienen, pero se comportan como si no la tuvieran (la madre y las islas irredentas). Es el balance del torneo de encuentros, reuniones, actos y cumbres a los que se entregaron los dirigentes que buscan libreto para la disputa de poder que se libra, ya sin misericordia, para el 2011. La punta la ofrece el balance que improvisaron los Kirchner en la tarde del sábado entre las cajas (bambalinas, dice el gremio) del escenario del Teatro Argentino, adonde fueron arrastrados con el cuerpo cansado para intentar una foto con algún conjunto significativo de peronistas. Era una recordación del 17 de octubre pero que juntó gente por el homenaje que se le agregó a Antonio Cafiero. Néstor venía de un actito en San Vicente, cerca del mausoleo del general, túmulo del cual hasta ahora se había reído para esmerilar a sus adversarios del duhaldismo. Cristina, con jet lag, había desembarcado de un odioso viaje de 27 horas desde Nueva Delhi con escala en el palacio real de Marrakech (el gobernador de San Juan fue víctima de ese trajín, arribó con una gripe que atribuyó al cambio de climas, comidas y husos horarios).

No podían faltar por necesidades de proselitismo, pese a que era una fiesta urdida por «los otros» en sede enemiga, más específicamente hace un mes en el cumpleaños de Cafiero cuando Daniel Scioli, Alberto Balestrini y el dueño de casa decidieron apropiarse de la fecha partidaria para rendir culto al veterano ex senador. En ese balance, salpicado de urgencias que se relatarán más abajo, hubo espacio para la chanza entre el matrimonio, el gobernador Scioli y el grupo de ministros que los acompañaron en la llegada y la salida al teatro, una rareza porque evitaron la recepción habitual en la escalera del helicóptero que los llevó a La Plata - pidieron ir solos desde el helipuerto en un auto, sin combis ni caravanas como querían algunos punteros. La chanza la motivaron algunos dichos del encendido discurso de Alberto Balestrini, a quien no se le ocurrió otra cosa que recordar en un par de frases que él había «mamado» de chico el peronismo, Hasta nuevo aviso ese verbo -tan ligado a las madres, que celebraron ayer su día- es una marca registrada de Diego Maradona, lo cual levantó risas entre los asistentes al acto.



Igual reacción les provocó otra frase -un furcio como aquel de Deolindo Bittel en el cierre de la campaña del PJ en 1983, cuando dijo que «La alternativa de la hora es li-beración o dependencia y el justicialismo va a optar por la dependencia...»-. Fue cuando el vicegobernador llamó a los jóvenes a «la lucha contra los que menos tienen». Reían los funcionarios con esa tierna crueldad que aplican los peronistas a sus compañeros cuando al otro le va mal, tratando de encubrir los debates que quedaron planteados desde la tribuna. Por ejemplo, la tibia reacción de un sector de la barra cuando uno de los oradores pidió por un candidato peronista para 2011 -algo lógico siendo todos justicialistas en esa jarana del sábado- con el grito de «¡Néstor!, ¡Néstor!». O el aplauso apabullante que levantó el nombre de José Rucci cuando Cafiero habló de los mártires del peronismo (al otro, muerto el 17 de octubre, casi nadie lo conoce, Darwin Passaponti). O la respuesta de Cristina de Kirchner a Cafiero cuando éste reclamó un candidato peronista y ella, minutos después, dijo que con el peronismo no alcanzaba, una reivindicación de la transversalidad, tímida es cierto, porque esa técnica de gobernar con los adversarios históricos cae siempre mal en la militancia, aunque la hayan aplicado Raúl Alfonsín (que entregó ministerios a sindicalistas del PJ) o Carlos Menem (con los ucedeístas). O sea, no es un invento del kirchnerismo. Con tanto acto peronista por el 17, hubo mucho cálculo de cartel para los movimientos de los dirigentes de una y otra vereda. El acto de La Plata se hizo respetando los tiempos de la pantalla que deja libres el fútbol, que se ha convertido en único espectáculo por el canal oficial los fines de semana. Desde lejos, en el estadio de Obras Sanitarias en la Capital Federal, los organizadores del acto del peronismo disidente, que se quiere llamar ahora federal, hicieron tiempo para no pisarse con otros actos, siempre en la pantalla. Tuvieron para ese aguante una sede extraña, el restorán La Terraza que está dentro del club Obras y que sirve una crepes que honraron Felipe Solá, Jorge Busti -había llegado a la cabeza de 40 colectivos con activistas que lo acompañaron en esta primera fecha que jugó en las grandes ligas nacionales-, Ramón Puerta, los hermanos Alberto y Adolfo Rodríguez Saá y un grupo de acompañantes que integraban, entre otros, el embajador Juan Archibaldo Lanús, Teresa González Fernández, Alieto Guadagni y Osvaldo Papaleo. En esa espera se organizó el orden de oradores, se convino la lectura de adhesiones de ausentes, Eduardo Duhalde («no voy porque tengo tantas invitaciones a actos del 17 de octubre que no quiero fallarle a ninguno»), Juan Carlos Romero y Carlos Reutemann (los dos, de viaje por Europa). El primero envió de representantes a su ex vicegobernador Walter Wayar y a su comisario político, Ángel Torres. El segundo, al presidente del PJ de Santa Fe, Ricardo Spinozzi, que se perdió el turno como orador por una explicación increíble: cuando lo anunciaron estaba lejos del palco y luego argumentó que había confundido la puerta de ingreso al estadio.



En estos diálogos apurados quedó todo pendiente para la semana que se inicia; lo primero, la reforma política, corsé que quiere ponerle Kirchner al sistema electoral de manera de mejorar sus posibilidades de ser candidato de su partido, achicando la cantidad de formaciones, haciendo elección indirecta de candidados en primarias a la americana y prohibiendo el voto tránsfuga, es decir impedirle a los perdedores de una interna que después vayan por afuera por otros partidos a la general. Los intendentes y ministros, despedidos que fueron los Kirchner, se distribuyeron en parrillas del centro platense en donde le sacaron punta a la verdadera intención del matrimonio. Los funcionarios salieron rápido porque los corrían otros artistas, los que interpretarían minutos más tarde la versión en concierto de la ópera «La Damnation de Faust», de Héctor Berlioz. Nadie quería quedar pegado a maldición alguna, aunque fuera por la ficción, ni contradecir a los empleados del teatro que, se sabe, son bien revoltosos, como los del Colón. Nadie pudo, con esa prisa, responder a una pregunta del séquito presidencial: ¿es cierto que el presidente de Newell's Old Boys quiere cambiarle el nombre al estadio y ponerle Marcelo Bielsa? La mejor síntesis estuvo en boca de un ministro nacional ante un grupo de alcaldes del conurbano cuando dijo que esa interna obligatoria e indirecta para elegir candidatos va a funcionar en los hechos como una primera vuelta electoral.

«Es para responder a la afirmación de los campañólogos de que en un ballotage la primera vuelta es ya la segunda». Aquí, la primera vuelta se traslada a la interna obligatoria para candidatos, partidos y votantes. En esa charla se hundió el cuchillo a uno de los entuertos más ardidos en esta reforma electoral, que es el papel que cumplirá la justicia electoral, en duda desde que retozó la semana anterior por varios despachos oficiales el mexicano Luis Carlos Ugalde, promoviendo la creación de un Instituto o Consejo Nacional para Elecciones que asuma toda la tarea electoral, como ocurre en México, Estados Unidos, Brasil o Venezuela. La creación de ese ente, una especie de COMFER de las elecciones, es una idea que han rechazado los jueces electorales de todo el país. «Si le hablan de eso a Servini, te indaga en el acto», comentó un periodista presente en una de esas mesas. Entre risas, los más enterados rechazaron la sola posibilidad de que se les saque a los jueces la competencia electoral según el libreto de este mexicano que actuó como presidente del Instituto de su país en las últimas elecciones, en las cuales se denunció un empate técnico y el perdedor, (Andrés López Obrador) nunca reconoció la victoria de Felipe Calderón, trámite que le costó el puesto a este Ugalde.



Entre los viandantes de esa noche en La Plata después del acto en el teatro Argentino hubo relatos sobre la bronca de Kirchner cuando se enteró de que la bancada oficialista en el Consejo de la Magistratura había estado ausente cuando se suspendió al juez Federico Faggionato Márquez. La orden que había lanzado Olivos era defenderlo, y así ocurrió en la sesión de la comisión previa al plenario que lo mandó a juicio político, pero nadie pareció escucharla. O Kirchner está afónico, o los consejeros están sordos, o el sistema de decisiones hiper personalista del matrimonio ha entrado en crisis terminal. El relato de los funcionarios de Justicia que estaban esa noche en La Plata parece indicar esto último: cuando se abrió la sesión del jueves a la mañana, estaba la bancada opositora encabezada por el senador radical Ernesto Sanz. Se pasó lista y todos se sorprendieron de la ausencia de quienes debían salvarlo a Faggionato como había ocurrido la semana anterior. Cogoteó por una puerta Diana Conti -puntera del kirchnerismo en el Consejo- y se fue corriendo. Hizo lo mismo Carlos Kunkel -de quien ahora se dice que nunca estuvo muy de acuerdo con sostenerlo al juez- y también disparó. Otro oficialista el secretario de Justicia Héctor Masquelet también oteó el quórum y se evaporó.

¿Qué habían visto estos escuderos del oficialismo? Que no se habían sentado dos consejeros con línea directa con Olivos, el santacruceño Nicolás Fernández y el neuquino Marcelo Fuente. Por algo será, pensaron y dijeron: «Si estos pingüinos no vienen a defenderlo a Faggionato, es porque tienen una orden». Trataron de ratificar la indicación pero Fernández y Fuentes estaban en sus provincias, según les dijeron, reponiéndose todavía de la sesión de la ley de medios. Así capotó este Faggionato para bronca de Kirchner, que vio cómo no se cumple una orden que, además, tiene contenido político porque él había dicho que Francisco de Narváez estaba bien investigado por las llamadas de su peón de campo con vecinos presuntamente efedrinizados de la zona Luján-Areco.




Igual insinceridad -ese condimento que parece consustancial a la política- en la mesa que compartieron opositores de la Unión-PRO en la fastuosa fiesta de La Rural del viernes a la noche para festejar los 15 años del sindicato del juego que administra el legislador porteño Daniel Amoroso, una jurisdicción rara como otras del gremialismo criollo. Ese sello agrupa a empleados de los bingos, maquinistas de la monedita, de agencias de apuestas hípicas y de los casinos flotantes, pero no a los del «si-nó-ca», que es como conocen los ludópatas y demás aficionados a los juegos de azar al Casino Central de Mar del Plata, ni de los hipódromos de puertas adentro. En mesas de a diez, los afiliados al gremio se mezclaron con un seleccionado de la oposición hasta sumar casi tres mil personas que devoraron el menú servido por la empresaria de eventos Bárbara Diez (esposa del jefe de Gabinete macrista Horacio Rodríguez Larreta) que alimentó a los juegueros para el resto del año: gran bandejeo y pata de ternera de entrada en livings bajo carpas, arrollado de jamón con palmito y mozzarella, lomo con milhojas de papa de principal y helado con frutos del bosque de postre.

Los caciques del PRO, adonde está anotado este gremio con la misma naturalidad como los camioneros de Moyano funcionan como peronistas, se turnaron al exhibirse en la mesa principal. Mauricio Macri estuvo menos de una hora junto a su novia Malala Groba y se despidió arguyendo que tenía que ir al cumpleaños de alguien. Francisco de Narváez, en cambio, se quedó desde las 9 hasta la madrugada, encantado por los pedidos de fotos de los asistentes que, dijo riendo con modestia profesional, no le habían dejado comer con tantas demandas. Compartió mesa con el fugaz Macri, Rodríguez Larreta, Amoroso, el legislador Cristian Ritondo, el apoderado José Torello, el ex presidente Ramón Puerta, su hombre en la administración municipal Humberto Schiavone (titular de la Corporación del Sur), el amigo Nicolás Caputo, Miguel Ángel Toma, cuya charla siguieron desde otra mesa los legisladores Lidia Saya, Silvia Majdalani, Oscar Moscariello, Fernando de Andreis, a quien se lo adjudica al sector de Gabriela Michetti, pero en realidad es de Macri, ligado por una relación parenteral, es decir pariente político. Importa esta referencia porque no hubo nadie de los allegados a la diputada electa, que domina sobre ministros como Guillermo Montenegro y Mariano Narodowski o el secretario general municipal Marcos Peña, algo que contribuyó a la entretela política de la fiesta, que cerró por todo lo alto con actuaciones de Sergio Denis, animación de la «Tota» Santillán y terminó con uno de los shows más caros de la industria de los eventos, «Los Auténticos Decadentes».



Con ánimo de respuesta, pero ignorándose pese a estar en la misma mesa -salvo para la foto- Francisco de Narváez hacía bardo ante sus acompañantes de la pelea que dice libran Macri con Felipe Solá para ser candidatos del sector a la presidencia de la Nación-. No se hablan, afirmaba el «Colorado», como si él tuviera la mejor relación con Solá, con quien pelea la candidatura a la gobernación de Buenos Aires. Macri, a pocos metros, se reía de los dichos de Felipe sobre su nominación y desdramatizaba la posibilidad de una interna presidencial entre los dos. Habrá mirado el jefe porteño el recorte de las invitaciones y las ausencias, pero negó que pensase en algún relevo de ministros como resultado del mini-Watergate que se ventila en los sótanos de su administración, una trama de espías de baja monta que esmerila a funcionarios que tardan en responder qué saben de eso, no se sabe si porque los amparan o, como creen algunos porque hay ministros que no terminan de saber a quiénes tienen contratados.

Más pulla motivaban otras peleas, como la que De Narváez tiene con Macri por haber promovido al diputado Julio Ledesma para repetir su banca de diputado nacional el 28 de junio. Ledesma es un sindicalista del comercio que controla la zona de La Matanza, fue asesor de Néstor Kirchner -es uno de los pocos que le hace chiste de mujeres al ex presidente, señalándole la preferencia de Néstor por damas voluminosas; sabrá por qué lo dice-, con despacho en Casa de Gobierno y tarjeta. Ganó una banca en listas kirchneristas que asumió por renuncias de otros, se fue con De Narváez en 2007 y terminó peleado con éste, como la mayoría de quienes se le acercan. En ese divorcio, Ledesma ganó un padrinazgo fructífero, el del diputado Juan José Álvarez, una de las almohadas de Macri en algunas decisiones. Como designar como candidato a diputado provincial a un hijo de él («Juanjo», se entiende) y a un hijo de Ledesma para concejal por La Matanza. Cuando se votó la semana anterior el Presupuesto, Ledesma y una seguidora votaron junto al kirchnerismo y De Narváez aprovechó para despedirlos del bloque. En realidad la pelea venía de antes, pero como Ledesma & Co habían acompañado a la oposición en el voto contra la ley de medios, no había habido oportunidad para que la puja subiera a la superficie.




De este apoyo a Ledesma se quejaban algunos de los legisladores porteños del PRO, cuando decían que Macri no dice nada cuando le saltan estos «ledesmas», pero se enoja con ellos cuando aparecen en actos de Duhalde. Para restañar estas querellas que se libran por lo bajo, Amoroso hizo un canto al macrismo, elogio al «Colorado» y de paso, para que no quedasen dudas, cantó loas en público a Luis Barrionuevo, de quien este gremialista actúa como secretario en la CGT Azul y Blanca del gastronómico. Con el paso de la noche, la fiesta fue perdiendo tono político -además la partida de Macri arrastró a varios de sus allegados presentes-, y ganó en jolgorio al ritmo de Sergio Denis y Los Decadentes. En diálogos con mucho espumante un legislador planteó el enigma de la fecha, que puede serlo de la semana y aun del año: ¿cuál es el nombre de las cuatro legisladoras porteñas que concurrieron en grupo a un cirujano plástico y le pidieron precio por un trabajo en el respectivo tetamen? Consiguieron un buen arreglo, con el compromiso de que los trabajos se hagan antes de fin de año porque el hombre del cuchillo se va de vacaciones a Punta del Este.



En la jarana del final nos enteramos de otro enigma: ¿por qué hundió en el máximo secreto el festejo de su cumpleaños el secretario de Comercio Guillermo Moreno? Cerró su despacho del segundo piso en la Diagonal Sur en la noche del miércoles para atizarse unos champanes, gaseosas y saladitos (de segunda marca, como indica la lista de precios administrados del Gobierno) y recordar los 44 años de su nacimiento. La tarea de controlar los precios (y ayuda así a que suban) lo hace parecer mayor a este secretario que nació en 1965, y se entiende que se haya convertido en el estereotipo de un peronismo que no vivió, sino que mamó -diría Balestrini- por libros y leyendas. La fiesta, limitada a sus empleados y asesores más cercanos, tuvo como asistentes a delegados de él en el Mercado Central para vigilar precios y también otro motivo: festejar la firma del secreto que se conoció el viernes de designación de uno de sus asesores, Pablo Cerioli, como representante del Gobierno en el directorio de la empresa Papel Prensa que comparte el Estado con los diarios La Nación y Clarín.

En los brindis, Moreno arengó a sus festejantes con una consigna que trascendió las paredes de la secretaría porque impacta en la actividad del PJ de la Capital: nadie debe hacer política, sólo gestión, sólo gestión. Este Moreno soñó alguna vez con la presidencia del PJ del distrito, pero le prohibió a los suyos cualquier armado partidario, como el que ostentaba el designado Cerioli en una unidad básica del barrio de La Boca que se hizo famosa por el culto que rinde, a través de uno de sus hijos que vive en el país, al mítico centrodelantero brasileño Paulo Valentim, por quien latió más de una vez la Bombonera.




Sin ánimo de seguirlo a Moreno en nada, la nueva cúpula del PJ porteño, que inauguró sede con motivo del 17 de octubre, ensayó fórmula para 2011. Fue cuando el reemplazante de Alberto Fernández, Juan Manuel Olmos (que vive de la política, pero este año ya se recibió de abogado en una suerte de retrocarrera) levantó la copa ante su mandante, el sindicalista de los porteros Víctor Santa María y dos invitados sorpresa, Ginés González García y Jorge Telerman. «Que nunca vuelva a ocurrir que Ginés y Jorge vayan a una elección en listas enfrentadas». A Telerman no le falta militancia por ejercer (ha sido funcionario de todos los gobiernos desde 1987); González García fue cabeza de lista en 2007 a legislador, cargo que dejó para ser embajador en Chile, por un partido que este año llevó de candidato a un ex comunista como Carlos Heller, en una lista que no mandó a nadie a ese acto del viernes. Ni a Daniel Filmus (jefe de campaña de Heller) ni a uno de sus electos diputados, el judicial Julio Piumato.



«Mayor Amieiro, mayor Bruera, mayor Eseverri... and the Chairman of Congressmen of Buenos Aires, 'Big Head' Pérez». Al Gore, de rudimentario castellano, rió con ganas ante el diputado y Sergio Massa, el presentador. El intendente de Tigre, refigurado en estas comicidades en público por su imitador de la TV, patrocinó un tramo del paseo del ex vicepresidente y fallido presidente de EE.UU por la Argentina con el rap del cambio climático, y por el que facturó, en la más accesible de las conferencias, 300 mil pesos. Una coproducción en realidad del ex senador bordonista Pedro del Piero, que compartió con Alberto Rodríguez Saá -que lo llevó a San Luis- y el trío José Luis Manzano, Daniel Vila y Francisco de Narváez, que tuvieron la exclusiva en Capital con una disertación de Gore en La Rural, donde se entretuvo en una charla a solas con «mi amigo» Francisco de Narváez.

Allí el estadounidense hizo apreciaciones poco favorables a los Kirchner, que ningún testigo quiere repetir y que cuesta admitir tratándose todos los anfitriones de dirigentes que buscan distancia con el oficialismo, es decir voceros comprendidos en las generales de la ley. Un momento antes, en un vip del predio, Gore estuvo con la embajadora de Estados Unidos en la Argentina, Vilma Martínez Mendoza y se cruzó con Mario Das Neves, el gobernador de Chubut a quien le prometió visitar la provincia cuando vuelva al país. Potencial auspicio. Por la mañana, en Tigre, en un lunch madrugador al que Al Gore llegó tarde -casi una constante, por hábito propio o por contagio local- tuvo un auditorio más exigente: Eduardo Costantini (Nordelta), Jorge Brito (Macro), Enrique Alemany (Ford), entre otros tantos -la mayoría aportante de la conferencia-, entre quienes se comentó una compra peronista de De Narváez: adquirió una biblioteca atribuida a Perón pero, se contó allí, los libros habían sido propiedad de Isabel y López Rega. Las miradas, sin embargo, se posaron en otras figuras: Massa, a quien despectivamente Kirchner llamaba «Rendito», reunió a Jorge Rendo (Clarín), Sergio Spolsky y el dúo Vila-Manzano (Grupo Uno). De todos, Massa parecía ausente y con razón: el caso de Santiago Urbani, asesinado en Tigre, absorbió al ex jefe de Gabinete que cada tanto se ausentaba para, por teléfono, hablar con Scioli o Carlos Stornelli. Nunca de buena manera. «Me dice que no estaban dormidos, que estaban tomando mate. ¿Me está jodiendo?» gruñía Massa. A un costado, escuchaba, José «Pepe» Scioli. El hermano del gobernador, por cortesía, guardó silencio.



Luego, en un aparte, se habló de una pelea de jurisdicciones entre la Policía de Tigre y la de Escobar. Momentos incómodos: no sólo para Scioli hermano sino para otros presentes, legisladores cercanos al gobernador y amigos de Massa. Además de «Big Head» Pérez, estaban Emilio Monzó -ex ministro de Scioli echado a pedido de Kirchner, casi una estrella de reality show al que paran en la calle para fotografiarse-, Guido Lorenzino y Hugo Bilbao. Bajo índice de oficialismo K en Tigre e, incluso, en toda la gira de Al Gore que tuvo una escala en Mendoza y que en los lugares que pisó impuso un instante de extrema seguridad; un día antes de su llegada, Tigre, los salones de La Rural porteña y Mendoza fueron revisados por agentes del Servicio Secreto que custodia a Gore como si fuera presidente, pero cuyo brazo no impidió que la embajadora Martínez fuera agredida a pocas cuadras de él cuando estuvieron en la capital mendocina.



Vamos a terminar con un chiste fino. Cuatro hombres llegan a las puertas del cielo al mismo tiempo. Allí, San Pedro les pregunta cuántas veces engañaron a sus respectivas esposas. El primero en responder afirma:

- Ninguna, Pedro: tuve un matrimonio perfecto.

- Muy bien; entonces, de ahora en más, vas a movilizarte por el Paraíso en ese Mercedes convertible.

El segundo admite:

- La verdad, Pedro: la engañé una sola vez. Fue un momento de debilidad y...

- No te preocupes, hijo mío, que todos tuvimos de esos momentos. Por haber sido tan fiel, te toca ese Lincoln Continental.

El tercero confiesa:

- A vos no puedo mentirte, Pedro: habrán sido quince o veinte veces; era una época en que no estábamos bien...

- Eso no es excusa, querido. Por tus infidelidades te toca ese Fiat 600 modelo 67, que además vas a tener que arreglar.

Dirigiéndose al cuarto recién llegado que no abre la boca, San Pedro vuelve a interrogar:

- ¿Y vos: cuántas veces le fuiste infiel a tu esposa? ¿Qué te pasa que no hablás, te comieron la lengua?

- No, Pedro; es que acabo de verla pasar montada en un monopatín...