22 de agosto 2011 - 17:19

Charlas de Quincho

Como cada fin de semana largo, dividimos la entrega de esta sección en dos partes (la segunda, mañana). Una orden presidencial fue acatada a pie juntillas: nada de festejos desmadrados; la celebración es para la intimidad y para octubre. Por eso hubo algunas fiestas poselectorales que le relatamos aquí. También hubo reflexiones opositoras, menos divertidas -claro- que los ágapes oficialistas, que incluyeron el «lanzamiento» de dos polémicas marcas de agua. Fuera de la política, bellas modelos desnudas jugaron con pintura en lo que intentó ser un homenaje a un artista que «inventó» un color. Veamos.

Daniel Scioli y su cantante-talismán, Ricardo Montaner. El gobernador, igual que el resto de los vencedores del domingo pasado, no festejó en público la victoria.
Daniel Scioli y su cantante-talismán, Ricardo Montaner. El gobernador, igual que el resto de los vencedores del domingo pasado, no festejó en público la victoria.
Cautelosa, Cristina de Kirchner mandó a que no haya festejos exuberantes por el triunfo del domingo. Entiende que funcionó la estrategia de una campaña sin actos estridentes ni extravagancias proselitistas para alcanzar más votos de los que preveían los sondeos más optimistas. En adelante ella no se apartará de ese camino; apariciones de gestión, evitar agresiones a los adversarios que, esperable, quieren devaluar el número alcanzado en esa gran encuesta que ha sido la primaria presidencial, con denuncias de fraude que no pasan, por ahora, de quejas hospitalarias porque, es cierto, faltó la anestesia. Lo confesaba ayer el diputado y candidato duhaldista en Buenos Aires Eduardo Amadeo en un mensaje por Twitter donde decía: «El recuento definitivo no cambiará los grandes números, pero alerta a la sociedad sobre lo que parece una metodología preparada. Vuelvo de La Plata donde cientos de voluntarios trabajan en el recuento definitivo. ¡Recuperamos cientos de votos!». O sea que su fuerza se resigna a que las diferencias entre telegramas y actas de presidencias de mesas que se van enmendando en el escrutinio definitivo no cambiarán el resultado y las diferencias que ya se conocen.

A falta de actos celebratorios, grupos del oficialismo aprovecharon algunas actividades de agenda para evaluar, sin brindis, qué había pasado. Una fue el almuerzo en la Casa Rosada que le ofreció el Gobierno a Juan Manuel Santos, en cuya sobremesa, cuando los presidentes se habían retirado, ocurrió lo más parecido a un festejo. Allí escucharon funcionarios y operadores las órdenes presidenciales que se sintetizan en este lema: tenemos los votos suficientes para ganar en octubre, son muchos, no necesitamos más, no sea -como ilustró un ingenioso puntero kirchnerista- que por exceso de entusiasmo nos plantemos el cucurucho en la frente. ¿La campaña? Que la hagan los candidatos a cargos menores -legislaturas, intendencias, gobernadores-, pero no esperen más de la fórmula presidencial, que ya ha cumplido. Eso explica el silencio de los principales operadores del kirchnerismo durante la semana, atentos a un discurso moderado para no salirse de las casillas. Después de todo, Cristina apostó todo a actos de gestión y a spots publicitarios con mensajes emotivos que, explicaron en esa sobremesa, fueron menos que los que pudo usar la oposición porque la mitad de esos avisos se asignaron en proporción al resultado de las elecciones a diputados de 2009, cuando el kirchnerismo perdió en la provincia de Buenos Aires.
Esa merma hizo que los avisos fueran menos que los de la oposición. Lo mismo sufrió la dupla Alfonsín-De Narváez porque al quebrar éste la alianza con el PRO, que tuvo en 2009, perdió los segundos que pudo aportarle en este reparto, otro desacierto de esa fuerza que imaginó una suma que al final restó. Entre risas y felicitaciones con sordina nos enteramos en esa sobremesa en la Casa de Gobierno de algunos bloopers de las elecciones, como la tragedia que pudo sobrevenir en los comicios del domingo cuando el viernes, en esa tormenta en que el día se hizo noche, una inundación de las napas rompió el piso del depósito de las urnas en el barrio de Barracas. El agua avanzó sobre las cajas de cartón que se iban a usar el domingo hasta que alguien lo advirtió y pudo salvarlas. Igual se arruinaron muchas, que pasaron la noche de ese día y el sábado, antes de ser trasladadas a las escuela, sometidas a calentadores y estufas de todo tipo para salvarlas. Si no llegaban a tiempo, reía un apoderado oficialista, no hubiera habido elecciones en Capital.


El entusiasmo de los kirchneristas no impidió alguna celebración a puertas cerradas como la que organizó el diputado y legislador porteño electo Juan Carlos Dante Gullo, que publicitó la prensa amiga, pero omitiendo los extremos más graciosos de la cena del martes pasado en su quincho de la calle Cachimayo, en el barrio de Flores. Por ejemplo, que presentó dos productos que dice, no se sabe si en broma o en serio, va a comercializar (en la vida privada el «Canca» ha estado años vinculado a la publicidad) con dos marcas. Una es el agua mineral JP, y la etiqueta de la botella lleva el emblema rojinegro que portaban en el brazalete los militantes de ese sello en los años 70 para identificarse. Este producto busca mercado en el público oficialista. Para la oposición, tiene previsto otra marca, también de agua mineral: Crispación 2011. Pese a estas efusiones, el lote de kirchneristas que llenó su quincho se mantuvo en la moderación, algo que ayudó cuando las miradas se concentraron en dos invitados estrella, pero que se han sucedido en el mismo cargo, algo que siempre conlleva alguna crispación: Héctor Timerman y el su antecesor, Jorge Taiana.
Como esto ocurrió el martes, dio mucha miga la charla sobre la visita del colombiano Santos, que se mueve por la región como el mejor amigo de la Argentina, después de años de mirarse de lejos con los Kirchner. Con Néstor -nos enteramos esa noche- estuvo en alguna ocasión cenando en la casa del embajador de Colombia en la Argentina, el periodista Álvaro García -lo fue de Álvaro Uribe, sigue con Santos- y allí anudaron una amistad que, según los kirchneristas, pasó a la admiración. Eso explica que el visitante se embanderase con la Unasur -creación de Duhalde y Lula que supo aprovechar como nadie el fallecido presidente argentino- como fórmula para que las economías de la región escapen del turbión financiero internacional. El aprendizaje no queda allí porque -se comentó en esas mesas del «Canca»- Santos le está aplicando a Uribe la misma medicina que Kirchner le aplicó a Duhalde. Todos entienden de qué se trata. También hubo preguntas -sin respuesta- sobre esa visita, como que Santos le pidió a Bruno Quintana la oficina en los altos de la sede del Jockey Club (que Quintana preside) para recibir a algunos empresarios como Gustavo Grobocopatel -rey de la soja que le debe interesar a Santos porque el 50% del territorio de su país permanece inculto- y al cafetero Martín Cabrales, por razones más entendibles.

Tampoco se apartó de su estrategia Daniel Scioli, quien siguió con el maratón de actos con el cual llegó a la elección como si ésta no hubiera existido. Jugó ayer al fútbol en La Ñata, su residencia, contra un combinado de exjugadores de Platense y estuvo el sábado en el recital de Ricardo Montaner en Merlo. No hubo cena -otra cábala cuando se encuentra con este cantante emblemático de sus campañas- porque el autor de «Soy feliz» viajaba esa noche rumbo a Puerto Rico. Pero tuvo tiempo para explicar qué había pasado el domingo: es una cuestión de actitud, gané por el 50% las elecciones y al día siguiente ya estaba de nuevo en mis actos. La oposición, en cambio, se dedicó a reflexionar y a preguntarse qué había pasado. Yo trabajo como si estuviera 20 puntos abajo mientras los demás transmiten contradicciones que no generan confianza. También adhirió a la consigna cristinista para la campaña: que nadie se envalentone, tranquilidad.

Que la oposición se sumiera en el análisis no vale para todos. Eduardo Duhalde, como después de las grandes jornadas, buscó un spa para encerrarse hasta mañana. Esta vez fue Vida Sana, casa administrada por los adventistas en la localidad misionera de Leandro N. Alem, a 60 kilómetros de Apóstoles, donde lo recibió su aliado, el diputado y candidato a senador Ramón Puerta. Compartieron vehículo en ese trayecto y ensayaron un análisis de la elección, más optimista de lo que ha sido hasta ahora el expresidente en público. Por ejemplo, cree que el escrutinio definitivo le permitirá subir en votos en Buenos Aires y quedará segundo en la elección por encima de Ricardo Alfonsín. Ese resultado, apostó, la dejará a Cristina de Kirchner por debajo del número mágico del 50%. No se entusiasmó con el resultado de su competidor Alberto Rodríguez Saá, de quien querría una alianza para octubre que parece una quimera tratándose de los personajes: que en los territorios en donde el puntano hizo una mejor elección, el duhaldismo baje las candidaturas a diputados nacionales para que entren los de R. Saá, y que éste resigne sus candidatos en donde le irá mejor al duhaldismo.
Esto supone replicar la estrategia radical de dedicarse el 23 de octubre a ganar bancas en el Congreso, pero Duhalde insiste en que él no se baja de las presidenciales y que él va a entrar a un balotaje. Con ese ánimo se embutió en el spa, sin responder a preguntas que le hacen los propios sobre algunos resultados, especialmente en Buenos Aires, adonde hay mesas en las que no sacó ningún voto. Algunos presumen que hubo punteros que recibieron fondos para subsidiar fiscales por cada mesa, pero que redujeron ese número y se limitaron a pagar fiscales por escuela para quedarse con la diferencia. Lo mismo pudo pasar con punteros a quienes se les confió la impresión de boletas y pagaron menos de las que hacía falta, también para quedarse con la diferencia al entender que ése sería el único beneficio a sacar de esta elección. «Ése es la problema, como dicen los paraguayos», respondió Puerta, quien aseguró que a él nunca le pasó y pudo controlar su elección pagando fiscales en todas las mesas de su provincia. Astracanadas electorales que confirman que quien no controla las mesas ni puede asegurarse la impresión de las boletas, no puede ganar jamás una elección, ni quizá lo merece porque es un juego para pesos pesados.

Opositor, pero con más fortuna, Mauricio Macri dedicó los condumios que acumuló a su regreso el jueves de una sigilosa vacación mediterránea, a tratar de desmarcarse del desconcierto de la raza política (oficialismo y oposición) por los números del domingo. Recorrió varias capas de la dirigencia en almuerzos y demás reuniones, pero lo más sincero se le escuchó en la noche del sábado en la recoleta cena casi a solas (apenas los respectivos cónyuges como testigos) que le ofreció Gabriela Michetti en su casa de la calle Pasco. Se dijo Macri sorprendido por la contundencia de los votos, aunque el diseño del resultado aseguró preverlo por las encuestas que le habían acercado antes de viajar. Eso lo decide a insistir en que ni él ni su fuerza se pronunciarán en favor de alguno de los candidatos presidenciales, y menos ahora cuando ninguno muestra ánimo alguno de dar pelea en serio el 23 de octubre. Sólo aparecerá en algunas provincias para apoyar la chance de candidatos PRO a diputados nacionales como Córdoba, Mendoza, Entre Ríos o San Juan. Eso implicará, indirectamente, que hay un respaldo a Duhalde o a Rodríguez Saá, pero eso no saldrá nunca de su boca.
Se habló en esa cena que se extendió hasta la madrugada de ayer, de la elección de Federico Pinedo en Capital Federal, en donde salió segundo después del kirchnerista Roberto Felleti con el 16% de los votos sin ir colgado a ninguna boleta presidencial y sin el propio Macri que le hiciera campaña. Desplegó también su interés en cerrar alguna agenda con obras y proyectos de interés común con el Gobierno de Cristina de Kirchner a la que ya la ve como reelecta y también al armado de una red nacional que alimente un proyecto presidencial para 2015. Michetti aportó a esto su experiencia con un grupo de interés con quien suele reunirse en quinchos secretos -que son la especialidad de esta sección, no el relato de fiestas públicas como hacen imitadores en páginas asalmonadas- y que se propone lo mismo desde una multipartidaria de contrafrente. Es un cuarteto que integra junto al radical Ernesto Sanz, el peronista Juan Manuel Urtubey y el arista Alfonso Prat Gay, a quienes les había dado otra cena el lunes anterior a las elecciones en el mismo comedor de la calle Pasco. Ese grupo busca convertirse en una mesa de atracción de iniciativas que incluyan hasta a un sector del kirchnerismo como el que representa el dual Urtubey, que juega a todos los números y que permita un proyecto para el voto moderado en las próximas presidenciales.

Macri siguió con interés el relato de «Gaby» sobre lo que habla ese cuarteto al que querría más cerca. Con Sanz tuvo algún entendimiento cuando el senador peleaba la candidatura de su partido contra Ricardo Alfonsín, quien venció y desairó a Mauricio poniéndolo como límite de cualquier alianza para después juntarse con Francisco de Narváez que es más conservador que él. Prat Gay funciona como un aliado principal del macrismo en el Congreso, al que aportó de manera central en el dictamen de reforma a la ley de lavado en el que trabajó Federico Pinedo. De Urtubey tiene siempre noticias por la frecuentación de algunos macristas como Diego Santilli con este personaje que se permite aparecer en varias películas al mismo tiempo hasta que alguien se dé cuenta.

Pinedo tiene sin embargo un entuerto en Santa Fe después de que dijo que la oposición debería enfilarse detrás de la candidatura presidencial del socialista Hermes Binner. En esa provincia el diputado, junto a un seleccionado de macristas, hizo campaña contra el socialismo y en favor del cómico Miguel del Sel, y debe una explicación por ese giro, lo mismo que los peronistas santafesinos Norberto Nicotra y Alejandra Vucaso-vich, quienes ahora acompañan ese pedido. El primero se alió al PRO por una orden de Eduardo Duhalde; la segunda por indicación de Carlos Reutemann, los dos antes adversarios de Binner. Michetti agregó el resultado de un encuentro que tuvo con el intendente socialista de Rosario Miguel Lifschitz y la alcalde electa de esa ciudad, Mónica Fein, quienes le reprocharon esas incursiones macristas en Santa Fe. «Te vamos a declarar persona no grata en Rosario», le dijo el intendente, «porque fuiste a meterte en nuestro territorio». Michetti se atribuye haber contribuido a que el PRO de esa ciudad sacase tres concejales que, dice, debían ir al socialismo. Estas rispideces hacen que Santa Fe no esté por ahora en la agenda de campaña de los macristas porteños.

Terminamos esta primera parte de los Quinchos con arte y desnudeces, una forma de cortar con tanta espesura política. Alejandra Seeber, una artista argentina que vive en Nueva York, aprovechó su estancia de unos días en Buenos Aires para sorprender al público porteño. La semana pasada, en la Galería Vasari de Retiro, realizó una performance con un grupito de mujeres desnudas, quienes, luego de pintar su cuerpo de color azul, se desplazaban para pintar, a su vez, unas telas y papeles, al estampar sobre ellos sus rotundas formas impregnadas de pintura. La acción se llamó «Yves y yo», título que implica una abierta declaración de amor de Seeber al genio vanguardista Yves Klein, creador de un color azul incomparable que lleva su nombre y autor de un célebre happening, donde por primera vez las modelos, cuyo trabajo era posar desnudas para los artistas, asumieron un papel activo.
Así, luego de media centuria, los cuerpos desnudos reiteraron en Buenos Aires el rito de imprimir sus formas en las telas y replicaron los mismos gestos de la performance que en el año 1960 Klein realizó en una galería de París. Al igual que en París, nueve violinistas tocaban la sinfonía «Monocorde», y el champagne acompañó una función aplaudida -en este caso- por un auditorio que disfrutaba sin reparo alguno del placer visual. Imaginemos: cuerpos bellísimos a pocos centímetros de azorados ojos; para mirarlos estaban allí, entre otros, Cinthia Meza, Lucila Cárdenas, Sebastiano Mauri, Orly Benzacar, Mora Bacall, Nicola Costantino, Gustavo Sosa Pinilla, Mercedes Casanegra, Inés Katsenstein, Guillermo Kuitca, Raúl Flores, María Marta Pichel, Sonia Becce y Gustavo Vázquez Ocampo.


Después de saludar a la artista, los comentarios del mundillo del arte estuvieron dedicados a los intensos preparativos del beneficio «Bailando por un cuadro» que prepara la Asociación Amigos del Centro Cultural Recoleta. Aseguran que esta vez recaudar fondos no será fácil, «la competencia se adivina feroz». Hay algunos que aspiran al nivel de los danzarines que presenta Tinelli, coleccionistas incluso, que cumplen ocho horas diarias de ensayo para lucirse y estar en forma.
La noche siguiente, en la flamante tienda de diseño Kabinett, que dirige la cineasta Teresa Costantini («Nunca estuve en Viena») junto a su hija Soledad y su bellísima nieta, la diva Marta Minujín presentó una serie de siete «Sillas voladoras» con restallantes colores flúo y aseguró que ella no va a bailar. Allí, el cóctel, imperdible, se sirvió en la vereda, en dos elegantes mesas con bocaditos deliciosos, algunos con hongos y otros con tomates secos hidratados con oliva, quesos y un estupendo vino Pinot Noir, que nunca viene mal.

Vamos a terminar con un chiste de humor negro. Un profesor de veterinaria en una universidad de Galicia hace un experimento en clase. Trae un perro, lo pone en la tabla de operaciones y le corta una pata. Después, le grita:
-¡Camina!
El perro, dificultosamente, se incorpora y obedece el comando.
-Como véis, un perro es capaz de caminar con sólo tres patas.
El científico procede entonces a anestesiar localmente al can, y le corta una segunda pata. Después del procedimiento, le ordena al perro:
-¡Camina!
El animal, esta vez con más dificultades, se pone de pie y da unos pasos vacilantes con las dos patas que le quedan.
-Como podéis observar, un perro es capaz de caminar con sólo dos patas.
El profesor ata al perro a la mesa y le amputa la tercera pata. Y vuelve a ordenarle:
-¡Camina!
Esta vez, el can permanece echado en la camilla. El profesor, con aire de suficiencia, mira a la clase y pregunta:
-¿Cuál es la conclusión que surge de este experimento?
Y Manolo, desde el fondo del aula, tras levantar la mano pidiendo permiso, responde:
-¡Que los perros quedan sordos cuando les cortas tres patas!

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