16 de agosto 2010 - 00:00

Chicas con algo de Luthiers

Dirigidas por el Luthiers Julio Maronna (autor de algunos temas junto a Daniel Samper), el grupo femenino Ciertas Petunias ofrece un divertido espectáculo con letras disparatadas y rigurosa base musical.
Dirigidas por el Luthiers Julio Maronna (autor de algunos temas junto a Daniel Samper), el grupo femenino Ciertas Petunias ofrece un divertido espectáculo con letras disparatadas y rigurosa base musical.
«Flor de viaje» por Ciertas petunias. Con J. Dinzelbacher, M. Barla, C. Campodónico, M. Galarza Di Caro y N. Guevara. Dir. Mus.: J. Maronna (La Carpintería, Jean Jaurés 858, los jueves).

A las chicas de Ciertas petunias se las suele nombrar como las «Les luthiers con polleras», no sólo porque su director musical y asesor artístico es Julio Maronna de Les Luthiers, sino porque ofrecen un repertorio ecléctico desde los géneros musicales y las letras disparatadas. Y aunque aún les falta recorrido para merecer la comparación, las jóvenes músicas, cantantes y actrices que conforman el quinteto Ciertas petunias tienen frescura, talento y profesionalismo. El grupo interpreta composiciones propias con un notable trabajo vocal, donde se adivina la marcación de Maronna, quien además aportó letra y música de varios temas junto a Daniel Samper. Todas tocan varios instrumentos: guitarra, tambor, bombo, cajón, bajo, teclado, maracas y demás accesorios.

Lo mejor de este show músical-teatral, con algunos tímidos pasos de baile, son las exquisitas y a la vez alocadas letras, hilvanadas por un argumento algo endeble: cinco hermanas esperan en un aeropuerto la salida de su avión dialogando, soñando e imaginando, lo que da pie a las canciones. Pero la buena música y las ocurrentes letras disimulan la floja excusa del guión.

La espera inicial del público hasta que el quinteto ingresa al «aeropuerto», con una reiterativa grabación en diferentes idiomas («Su atención por favor, a los señores pasajeros»), resulta excesivamente larga. Sólo desnuda la intención del quinteto de demorarse adrede para realizar un ingreso triunfal al escenario. Pero como a partir de allí comienza el festín, el espectador olvida rápidamente la innecesaria «amansadora».

El show arranca con la canción a capella «Pará papá», sigue con una desopilante versión de un monólogo de «La vida es sueño» de Calderón de la Barca al ritmo de chacarera; continúan un juego alegre y creativo entre el clásico infantil «La vaca lechera» y «Guantanamera» y la chispeante letra sobre dos gemelas que recuerdan haber sido esperma y óvulo. Todas estas canciones son creación del dúo Maronna-Samper, también responsables de «La roja flor de mi deseo», donde se refieren a la unión de los estambres con los pistilos para coronar un estribillo a lo «Azucar moreno», al ritmo del flamenco en «Polinízame».

Varias de las canciones que siguen fueron escritas por las integrantes de Ciertas petunias, y aunque las letras son menos elaboradas, igual divierten. Allí recurren a la música barroca para el «Coral de Papach», pasan al tango y terminan con la cumbia. Muy ingenioso el fragmento donde cantan como «chinitas» mientras leen las cartas de su padre, quien les arregló matrimonios por conveniencia a cuatro de las hermanas; a la quinta la mandó a tomar los hábitos y dedicarse a Dios.

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