26 de mayo 2010 - 00:00

China le pone un freno a la furia de EE.UU.

Una manifestante surcoreana pisotea un cartel con la imagen del dictador de Corea del Norte, Kim Jong-il. El temor al poder nuclear de ese régimen impredecible es un dato cotidiano en Seúl.
Una manifestante surcoreana pisotea un cartel con la imagen del dictador de Corea del Norte, Kim Jong-il. El temor al poder nuclear de ese régimen impredecible es un dato cotidiano en Seúl.
Washington - La respuesta de la Casa Blanca fue decidida. Apenas el presidente, Barack Obama, respaldó a Seúl en el conflicto por el supuesto ataque con torpedo de Corea del Norte a un barco de guerra surcoreano, el Pentágono anunció maniobras marítimas conjuntas.

El mensaje fue que Estados Unidos puede extender la mano y también amenazar con el puño. Sin embargo, por el momento todo quedó en eso. Es que el asunto es demasiado delicado para el Gobierno de Obama.

Tras la visita a China de la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, las tensiones de varios meses parecían superadas. Ahora Corea del Sur quiere llevar el asunto del ataque al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Sin embargo, China, con poder de veto, se resiste a imponer sanciones a Corea del Norte, su aliado militar y socio comercial.

Clinton sólo logró acordar una intensa diplomacia con Pekín para hallar una respuesta común a la «provocación» de Pyongyang. China señaló que «evaluará cuidadosamente» cómo reaccionar.

Washington calificó de acto «bélico y amenazante» el hundimiento de la corbeta Cheonan a fines de marzo cerca de la frontera marítima en el mar Amarillo, que dejó 46 marinos muertos.

Sin embargo, fuera de cámara y lejos de los micrófonos los funcionarios del Pentágono dejaron en claro que apuestan a la diplomacia y no la fuerza militar en el conflicto con Pyongyang.

«El objetivo es no agudizar la tensión ni realizar cosas que parezcan una provocación», indicó un alto funcionario del Pentágono al diario The New York Times. «Simultáneamente queremos dejar en claro que apoyamos a Corea del Sur en el tema».

En Washington aún nadie debate volver a aumentar los actuales 26.000 soldados en Corea del Sur. El entonces presidente Bill Clinton preparó esa medida en 1994, cuando Corea del Norte amenazó con acciones militares en la disputa por su programa nuclear. Pero según el portavoz del Pentágono Bryan Whitman está abierta la posibilidad de que Estados Unidos eleve el nivel de alerta de sus fuerzas militares en la región.

La táctica de Washington demuestra su fracaso constante en el tema Corea del Norte. La Casa Blanca sabe que todas sus amenazas -sanciones de Naciones Unidas, maniobras militares y ejercicios de intercepción de barcos norcoreanos- ya fueron intentadas en las últimas dos décadas, escribe el diario «The New York Times». Eso no impidió al régimen norcoreano, ampliamente aislado a nivel internacional, realizar pruebas nucleares, mientras la venta de tecnología nuclear y de cohetes sólo fue bloqueada parcialmente.

Y todo a pesar de que Obama se involucró en el tema desde el comienzo. La secretaria de Estado, Hillary Clinton evaluó una vez públicamente una posible visita a Pyongyang. Un diplomático de carrera considerado brillante fue designado como negociador jefe. «Se trató de maniobras que fueron rechazadas de forma vergonzosa», escribió el ex secretario de Estado norteamericano Henry Kissinger.

No hay duda: para abordar a Corea del Norte, la clave es China. Sin embargo, los obstáculos son muchos. Clinton «debe seguir presionando a China para que se identifique con aquellos que quieren paz y estabilidad en la península coreana», señaló Sheila Smith, experta en Asia del reconocido Institut Council on Foreign Relations en Washington.

Advirtió que si Pekín no logra contener los intentos de Corea del Norte para desestabilizar el noreste asiático, «China podría causar justamente ese conflicto que según dice quiere evitar a toda costa».

Agencia DPA

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