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Chubut, último refugio de la oposición (y clanes K)
Felipe Solá
Los consultores, que cobran por dar certezas, están en problemas: los sondeos varían, a veces dramáticamente, según el renglón se mida. Un ejemplo: en una ciudad donde Buzzi es favorito, los encuestados dicen también que votarían por la reelección de Cristina.
La pizca exacta para convertir el resultado chubutense en un enorme dilema lo aporta otra particularidad, ausente en Catamarca: que se trata -tal como lo definió la Presidente frente a un grupo de intendentes el martes por la noche- de una «interna peronista».
El capítulo PJ aparece como uno de los tramos para sensibles. Das Neves amenazó con «volver al llano» si pierde el domingo. Ante esa hipótesis, el Peronismo Federal (PF), que ya perdió a Felipe Solá, quedaría reducido a Eduardo Duhalde y Alberto Rodríguez Saá.
A 20 días de su preinterna, los «federales» se asumen fuera del escenario. Construyen, para explicar la baja exposición de su «primaria», teorías conspirativas que atribuyen a su enemigo preferido después de la Presidente: Francisco de Narváez.
El diputado pergeñó, algún tiempo atrás, un acuerdo con Das Neves, Solá y Rodríguez Saá para aislar a Duhalde. Duró lo que un suspiro. Mantiene, de todos modos, lazos con el chubutense, a quien respaldaría en la interna del PF. Lo mismo, se asegura, haría Solá.
El resultado de Chubut (ver más información en págs. 20 y 21) según sepulte o proclame a Das Neves -el gobernador dice que el domingo demostrará «que soy el único que le puede ganar a Cristina»- derramará sus efectos sobre el peronismo anti-K.
El eje Duhalde-Rodríguez Saá, más allá de sus disidencias históricas, se muestra más proclive a negociar con Mauricio Macri. Das Neves y de Narváez, por razones diferentes, exponen más reservas respecto de un acuerdo con el jefe de Gobierno porteño.
Una victoria del chubutense, con algún nivel de comodidad, le daría un envión para instalarse como la mejor oferta del PF en la medida que esa interna, que ahora se proyecta muy pequeña, logre seducir a alguna porción mínima de «independientes».
De rebote, Macri -que está decidido a «armar» sólo en las 5 o 6 provincias de más peso electoral- festejará o padecerá el resultado de Chubut. A nadie, por lo pronto, le será indiferente: una victoria cristinista, a su vez, alejará la ilusión presidencial del porteño.
La UCR -cuyo candidato a gobernador es Pedro Peralta- vuelve a ser víctima de la división peronista: la elección está polarizada entre kirchneristas y dasnevistas, y el radicalismo aparece relegado a un lejano, casi simbólico, tercer lugar en el podio.
Así y todo, Ernesto Sanz se mostró ayer en Trelew con los candidatos de la UCR. El domingo que viene, supone, no puede ser peor que el que pasó: perdió en las internas radicales de San Luis y de Río Negro, y además viajó a Catamarca a un festejo que nunca se desató.
Pero Chubut obsesiona también al peronismo aliado de la Casa Rosada. En esos cuarteles observan con inquietud el impacto que para su propia supervivencia tendría la entronización de una Cristina de Kirchner «hiperganadora» que, desde ese Olimpo, no necesite de las estructuras clásicas del PJ y los gremios.
Cuando Néstor Kirchner reinaba en Olivos, pero los números públicos lo mostraban con dificultades para una victoria electoral, en Casa Rosada se había instalado un latiguillo para graficar el vínculo de utilidad entre el Gobierno y los sindicatos.
Esa foto la centralizaba Hugo Moyano y se atribuía a un dirigente K haberle dicho al patagónico que si el camionero iba preso crecería, de inmediato, 10 puntos en las encuestas. Es una especie de mito urbano K que, sin Kirchner, tomó otro formato: la cerrazón presidencial ante el camionero.
«Con Kirchner apretaba y negociaba; con Cristina no», dijo anteayer, horas antes de planteo de la Justicia suiza, un dirigente que abordó el tema Moyano con la Presidente.
El acto del 29 de abril, por el Día del Trabajador -émulo del que hizo en 2009 para pedir cargos en las listas- tiene esa característica.
Ayer, tras observar la ebullición camionera, en Casa Rosada hubo lecturas ambiguas: la convocatoria del paro para el día lunes mantendrá la exposición del caso Moyano, y por extensión del Gobierno, en la agenda pública en las horas de la votación en Chubut.
La fecha, a simple vista, sólo respondió a una cuestión logística pero, a su vez, desatendió cualquier impacto negativo que la medida podría tener en la elección sureña. Por eso se menciona como «inoportuno» ante la elección. No faltará quien, ante una eventual derrota, le endilgue parte de la culpa a Moyano.
Pablo Ibáñez


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