19 de diciembre 2018 - 00:04

"Mi policial indaga en la raíz del mal"

La autora plantea la investigación del asesinato de una novicia que aparece con estigmas.

Sagastizábal. La autora de Malos hábitos es abogada, gestora cultural y dramaturga. Esta es su tercera novela.
Sagastizábal. La autora de "Malos hábitos" es abogada, gestora cultural y dramaturga. Esta es su tercera novela.

Un comisario corrupto, con lazos con el narcotráfico, tiene que capturar al asesino de una novicia en un convento; lo ayuda la monja que encontró el cuerpo, donde hay estigmas y extraños signos. Ese es el punto de partida de “Malos hábitos” de Patricia Sagastizábal (Del Nuevo Extremo). La autora es abogada, gestora cultural, autora de obras teatrales y de las novelas “En nombre de Dios” y la premiada “Un secreto para Julia”. Dialogamos con ella.

Periodista: ¿La novela policial busca investigar las diversas formas del mal?

Patricia Sagastizábal: Creo que fue Gilbert Keith Chesterton quien sostuvo eso. Y tal vez fue esa idea lo que lo llevó a crear al Padre Brown, su admirable cura detective. Para mí, escribir una novela policial fue un modo de explorar el mal, tratar de entender el origen del mal y sus consecuencias. Eso me llevó, a su vez, a la idea religiosa del mal, al Mal con mayúscula, a Dios enfrentando al demonio. De un modo más terreno, yo soy una atea temerosa, el mal es la forma de ser del psicópata para quien el otro es alguien a quien puede usar, abusar y hasta matar. En “Malos hábitos” se cruzan distintas formas del mal. Está el crimen, pero también la corrupción, el fanatismo, el narcotráfico. Cuando estudiaba abogacía me apasionaba el Derecho Penal, pero a la vez sentía que no iba a poder ejercerlo porque no me sentía capaz de defender a un asesino, aun cuando exista la presunción de inocencia. Escribiendo dejo que el comisario investigador Obineta busque capturar a quien cometió el crimen para recuperar el orden y la normalidad, un orden que ha sido avasallado por la violencia, la sinrazón, lo inmoral, lo ilícito.

P.: “Malos hábitos” tiene un final violento, de thriller, para una novela que transcurre casi todo el tiempo en un convento.

P.S.: Cuando en ese convento irrumpe el mal no sólo quiebra el sosiego habitual y pone en crisis la institución. El cuerpo de la novicia asesinada en ese lugar cerrado, de clausura, tiene marcas, extraños signos en el cuerpo, fue torturada, cayó sobre ella una planificada y feroz violencia. Hannah Arendt dice que la trivialización de la violencia lleva a la banalidad del mal, la guerra hace intrascendente la muerte y si de ahí se suma el fanatismo se llega directo al Holocausto. En la historia de “Malos hábitos” no hay trivialización; se trata de la ritualización de la violencia, algo que proviene de los tiempos más oscuros. El asesinato como ritual conlleva una actitud dogmática donde el que lo hace se considera ungido, es un fanático que cree que Dios le ha dado la orden de separar lo bueno de lo malo, purificar las ideas, mantener el dogma, liberar a los poseídos por el demonio, enfrentar férreamente a los sirvientes del Mal. Lo que actúa en esa persona, en esa secreta cofradía, remite a los ideales de la Inquisición. La monja María, que se convertirá en la ayudante del comisario investigador, es quien descubre a la novicia brutalmente asesinada. Calla que ve estigmas en el cuerpo de la muerta que le recuerdan los signos con que se marca en los exorcismos a los endemoniados. Eso la lleva a pensar que hay un grupo, una organización, una cofradía que ha decidido establecer en el convento la pureza de la fe, la absoluta limpieza de la cristiandad de la servidoras del Señor e impedir cualquier desviación. Supone que de ser así, ese podría ser el primer homicidio. El asesino se siente omnímodo cumpliendo una tarea de salvación, eligiendo el chivo expiatorio con fundamentos devotamente insensatos. Por un lado el crimen en una sala cerrada del convento (el misterio del cuarto cerrado que va de Poe a Umberto Eco), y en el espacio abierto de la ciudad los crímenes del tráfico de cuerpos y drogas.

P.: ¿Qué la llevó a escribir un policial, género de moda también entre las escritoras?

P.S.: Soy lectora de policiales desde chica. Una suele empezar con alguna novela de Agatha Christie. La intriga, el enigma, el misterio, la revelación que aclara todo, y la pregunta, qué hace que se llegue a matar, qué hace saltar las barreras que permiten la convivencia social. Si interesa el género policial, es porque no ha parado de crecer la violencia, los delitos, el crimen. Y esto ha llevado a una suerte de naturalización de la violencia que justifica tener un arma. Hay un caos soterrado que en ciertas circunstancias pareciera ponerse de manifiesto, se muestra en hechos que a partir de un delito descubren otros casi en catarata. Esos estímulos impulsan a pensar desde la violencia, y escribir desde allí. En mi primera novela, “En nombre de Dios”, un jesuita que llega a evangelizar guaraníes ante la violencia de encomenderos organiza la resistencia. “Un secreto para Julia” era sobre la impunidad, la violación, la tortura. No siendo creyente mi interés por lo religioso y el mal son constantes en mi obra.

P.: ¿Su desafío fue escribir desde una monja?

P.S.: Al empezar “Malos hábitos” me preguntaba qué lleva a una mujer a ser monja, a alejarse de la sociedad, a ser esposa de Cristo, a elegir entre la contemplación y el apostolado. Me ayudó “El Reino” donde Emmanuel Carrére explora el cristianismo desde la perplejidad, el dogma, la duda, las trasgresiones, los rituales, la desmesura de la fe. María, la protagonista de “Malos hábitos”, es muy investigadora, muy detective amateur, muy participante en la sociedad, pero es absolutamente monja. Esto me lleva a las mujeres que escribimos novelas policiales. Las mujeres en el pasado, salvo extraordinarias excepciones (donde no faltaron monjas), no escribían. Y cuando empezaron a escribir fue historias sentimentales, cada vez más atrevidas y libres, basta pensar en la hermanas Brontë o Jane Austen que tenían que escribir dentro de los límites del contrato nupcial, en los límites de una casa familiar. El salto al policial, y a toda la narrativa, se corresponde de forma evidente con los avances logrados.

P.: ¿Qué está escribiendo ahora?

P.S.: Trabajo en un novela uno de cuyo aspectos tendrá que ver con la ciencia. Tengo en pausa una novela sobre la dependencia afectiva.

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