30 de junio 2009 - 00:00

Cine-concierto con buen sabor tanguero

Lidia Borda, Pablo Agri y la solidez de Santiago Choutsourian en el acompañamiento del film pionero «Perdón viejita» son lo mejor del show de la sala Siramush.
Lidia Borda, Pablo Agri y la solidez de Santiago Choutsourian en el acompañamiento del film pionero «Perdón viejita» son lo mejor del show de la sala Siramush.
«Perdón viejita» (cine-concierto). (Sala Siramush; sábados a las 21.30).

En agosto de 1927 se estrenó «Perdón viejita», film mudo del «Negro» José Agustín Ferreyra, un hombre ligado por igual al cine y al tango, y autor de decenas de películas y piezas musicales. Aquí, relata la historia de una madre que se siente defraudada por su nuera, a quien cree ladrona; la de una hija que se fue tras un hombre que la engaño con un anillo costoso que, además, era robado; la del dolor de esa pobre viejita que finalmente descubre la trama urdida por un «dandy» de baja categoría, y que en el final pone claramente a los buenos de un lado y a los malos del otro. Con actores cuyos nombres -María Turgenova, Stella Maris, Floricel Vidal, Ermete Mediante, Alvaro Escobar, Mario Zappa y Luis Moresco- que sólo recuerdan especialistas.

Ferreyra hizo la película inspirándose en el tango de igual nombre escrito un par de años antes por Osvaldo Fresedo y José Saldías. Y ese espíritu de redención y de un amor a la madre que está por encima de cualquier otra cosa, es lo que también quisieron recuperar los responsables de este espectáculo que se está presentando los sábados en Palermo.

La sede es la muy bien remozada sala Siramush, en la parte de atrás del templo armenio. Y hay un solo aspecto que puede enturbiar en parte el muy buen resultado de la propuesta. Con una estructura de iglesia -sin serlo-, la sala tiene problemas serios de acústica que no han sido subsanados desde el equipamiento técnico; y, en muchos momentos, la dificultad para entender lo que suena -muy especialmente la voz de la cantante- estropea el prolijo trabajo artístico.

Este «Perdón viejita» está dividido en dos partes. En la primera, se proyecta íntegramente la película -de unos 20 minutos- musicalizada en vivo por el pianista Santiago Chotsourian. La proyección sólo se interrumpe cerca del final para dar paso a tres tangos en la voz de Lidia Borda y con el agregado del violín de Pablo Agri.

La segunda parte se acerca a un concierto más convencional, con el trío haciendo un repertorio variado de tangos, milongas y valses -casi todos de antigua data y con la única excepción del más moderno «Eche veinte centavos en la ranura» de Juan Cedrón y Raúl Gómez Tuñón-, en la mayoría de los casos con proyecciones parciales de fragmentos del film ya visto.

Lo mejor, sin dudas, está en la idea. Y, luego, en el espíritu tanguero de Borda y Agri, la solidez de Choutsourian en el acompañamiento en vivo (es menos interesante como pianista de tango), la sobriedad de la puesta de Aráiz, y el objetivo de evocar personajes y lugares de una Buenos Aires que hace rato dejó de ser.

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